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Los Panoramas de Zoé

Más allá de ser un anecdotario de la trayectoria esta banda mexicana, el gran acierto de este documental es que nos recuerda que detrás de los discos, acordes y melodías hay personas que sufren, lloran y pagan la renta al igual que todos nosotros, aunque esto suene a un cliché básico. Los clichés son necesarios también

POR Revista Cambio Fecha: Hace 1 week
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POR JULIÁN VERÓN

Todos venimos de la nada. En algún momento fuimos polvo cósmico, cenizas o cualquier cosa que represente eso: la inexistencia. La primera escena de Panoramas es un clip de un video en vivo de Zoé hace muchísimos años, donde vemos a Léon Larregui con una playera mucho más barata que cualquiera que pudiera comprar hoy, muchos kilos menos y una inocencia que nos teletransporta a los primeros años de infancia o de cualquier cosa que hayamos aprendido a hacer. Cuando León en ese video de mala calidad trata de regalar cuatro o cinco playeras a sus primerizos fans –incluso hace que un integrante de la banda se quite su playera para dársela a alguien del público ya que no tenían más–, lo torpe del acto nos hace pensar que, al final, todo va a estar bien y no hay que preocuparse por nada en la vida. Las cosas encuentran una manera bastante romántica de unirse a fin de que podamos dormir cada noche.

Estar en una banda junto a otros seres humanos essaysbuy.net con los que duermes en la misma cama luego de cada show, comes del mismo plato, consumes las mismas drogas y luego peleas por saber si ese acorde de Re séptima queda mejor para cerrar el puente de la canción, es una tarea ardua de la que no se habla mucho. Casi es una proeza hoy en día. El simple hecho de coexistir con tantos egos y personas que –en muchos casos–, quieren figurar y se olvidan de que al final del día una canción o un disco es una obra de arte, ya merece un aplauso. Que después sean exitosos o solamente los escuchen sus exparejas, es otra historia.

Desde hace veinte años, Zoé sale de gira, llena estadios, visita países desconocidos, da entrevistas terriblemente necias –mal planteadas (como algunas de las que se ven en el documental)– y logra que ya dos generaciones hagan empatía y “resuenen”, como dice León, con su música.

Panoramas empieza con el viaje de Léon Larregui a París para grabar Solstis, su primer disco como solista. La figura que se ha dibujado alrededor de León, y el tiempo que ya tiene Zoé como banda, provoca que la idea de que el vocalista de una de las bandas más grandes de los últimos años en Latinoamérica tuviese un disco solista, fuese justa y necesaria. Lo interesante de los discos solistas es que generalmente sacan ganas, ideas o lados creativos del artista que, por cualquier razón, no pudieron ser explorados antes debido a que la persona formaba parte de una banda, y a veces sus ideas no encajaban con la estética de la misma, o simplemente no contaban con el momento exacto o personal para salir. Mucho de esto se respira en lo que muestra Panoramas de París.

Este documental conforma fotografías exactas de lo que significa tener una banda latinoamericana durante dos décadas. Confunden el nombre de tus canciones, países en donde llegas y vuelves a comenzar de cero, peleas entre los integrantes, amor, desamor, errores, hits y muerte. Mostrar a León Larregui mientras desafina en una de sus giras debido a una pérdida de la voz, y pide disculpas a sus compañeros de banda porque les “falló”, además de tener un aire un poco a equipo de futbol que perdió un partido de liga por un error del portero, es de los momentos más valiosos del documental ya que demuestra cómo baja a tierra a la banda con el propósito de hacerles ver que, al final del día, son seres humanos de carne y hueso que sangran de igual manera que todos nosotros. Para Zoé, su sangre es roja, igual que la del taquero de la esquina.

“Estar de gira es como estar en un espacio de tiempo suspendido, dice Chucho, tecladista de Zoé en quizás uno de los testimonios más poderosos de todo el documental. En las giras, mientras estás haciendo que la noche de muchísimas parejas sea llevadera y feliz, en casa siguen pasando las cosas. En casa sigue todo girando, nada se detiene y todo sigue su ritmo. Están tus padres haciendo las compras de la semana, tu hermano peleando con su esposa, y tu primo con más deudas que nunca. Todo sucede, mientras Zoé gira y despierta en una ciudad distinta cada semana. Quizás eso es lo hermoso de ser un viajante: no tienes hogar por momentos.

Otro momento fuerte en Panoramas es cuando la hermana de León Larregui le comunica que su madre está muy mal, y que le queda poco tiempo de vida. La banda estaba en Texas grabando Programaton, su más reciente disco. Léon escribió “Arrullo de estrellas” para su madre y fue a enseñársela justo un día antes de morir, y según sus palabras “llenó de lágrimas su carita al oír la canción”.

Y quizás acá es dónde el cinéma vérité llega a su clímax. No hay nada más real que retratar a la vez la muerte y la creación. Hay algo mágico y real en esos momentos, que retrata a la vida en su más genuina forma. Algo se crea y algo deja de existir en este plano a la vez.

Seguramente los fans de Zoé apreciarán muchísimo Panoramas, ya que, como cualquier buen registro de la vida íntima de las bandas, deja ver una parte humana que era invisible para muchas personas que siguen a Zoé desde 1997. A veces es bueno recordar que detrás de los discos, acordes y melodías hay personas que sufren, lloran y pagan la renta al igual que todos nosotros. Así esto suene a un cliché bien básico. Los clichés son necesarios también.

Me quedo con la anécdota que cuenta Léon Larregui en una entrevista a un medio de Bogotá. Narra que, luego de un concierto que dieron en el que estaban los integrantes de Blur, pudieron conocer a Damon Albarn. Ya en la plática, le pregunta si le había gustado el show de Zoé, a lo que Albarn contesta que “no”. Y luego pasa tiempo mientras le explica a León el porqué no le gustó su show, escribe en las paredes del cuarto la letra de “Boys and Girls”, habla de métrica y “sobre una de las cosas que más le costó entender y lo que en realidad significa tener una banda de rock”. Un encuentro de dos mundos, literalmente. El charro conoce al frío inglés consumidor de té. El taco al fish and chips. Hugo Sánchez a Bobby Charlton. No hay nada más real que ese momento.

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