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Cine-TV

Instagram y el síndrome Kardashian

¿En realidad necesitas hacer historias de todo lo que pasa en tu vida? Tal vez estés sufriendo el síndrome Kardashian, pero sin los millones en el banco

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 months
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Las Kardashian llevan 11 años compartiendo su vida en la pantalla. Empezaron en 2007 y llevan 15 temporadas, lo que se traduce en montañas y montañas de dinero por verlas tomarse selfies, pelear, hacer dietas o cualquier actividad que un ser humano normal, pero ultramillonario, haría.

E! Entertaiment dio en el clavo de los reality shows porque a diferencia de Big Brother o The Bachelorette, Keep Up with the Kardashians no sólo mostraba una realidad aspiracional curtida en vinagre consumista –de ese que trae de sobra el “American way of life”–, además tenía como hilo conductor a una familia extensa equipada con una mamá alcohólica, un papá famoso por ganar una medalla de oro en las Olimpiadas del 74, cinco hijas con clósets exagerados y un hijo incomprendido. Fórmula probada para atraer el morbo.

Y así como en el hoyo en el que caes cuando ves infomerciales –no por nada se hicieron tan famosas–, era imposible no cambiar de canal, toparte a Kim en pijama y sentir la necesidad de ver aunque sea por un par de segundos lo que era ser ella en un lunes por la mañana.

Yo caía normalmente en esa trampa y terminaba por quedarme pegada hasta que acababa el capítulo sólo para ver que estaba por empezar otro que seguramente iba a tratar de lo mismo: nada más allá de ir de shopping o asistir a alguna cita de bronceado permanente. Pero como buena millennial, mi adolescencia acostumbrada a tomar patrones de conducta de la TV, me mantenía viendo en loop, añorando ese estilo de vida que nunca iba a poder replicar.

Poco después llegaron los celulares con buenas cámaras, y las redes sociales como Facebook que te invitaban a compartir cómo te sentías o qué estabas haciendo. Ahora nosotros podíamos, como las Kardashian o cualquier otro personaje de programa de reality show, mostrar cómo vivíamos. Sin embargo, en vez de evolucionar la forma, decidimos copiarlos: lo que significa mantener tu vida colgada ahí, aunque desde el punto de vista aspiracional.

Y ahora, ocho años después de que abrió Instagram, las únicas celebridades de reality show que se mantienen dentro de la lista de los 25 famosos con más followers en la aplicación son Kim, Kylie, Kendall, Khloe y Kourtney, lo que no es para nada una casualidad.

Las hermanas Jenner/ Kardashian se dieron cuenta de que eso que ellas pasaban en la TV no tardaba en traducirse al lenguaje cibernético, así que decidieron mover su vida ahí, compartir desde otro punto de vista “lo cercanas que eran a nosotros”, con la única diferencia de sus cuentas bancarias. Ellas revolucionaron la manera de vender maquillaje en Internet, crearon su propia app que tiene más de 60 millones de descargas y marcaron la pauta de lo que es ser un influencer de lifestyle. Convirtieron sus vidas en una película de la red, lo que está muy bien si no tienes problema con que lucren con tu imagen e invadan tu privacidad a su totalidad.

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La cuestión es que esa manía nuestra por replicar, la cual está adherida a la cultura del Internet, ha llevado al Instragram a convertirse en un vertedero de 15 segundos de fama en los que la gran mayoría de la gente comparte más de lo mismo, como lo hacen los infomerciales o Kim y sus hermanas en Keep Up with the Kardashians.

Y no me malentiendan, no tiene nada de malo compartir 10 fotos de la ensalada que te comiste hoy o un video diario en donde se ve a la distancia a tu perro acostado sin hacer nada, pero lo que sí se vuelve peligroso es tratar de encuadrar tu vida en todo momento, con el fin de que los demás disfruten verte.

Hace no mucho fui a un concierto en donde el pobre hombre que estaba enfrente de mí pasó todo el show con la mano derecha arriba haciendo historias para Instagram y Facebook live. Entre que grababa, luchaba con la mala señal para publicar y respondía los comentarios, estoy segura de que no vio ni el 10 por ciento del espectáculo por transmitir imágenes borrosas; como esos otros miles de ejemplos que seguro ubicas a la perfección porque el síndrome Kardashian es muy común en esta época.

La cuestión es que las redes sociales están constantemente en evolución con el propósito de ofrecernos nuevas formas de compartir información, pero la cultura sobre cómo y qué compartir sigue siendo la misma que la que se usaba a principios del milenio en los reality shows.

Porque si bien a través de las redes sociales se ha generado un montón de movimientos sociales que están cambiando al mundo, también existe una exagerada cantidad de personas que imitan una forma de vida consumista que hasta ahora no nos ha llevado al mejor escenario.

Tal vez es porque no hemos entendido del todo el poder que tiene el Internet para romper fronteras y generar una nueva forma de vida; o tal vez porque ese tipo de contenido vacío va a quedarse pegado a nosotros eternamente como una plaga.

Pero es algo que, como plantea Black Mirror en su episodio de “Nosedive”, ha empezado a consumir nuestras vidas, ha levantado nuevos estándares aspiracionales, y la única forma de evitar que se convierta en una forma más de control social es haciéndonos más conscientes del contenido que vemos, compartimos y publicamos.

Somos una red de amigos que debería ver más allá de lo que las Kardashian, los comerciales o el estilo de vida aspiracional nos ha vendido. Hagamos contenido de manera diferente, alejémonos de ese patrón y vivamos para compartir.

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