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Cine-TV

Jurassic World: El reino caído

Despojada casi de todos sus subtextos, en esta cinta 
lo que queda de Jurassic Park es un puñado de secuencias de acción divertidas, bien armadas y cumplidoras. 
El desgaste de la saga es evidente

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 5 months
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Si Jurassic World (Trevorrow, 2015) funcionaba como una oscura autocrítica de y para un Hollywood donde la tendencia actual es reciclarlo todo pero con esteroides, en esta secuela, Jurassic World: Fallen Kingdom, la metáfora se queda atrás y es la propia cinta un ejemplo del desgaste que sufren estas franquicias cuando se reutilizan una y otra vez.

Han pasado 25 años desde que vimos aquella imponente puerta de Jurassic Park (Spielberg, 1993) abrirse por primera vez y así asombrarnos con lo que parecía imposible: los enormes dinosaurios que caminaban entre humanos, la magia de la computadora en uno de sus momentos más brillantes y el músculo taquillero de un director que no sólo demostraba estar listo para una nueva era en la cinematografía, sino que se erigía como maestro de la misma. Primero fue Jurassic, después vendría el resto.

Sin embargo, como bien decía la nueva administradora del parque, Claire Dearing (Bryce Dallas Howard), “al público ya no le sorprenden los dinosaurios, el público quiere más”, aunque ese “más” que ofrece esta nueva secuela no es sino escenas de acción (muchas de ellas reminiscentes de la Jurassic original) más llamativas y espectaculares, pero al mismo tiempo vacías y olvidables.

En la isla Nublar, donde se ubicaba el parque, un volcán que se creía dormido está a punto de hacer erupción. La sociedad se divide en dos: aquellos que (correctores  políticos) creen que el gobierno debe intervenir y salvar a esos “pobres animales”, y quienes están ciertos de que esto no es sino la naturaleza que intenta regresar las cosas a la normalidad, por eso los dinosaurios deben quedarse ahí y sufrir otra  extinción. El principal promotor de lo segundo es el doctor Ian Malcolm (Jeff Goldblum en un cameo), aquel que desde la cinta del 93 ha advertido la perversión que supone la manipulación genética que dio lugar al renacimiento de los dinosaurios.

Al tiempo, una empresa privada busca a Claire (férrea defensora del rescate de los dinosaurios) para ofrecerle el puesto de guía en una expedición que buscaría rescatar algunas especies en la isla, entre ellas cierto velociraptor al que Owen Grady (Chris Pratt) le tiene especial cariño. Ambos aceptan la misión y se lanzan a la peligrosa isla, sin saber que todo es parte de un maquiavélico plan de algunos facinerosos empresarios que buscan comercializar los dinosaurios como armas.

Escrita por el propio Colin Trevorrow junto con Derek Connolly, el filme es dirigido en esta ocasión por el español “hollywoodizado” Juan Antonio Bayona (El orfanato, A Monsters Call) quien no sólo muestra las capacidades necesarias para llevar a buen puerto una producción de este tamaño, además encuentra resquicios para inyectar algo de sus propias obsesiones: aquella escena donde Grady huye de un alud (como en Lo imposible), la casa gótica atendida por Iris (Geraldine Chaplin, en auto homenaje a El orfanato) e incluso cierta secuencia que recuerda a Nosferatu (Murnau, 1922), así como varias secuencias reminiscentes a los clásicos monstruos de la Universal.

Y ese show es el más interesante: ver a un director luchar para imponer su visión sobre un producto claramente complaciente que debe responder a exigencias de mercado y de taquilla (la pasada entrega se convirtió en una de las cinco películas más taquilleras en la historia).

El desgaste de la franquicia es evidente. Despojada casi de todos sus subtextos, lo que queda es un puñado de secuencias de acción divertidas, bien armadas y cumplidoras, pero igualmente olvidables. Aunque el gran espectáculo es Bayona, quien pelea en todo momento por entregar algo más que un simple palomazo. A veces, por instantes, hasta lo logra.    

 

Dirección: J. A. Bayona.

Guion: Colin Trevorrow, Derek Connolly, basado en el libro de Michael Crichton.

Producción: Steven Spielberg. EU, 2018.

Fotografía: Óscar Faura.

Edición: Bernat Vilaplana.

Con: Bryce Dallas Howard, Jeff Goldblum, Chris Pratt, entre otros

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