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¿Por qué nos conviene la justicia social?

Hace ya 20 años que el economista y filósofo indio Amartya Sen obtuvo el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones sobre el bienestar y la pobreza, mismas que más tarde sentarían las bases que aún se emplean para la medición de la pobreza y el desarrollo humano en todo el mundo. ¿Cuál fue la gran disrupción de los estudios de Sen y por qué se volvieron un parteaguas en las teorías económicas modernas? Vamos a tratar de entenderlo des-pa-ci-to

POR Elizabeth Palacios Fecha: Hace 7 months
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Para Amartya Sen es mucho más importante superar las actuales injusticias sociales que trazar un modelo teórico de justicia perfecta. Sus preocupaciones son más bien prácticas, algo razonable y que podemos esperar de quien ha nacido en un país con altos índices de desigualdad social como es India.

De hecho, a partir de los planteamientos de Sen los analistas económicos en todo el planeta comienzan a mirar no sólo la pobreza como foco de atención, sino la desigualdad como origen de los problemas sociales.

Así, si se quiere erradicar las injusticias, primero que nada se debe tener como premisa la igualdad, contrario a los planteamientos tradicionales de Raws quien defendía la libertad por encima de todo.

Pero justo lo mejor de Sen es la forma en la que transmite el pensamiento económico y lo vuelve humano, lo que en nuestros tiempos podríamos decir que es el storytelling: el nobel cuenta la historia de tres niños que discuten acerca de cuál de ellos debe tener una flauta: el que la fabricó, el que sabe tocarla, o el que es tan pobre que de recibirla finalmente tendría algo con qué jugar. ¿Tú a quién se la darías?

De acuerdo con Sen, lo complicado es establecer un único criterio para la distribución, ya sea que se trate de respetar el derecho a los frutos del trabajo propio, de consentir el merecimiento de un bien por una capacidad, o de otorgar un recurso para su uso efectivo porque alguien lo considera una necesidad. Y ahí llegamos a la clave: ¿cómo definir ese criterio y ser justos si se considera que estos tres niños no partieron de un contexto de igualdad de oportunidades?

A fin de resolver estas injusticias, Sen opina que se debe tomar en cuenta algo posterior a la propiedad, pero anterior a la utilidad o al usufructo de un recurso: la capacidad de cada sujeto para transformar un recurso en “una opción de vida” (un producto, un bien de consumo, un medio que satisfaga una necesidad, etcétera).

Su perspectiva, basada en capacidades, guarda estrecha relación con la noción del desarrollo humano, y por añadidura con la idea del desarrollo económico como vehículo que eliminaría todo aquello que merme nuestras capacidades de manera sistemática, como el hambre o la enfermedad. En términos más coloquiales, también es: el desarrollo no consiste en dar pescados, sino en enseñar a pescar.

Desde la perspectiva de Sen, una sociedad más justa e igualitaria no debe concentrarse sólo en la distribución de bienes o recursos básicos, sino en empoderar a la gente a partir de las capacidades humanas, considerando la diversidad cultural y social de las personas.

En opinión de Sen, proporcionar recursos idénticos a personas distintas no significa empoderarlas con igualdad, pues esto no contribuye a potenciar equitativamente sus capacidades. Lo justo sería prevenir todos esos males que limitan sus capacidades, tales como la pobreza o la falta de educación, la falta de servicios médicos o la prevención de desastres naturales.

Así, hoy en día la aspiración al concepto “justicia social” está innegablemente ligada a disminuir drásticamente la inequidad, si queremos crear una prosperidad sostenible. A esto le sumamos que debe también ser una prosperidad que busque reducir significativamente los riesgos ambientales y garantizar el respeto al medio ambiente.

Sí, nadie dijo que fuera fácil. Implica mucho trabajo.

Y es por ello que Amartya Sen cambió para siempre la forma de mirar los desafíos económicos y el desarrollo. Fue el primero en gritarnos que necesitábamos una nueva visión de la economía y su relación con el resto del mundo, una visión que se adapte mejor a las nuevas condiciones que enfrentamos.

De esta manera, los desafíos que encara hoy el anhelo de la justicia social están inevitablemente vinculados a la creación de planteamientos económicos que respeten los límites del planeta, que reanuden la dependencia del bienestar humano con las relaciones sociales y la justicia, y que reconozcan que el objetivo final es el bienestar humano real y sostenible, ya no sólo el crecimiento del consumo material.

¿Cuál es el reto? Reconocer finalmente que la economía es social y cultural, y que a su vez forma parte de un sistema ecológico vital; que el crecimiento económico no puede ser infinito en un planeta finito.

Este año, la celebración del Día Mundial de la Justicia Social busca apoyar la labor de la comunidad internacional encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad de género y el acceso al bienestar social y la justicia social para todos. No en vano, según la Organización de las Naciones Unidas, la búsqueda de la justicia social universal representa el núcleo de su misión en la promoción del desarrollo y la dignidad humana. Así que no, no se trata de “ser buenos”. El desarrollo sostenible se trata, sobre todo, de ser justos.

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