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Cine-TV

La batalla por el televisor

Dos intérpretes representan las caras opuestas de un mismo país: Luis Miguel y José José. El chico apuesto que le canta a Acapulco y el hombre maduro, roído por la vida, que le canta a la derrota

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 5 months
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Duelo de realezas: “El príncipe” contra “El sol”. Luis Miguel es el atardecer en Acapulco mientras José José es la oscuridad bucólica de una cantina. Y hoy, en la llamada “era dorada de la televisión”, la historia de estos dos titanes está disponible capítulo a capítulo para nuestro morboso escrutinio gracias a la señal de Netflix.

Luis Miguel: la serie, producida con la venia del cantante (él mismo aprobó el guion), se transmite todos los domingos en la señal de Telemundo; inmediatamente después está disponible en la plataforma de Netflix. Con un diseño de producción discreto, una iluminación con pocas ideas (luz dorada sobre Luis Miguel, luz neutra sobre todos los demás personajes) y una terrible mezcla de audio (Netflix mismo bromea con la necesidad de prender los subtítulos para ver cada capítulo), la serie de Luis Miguel brilla no precisamente por lo depurado de su escritura ni por lo notable de sus actuaciones. Lo que mejor hace esta serie, y lo hace absolutamente bien, es detectar los puntos clave de la historia con el propósito de explotarlos y crear polémica, el tipo de polémica que ocasiona que el lunes siguiente la plática en la oficina sea sobre el malvado padre de Luismi, la relación que sostuvo con tal o cual mujer, o el misterioso destino de la madre del cantante.

La dosificación de la historia aumenta la expectativa y sincroniza a la audiencia. Alrededor de las 10 de la noche, todos los domingos, las redes se inundan de comentarios, chistes y memes. La mayoría gira alrededor de la verdadera estrella de la serie: el malvado Luisito Rey, el explotador padre de Luis Miguel interpretado con lujo de sobreactuación por el español Óscar Jaenada (el mismo que interpretó a Cantinflas en la cinta del mismo nombre).

Está dinámica de consumo provoca que todo sume. ¿Qué importa si Jaenada sobreactúa todas sus líneas si a la postre crea a un villano tan repugnante?, ¿qué importa que el rango de Diego Boneta se limite a jalarse el pelo y aparecer desnudo dando la espalda (y las nalgas) a la cámara? El público está fascinado, y aunque no falten las voces disonantes argumentando una falsa y ridícula superioridad moral por no ver este producto, lo cierto es que estamos frente a un fenómeno absoluto.

Cara opuesta de la moneda es José José: el príncipe de la canción, serie sobre la vida del cantante oriundo de Azcapotzalco. Con una producción mucho más depurada que en la serie de Luis Miguel (ver el primer capítulo donde, con lujo de detalle recrean su emotiva y emocionante presentación en el Festival de la Canción Latina interpretando “El Triste”), pero que claramente apunta a un público más adulto y por ende tradicional. Sin pudor, la “serie” no oculta su verdadera faz telenovelera con más de 70 capítulos (ya disponibles en Netflix), una cinematografía básica propia del género, personajes acartonados y un guión que pareciera estar más ocupado en alargar la historia que en contarla.

Con ciertos destellos de emotividad, resulta encomiable el esfuerzo de Alejandro de la Madrid –interpreta al Príncipe–, aunque su tono de voz (de chilango casi emparentado con Pepe el Toro) así como los pésimos diálogos destrozan la ilusión de estar frente a un producto de alto alcance. Esto es una telenovela que si acaso se deja ver es simplemente por la empatía que se crea hacia el personaje: un hombre que viene del pueblo, que sufrió pobreza, que habla “como peladito” y sin embargo posee una de las mejores voces en la historia de la música en Latinoamérica, cercana incluso a la del mismísimo Frank Sinatra.

Estamos pues ante dos modelos de televisión moderna. El de la serie de José José, que no es sino la traslación de la vieja telenovela, acartonada, mal escrita y apenas funcional, contra el de la serie de Luis Miguel, heredera de la primera pero con un manejo de los tiempos y el anecdotario que le ha ganado público incluso en las tribus millennials.

Si la serie de José José se siente como un largo adiós de un volcán ya apagado, la de Luis Miguel es justo un retorno, el exitoso posicionamiento en el gusto de una nueva generación y un fenómeno de masas que voltea, de nuevo, al sol y la playa.

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