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Cine-TV

Barry

Obama

La historia de un joven Barack Obama llegando a Nueva York en pleno auge de las drogas, el Hip-Hop y el break dance

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 6 meses
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Una de las tantas artimañas a la que recurrió el actual presidente electo, Donald Trump, durante su campaña rumbo a la Casa Blanca, fue provocar la duda sobre si el presidente Barack Obama era realmente norteamericano.

Se trataba de un golpe bajo como pocos, y es que esa misma duda sobre sus raíces y su nacionalidad atormentaba al joven Obama a principios de los años 80, cuando llegaba como estudiante a Nueva York. Era la etapa en que nadie le llamaba Barack y todos lo conocían simplemente como Barry.

En Barry, la ópera prima en el cine de ficción del antes documentalista de Vikram Gandhi (se puede ver de manera exclusiva en Netflix) se narra aquel episodio de juventud cuando Obama, lleno de dudas e inseguridades, llegaba a una Nueva York en pleno auge de las drogas, el Hip-Hop y el break dance. Hijo de padre ausente (apenas lo vio una vez en su vida), el joven Obama se hace de amigos que le enseñan las dos caras de Nueva York, que en cierta forma son las dos caras de Estados Unidos.

Por un lado, junto con su novia Charlotte, una chica blanca de familia acaudalada (interpretada por Anya Taylor-Joy), conoce aquella sociedad liberal, de dinero, que no tiene empacho en que sus hijas salgan con gente de color, pero tampoco hacen algo por combatir el racismo recalcitrante de la época (o para el caso, de todas las épocas).

Luego están sus amigos, migrantes casi todos, que le enseñan sobre la vida del Harlem, de aquellas zonas marginadas, abandonadas por el estado, donde tras la puerta de cada uno de los minúsculos departamentos puede haber prostitución o un picadero de heroína. El joven Barry quiere recorrerlo todo, saber de todo, sin embargo, no se siente parte de nada.

En esa época, sus amigos lo apodaban el Invisible, por su tendencia a no hacer amigos, a volarse las clases para caminar, taciturno, por todo Nueva York. Al joven Obama le molestaba ver el racismo diario (en las noches la policía de la universidad le pedía identificación, algo que no pasaba con los alumnos blancos del campus), el cual padecía por partida doble al ser hijo de madre blanca y padre negro: era demasiado blanco como para que la comunidad de color lo respetara, demasiado negro como para no sentirse observado al ir con su novia, de piel blanca, por Central Park.

El actor Devon Terrell da vida al joven Obama con una actuación sumamente sólida que cuida la sutileza del detalle. Terrell tiene los ademanes, el tono de la voz, las pausas al hablar que todos le conocemos al ahora presidente, pero nunca hay exceso que derive en imitación. Se trata de un trabajo que denota horas y horas de estudio de su personaje.

Tanto el director como el guionista (el también debutante Adam Mansbach) tienen cuidado de no caer en los clichés clásicos de las biopics; no tendremos montajes ni flashbacks, no habrá incluso referencia alguna que haga suponer que este joven, atribulado por sus orígenes y el nulo entendimiento de su papel en el mundo, se convertiría, décadas después, en el líder del mundo libre occidental. Tan escaso de brújula estará este joven Obama que tampoco hay visos en el horizonte de una Michelle que lo guíe rumbo a la política, al senado y luego a la presidencia.

De menos a más, con un ritmo pausado, buena cinematografía y buenas actuaciones, Barry es una biopic bastante sobria que llega en el mejor de los momentos, justo cuando Barack Obama deja la presidencia para dar paso a alguien que solo sabe de opulencia, rascacielos y supremacía blanca.

#Barack Obama#Barry#Donald Trump#nueva york#Televisión#Vikram Gandhi
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