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Paddington 2

Al igual que en la primera cinta del osito originario de Perú, esta película mantiene su doble agenda: servir como vehículo de promoción de Londres, no sólo como destino turístico sino como toda una cultura incluyente y abierta al mundo

POR Alejandro Alemán Fecha: Hace 3 months
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En vísperas de la Navidad de 1956, el escritor inglés Michael Bond buscaba un regalo de último minuto para su esposa. Bond encontró un osito de peluche que estaba abandonado en un kiosco de regalos dentro de una estación de tren en Londres. Al no tener mejor opción, decidió llevarlo a casa. El osito fue bien recibido por su esposa y rápidamente se convirtió en su favorito.

Inspirado por esta historia, Bond tardó diez días en escribir un cuento para niños sobre las aventuras de un osito que llega de Perú a una estación de tren en Londres y que termina adoptado por una familia. El nombre de aquella estación (la misma donde Bond compró el oso para su esposa) es Paddington.

A Bear Called Paddington fue el título del libro que en 1958 se convertiría en un best seller al grado de aparecer en más de 20 títulos de la saga, programas de televisión y, ahora, dos películas animadas por computadora.

Si bien Paddington 2 no es sino una respuesta natural ante el éxito económico de la primera cinta, lo cierto es que la película mantiene su doble agenda: servir como vehículo de promoción de Londres, no sólo como destino turístico sino como toda una cultura que se reconoce como incluyente y abierta al mundo. Paddington es, en este sentido, una carta de amor al Reino Unido.

No es la primera ocasión en que un filme londinense se da a la tarea de celebrar la cultura de aquel país. Sin ir más lejos, el productor de esta cinta –David Heyman– fue en su momento el responsable de iniciar en 2001 una exitosa saga cinematográfica cuyo motor es justo la celebración al modo de vida y cultura londinenses: Harry Potter.

En Paddington 2, el siempre amable osito sigue viviendo en casa de los Brown (la adorable Sally Hawkins y el simpático Hugh Bonneville), y le escribe constantemente a su tía Lucy (ella vive en Perú) sobre sus aventuras en Londres. Como ya viene su cumpleaños, Paddington busca trabajo para comprarle un viejo libro de recortes que encontró en una librería local. Lo que el oso no sabe es que dicho libro es muy valioso, toda vez que encierra el secreto de un viejo tesoro escondido. El villano de esta historia, el actor Phoenix Buchanan (divertidísimo Hugh Grant) roba el libro e inculpa a Paddington, quien es llevado a la cárcel.

El gran peligro que corre el director Paul King al retomar al personaje para esta secuela es la posibilidad de caer en el barranco de la cursilería. Afortunadamente, el guion a cuatro manos del propio King junto con Simon Farnaby elude la chabacanería haciendo de esta una historia sumamente divertida con grandes guiños cinéfilos, que van desde homenajes al cine de Chaplin, la comedia slapstick del Gordo y el Flaco e incluso todo un homenaje visual al cine de Wes Anderson, con varias tomas simétricas en colores pastel que nos recuerdan a The Grand Budapest Hotel (2014) y Fantastic Mr. Fox (2009).

La animación es de primer nivel, pero la magia digital sería insuficiente sin un reparto más que convincente: Sally Hawkins y Hugh Bonneville como los esposos Brown, Brendan Gleeson como el temible cocinero Knuckles, y un Hugh Grant absolutamente desparpajado burlándose de sí mismo en su papel de arrogante actor venido a menos.

La cámara de Erik Wilson nos entrega mucho más que lo acostumbrado por el cine infantil: impresionantes planos secuencia, rupturas de la cuarta pared, encuadres simétricos y una cámara en todo momento ágil, que transmite el movimiento siempre frenético de los personajes, además de jugar de manera interesante con los espacios: ese plano transversal de la prisión o la transición de la celda al bosque en Perú.

El cine para niños usualmente se emparenta con lo banal, soso o trillado; Paddington 2 no sólo es un filme inteligente, gracioso, simpático y divertido, sino que se ha vuelto casi de contracultura: el recién aprobado brexit muestra a una nación que ya no ve con buenos ojos a los extranjeros. Paddington 2 se vuelve entonces uno de los últimos reductos de esa cultura que se presumía cosmopolita y abierta al mundo. El Londres que recibía con los brazos abiertos a un oso de Perú podría convertirse, próximamente, en un relato de ficción, una realidad que únicamente veremos en los cuentos infantiles.

 

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