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Cartas a Van Gogh

¿Qué pasaría si las pinturas de Van Gogh vivieran? La pintora Dorota Kobiela y el director Hugh Welchman lograron que la obra del holandés adquiera movimiento en una inusual película sobre el artista

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 1 month
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Una de las frases más socorridas cuando alguien ve por primera vez un cuadro de Van Gogh es  que sus pinturas parecieran moverse frente a nuestros ojos. Tómese por ejemplo el clásico La noche estrellada: el contraste con el color azul del cielo y aquellos brochazos en forma de remolinos amarillos parecieran vibrar, salir del cuadro, centellear frente a nuestra mirada atónita y fascinada.

¿Qué pasaría si en realidad sus lienzos pudieran tomar vida y moverse frente a nuestros ojos?

En un acto que denota inmenso amor y un tanto de locura, la pintora Dorota Kobiela y el director Hugh Welchman decidieron constatar dicha premisa: lograron que la obra del pintor holandés adquiera movimiento en una inusual película sobre el artista.

Se trata de una idea por demás osada: crear una biopic sobre Van Gogh mediante animación cuadro por cuadro utilizando pinturas al óleo que recrean el estilo del impresionista holandés. En esta “animación al óleo”, cada fotograma de la película se compone por una de las más de 853 pinturas que realizaron un grupo de 125 artistas involucrados en el proyecto, entre los que se encuentra una mexicana, Mayra Hernández Ríos, pintora que gracias a su afición por Van Gogh se enteró del proyecto y logró entrar en la selección que incluía artistas de todo el orbe.

El resultado es francamente espectacular. Las pinturas en efecto se mueven, los colores inundan la pantalla, los personajes y lugares que componen la extensa obra del artista se recrean y forman parte de la historia de esta película. La cinta exige, sin duda alguna, que la experiencia se viva frente a una pantalla grande en una sala de cine. Cualquier otra forma sería un desperdicio.

Si el cine industrial busca insistentemente nuestro asombro con la ayuda de nuevos efectos e imágenes producidas por computadoras cada vez más potentes, los directores Kobiela y Welchman nos sorprenden por medio de un despliegue de técnica (análoga) donde cientos de manos y un enorme cúmulo de paciencia se pusieron en juego para terminar esta obra auténticamente monumental.

En Loving Vincent (Cartas a Van Gogh, por su nombre en español), un joven llamado Armand (Douglas Booth) recibe de su padre (un viejo cartero inmortalizado en algunas pinturas del holandés) una carta para ser enviada a Theo, el hermano del recién fallecido artista. Desgraciadamente, Theo ha muerto, por lo que Armand visita Auvers, el suburbio donde murió Van Gogh. Ahí conoce a varios personajes que le cuentan anécdotas del artista, por lo que surge la duda: ¿Van Gogh se suicidó o fue asesinado?

El misterio sobre la muerte de este pintor no es algo nuevo. Cintas previas como Lust for Life, de 1956 (Kirk Douglas interpreta a Van Gogh) hablaban sobre la posibilidad no de un suicidio sino de un asesinato. En esta caso, se agradece el tono de thriller cuasi policiaco, el cual ocasiona que Loving Vincent se vuelva más interesante, pero esto no deja de ser un McGuffin; lo que convoca no es resolver el misterio sobre el trágico deceso del pintor, sino la experiencia impresionante, abrumadora, espectacular e hipnótica de entrar a un mundo creado a partir del arte de Van Gogh.

Mediante paredes verdes, los actores que interpretan a los personajes de la cinta son incrustados en las pinturas, como si fueran personajes vivientes en ellas. El efecto, aunque claramente es producido gracias a la computadora, resulta orgánico, sin romper el encanto de los óleos en movimiento.

¿Que la película no sería nada sin este truco de 125 artistas y 853 cuadros? ¡Por supuesto!, la trama no es más que un vil pretexto para perderse, literalmente, entre esas noches estrelladas, esos lirios azules, esos campos de trigo y esas terrazas que el artista apreció en vida e inmortalizó en colores, lienzos y pinceladas. Lo demás, francamente, es lo de menos.

Loving Vincent

Dirección: Dorota Kobiela 
y Hugh Welchman.

Guion: Dorota Kobiela, Hugh Welchman y Jacek Dehnel.

Producción: Ivan Mactaggart, 
Ian Hutchinson. Polonia, 
Reino Unido, 2017.

Fotografía: Tristan Oliver, 
Lukasz Zal.

Edición: Dorota Kobiela 
y Justyna Wierszynska.

Con: Saoirse Ronan, Douglas Booth, Chris O’Dowd, entre otros.

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