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Cine-TV

Megalodón

Dos clichés juntos nos hacen reír, pero cientos de ellos unidos nos provocan emoción. Este es el nivel que esperábamos para este tipo de cinta, una que no se tome demasiado en serio y que asuma sus incontables lugares comunes no como un defecto, sino como una característica

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 3 months
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En uno de los momentos más divertidos de Jurassic World (Trevorrow, 2015), la directora del parque explica las razones por las que están creando –mediante artificios genéticos– nuevas especies, más grandes y amenazantes que el mismísimo T-Rex: “Ya a nadie le impresionan los dinosaurios de siempre, el público siempre quiere más”. Acto seguido, la película mostraba un show acuático donde un tiburón era colgado en medio de una monumental piscina para azuzar a la nueva atracción del parque: un enorme megalodonte que se comía al escualo de un sólo bocado, salpicando al respetable en su reingreso al agua.

La escena (como la película) no es sino una metáfora de lo que pasa hoy día en Hollywood: al público ya no le impresionan las cintas de antaño, entonces hay que hacer algo más grande, más espectacular, no importa lo artificial o vacuo que sea. Traigan al megalodonte.

Han pasado más de 40 años desde que se estrenó Tiburón (Spielberg, 1975). Cuarenta años y el imaginario colectivo aún no supera la idea de la gran bestia marítima que inevitablemente vendrá a comernos. Así, en Megalodón, la gran amenaza para el bañista asiático (por temas de mercado la película sucede en mares cercanos a Tailandia) es un tiburonzote prehistórico de más de 24 metros de largo (Wikipedia dice que no pasaban de los 18 metros; como sea, era una cosa enorme) liberado “por accidente” luego de que un grupo de científicos encuentra una zona de profundidad extrema y hasta entonces inexplorada en el fondo del mar.

La película, como es de esperarse, es una colección de clichés asumidos con orgullo. En este Viaje al fondo del mar tenemos a las científicas guapas, al mecenas millonario, a los nerds de computadoras y, por supuesto, al chico rudo, que en este caso es el siempre efectivo Jason Statham.

Con un cast que mezcla actores asiáticos y norteamericanos (faltó un latino pero, de nuevo, la estrategia es que esto pegue en Asia), se trata pues de una película de aventuras donde el aguerrido Jason Statham salva una y otra y otra vez la situación cuando este grupo de científicos intenta detener a la gigante amenaza con el fin de que no llegue a las atestadas playas y se devore a todos los bañistas (a juzgar por la cantidad de vacacionistas, era Semana Santa por allá).

Nuestro héroe rescatará a un par de submarinos varados en lo más profundo del océano, escapará nadando de las fauces del tiburonzote, rescatará a la chica guapa, y todo sin despeinarse un sólo pelo (que el personaje sea calvo es mera coincidencia). Sin embargo, ello no debe extrañarnos ni mucho menos: este es el nivel que justo esperábamos para este tipo de cinta, una que no se tome demasiado en serio y que asuma sus incontables lugares comunes no como un defecto, sino como una característica. Dos clichés juntos nos hacen reír, pero cientos de ellos unidos nos provocan emoción.

No obstante, y a pesar de que nadie se puede dar por engañado, lo cierto es que Megalodón es una oportunidad desperdiciada. La dirección de Jon Turteltaub, apenas funcional, y su pésimo manejo de los espacios no atinan nunca a mostrar debidamente las dimensiones de la bestia, y a la mayoría de las acciones, siempre inverosímiles, les falta el aderezo del buen humor.

Aunque lo realmente imperdonable de esta cinta es que, con esos tamaños, el filme tenga tan pocas agallas. Para ser esto una película sobre un tiburón gigante, hace falta sangre. En un intento por nunca perturbar a la audiencia, la mayoría de la matazón sucede casi sin mostrar sangre ni sin ser gore.

Increíble, pues, que el Tiburón de Spielberg, con ínfimo presupuesto y a cuarenta años de distancia, siga siendo más amenazante que esta bestia de CGI. Tiburón que ladra, no muerde.

 

Dirección: Jon Turteltaub.

Guion: Dean Georgaris, Jon Hoeber, Erich Hoeber, basado en la novela de Steve Alten.

Producción: Lorenzo di Bonaventura, Colin Wilson. EU, 2018.

Fotografía: Tom Stern.

Edición: Steven Kemper.

Con: Jason Statham, Bingbing Li, entre otros..

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