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Cultura

Amorfoda: el reguetón disruptivo

Bad Bunny puso un pie en la historia del género y dejó su marca con una ecuación clara: un piano, cuatro acordes, una letra para cualquier corazón roto y la guitarra eléctrica de la actualidad: el autotune

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 months
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POR JULIÁN VERÓN

Los cambios son absurdamente difíciles de aceptar, y eso es porque los seres humanos somos unas criaturitas más bien tercas: nos aferramos a permanecer estacionados en el mismo lugar, y preferimos ver nuestras manos y uñas bañadas en sangre por estar sujetas a cualquier tronco de árbol viejo con tal de no dejarnos caer en el abismo que nos podría significar abrazar la evolución lógica de la vida.

Cada vez que en cualquier instancia de nuestra existencia aparece un nuevo sheriff en el pueblo o alguna idea está revolucionando y quebrando en pedacitos las antiguas escrituras, aparecen fariseos que no quieren que la hoja en donde está escrita la nueva verdad llegue a su destino. Siempre habrá cuerpos que harán todo lo posible por buscar cloro y quemar los ojos de las mayorías para que no puedan ver lo que ocurre, sin importar el tamaño de este huracán.

El reguetón es sin duda alguna este nuevo sheriff del condado; llegó con pistolas, chapas y botas bien guapas con la finalidad de quedarse un buen rato vigilando el lejano oeste mientras se fuma un cigarro rojo.

Ha habido momentos clave para la evolución formal del reguetón desde sus comienzos: “No me trates de engañar” y “La gasolina”, y si damos avance rápido llegamos a la contemporaneidad de “Despacito”, “Mi gente” y “Me rehúso”, o a situaciones hermosas que cambian el juego por completo, le dan la vuelta 180 grados, lo despeinan y le hacen un reboot. Y ese podría hacerse canción en “Amorfoda”, el más reciente lanzamiento de Bad Bunny, o como me gusta llamar a este hombre: el heredero.

Manteniendo conversaciones con colegas y amigos conocedores del género por mensajitos de Facebook chat –quizá anonadados por lo importante de la canción– llegamos al mismo lugar: Bad Bunny puso un pie en la historia del reguetón y dejó su marca mediante una canción que podría confundirse con una idea suelta que tenía; esperando ver la luz y observar cómo el mundo recibía tal obra.

“Amorfoda” es un piano, cuatro acordes que forman una de las progresiones musicales más populares de la historia de la música; una letra para cualquier corazón roto en tres y la guitarra eléctrica de la actualidad: el autotune.

Kanye West hizo algo parecido con nuestro abuelo McCartney y “Only One”, tomando a uno de los cuatro ingleses que pintaron los primeros trazos de lo que fue alguna vez música popular, y ordenándole que colocara sus viejas manos en las teclas e hiciera algunos acordes con el propósito de acompañar su voz empanizada de autotune. Y sí, Paul McCartney sacó muchísimo más de esta colaboración de lo que Kanye por ella. O no recuerdan los comentarios preguntando “¿quién es ese señor McCartney?”, y si te sientes insultado por esta afirmación, pues no estás entendiendo el juego.

Kanye presentó a Paul McCartney a una generación que probablemente sólo escuchó “Hey Jude” una vez en alguna reunión familiar del abuelo o bisabuelo; una generación que asocia la palabra “Beatles” con “Black Beatles” de Rae Sremmurd, o esa playera extraña que siempre se pone algún tío.

Con “Amorfoda”, Benito Antonio Martínez Ocasio se separa de los J Balvins y Ozunas del género –no nombro a Daddy Yankee porque para hablar de Raymond Ayala hay que pedir permiso y ser digno de hablar de él, yo no lo soy–. Pero Bad Bunny con cada pisada del piano que suena en los 2:56 segundos de la canción se acerca muchísimo más a Lady Gaga, Ed Sheeran y al pop mundial. Así, “Amorfoda” es la muestra más precisa y exacta de que el reguetón es la representación viva de la música popular en el 2018, y si no te llegó el memo, estás siendo parte del club de Los dormidos, uno al que a nadie le recomiendo entrar.

“Amorfoda” es la canción más precisa de San Valentín en lo que va de la década. Da en la clave de muchas cosas simbólicas: su levedad y poco cuidado ocasionan que se sienta como un skit, un intro o interlude que puede sonar entre dos canciones de “mayor tamaño”. Lo anterior logra que la misión de esta rola esté perfectamente lograda y superada: como en Goldeneye 007.

Vivimos momentos dorados para la música latina popular. El reguetón está logrando que la música en español sea la más sonada de todos los Spotifys, radios de autos de segunda mano, Youtubes y Ipods clásicos del mundo. Nadie escapa o sale sin ser cacheteado por la gruesa ola que es este género. Es imposible esquivarla. La música siempre se ha tratado de cuántas veces golpea nuestra cara, y el reguetón está pegando tan extremadamente fuerte que ya ha dejado encandilados a muchos; esa es la característica más palpable de todo movimiento importante.

Estos muchachos y muchachas dueños del género están escribiendo el nuevo evangelio de la música popular mundial, y más vale que nos limpiemos con agua y jabón nuestros ojos para que sigamos bien despiertos y podamos cohabitar el mismo mundo que ellos.

“Amorfoda” es sólo una muestra más de hacia dónde va el futuro y presente de los sonidos más escuchados e importantes de nuestros días; y por este tipo de pruebas, sólo podemos imaginar y poner nuestras dos manos encima de nuestra cabeza o cabellos y pensar en lo que viene. Somos afortunados y seremos partícipes y escritores activos del otro Nuevo testamento.

Oigan la buena nueva que trae el conejo malo en “Amorfoda”, y deseo que la estén pasando muy bien en el sofá más cómodo de sus hogares.

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