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Cultura

Conversaciones verdes

La discusión sobre la mariguana es urgente. Ante esto, Eduardo Limón conversó con Paco Ignacio Taibo II, Xavier Velasco, Joselo, Fernando Rivera Calderón, entre otros, sobre sus experiencias con la mariguana

POR Revista Cambio Fecha: Hace 9 months
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POR IRMA GALLO

Eduardo se reúne con su dealer. Es un encuentro rápido. Le comenta que está escribiendo un libro sobre la mariguana y que le gustaría entrevistarlo. El hombre dice que sí, que luego se ponen de acuerdo. Mientras tanto, le ofrece dos tipos de mercancía: la de $500 (porque el huato es más grande) y la de $250. El periodista elige la segunda. Sin más palabras de por medio, el dealer arroja el paquetito en la mochila medio abierta de Lalo; él le pasa un rollo de billetes, también muy rápido. Se despiden y quedan en llamarse por teléfono para concretar la entrevista.

En el siguiente capítulo de su libro Historias verdes. Conversaciones sobre la mariguana (Ediciones B, 2018) el autor narra cómo suda y suda dentro del coche del mismo hombre. Sí, hace calor, sin embargo, transpira porque no puede evitar sentirse muy nervioso.

Entrevisto a Eduardo Limón y le pregunto sobre este capítulo en particular. “Voy adentro del coche del dealer porque lo tengo que entrevistar para el libro, pero voy con el rollo de a ver si no cachan a este güey –me contesta–, porque estábamos en una de las zonas donde más se venden drogas en esta ciudad, en un día en que particularmente más se vende drogasn en esta ciudad, de esa forma: ilegal”.

Como si fuera una broma del destino, en el trayecto que comparte con su dealer suena en la radio la canción “Clandestino”, de Manu Chao:

Mano negra, clandestino

peruano, clandestino

africano, clandestino

mariguana… ilegal

Ahora que recuerda cómo se sentía ese día, Lalo hasta se permite reír; aunque está consciente de que el tema es serio. Muy serio: si no hubiera prohibición, tampoco habría riesgo.

“Ahí voy yo, moviéndome hacia el lado peligroso de la ciudad, donde se expenden las drogas, donde va la banda por ellas para llevarlas al otro lado”.

Lalo Limón se asume pacheco. Conoce las propiedades medicinales de la cannabis y cree que, aunque poco, se ha avanzado en la despenalización de la mariguana para fines curativos. Ahora lo que falta es que se legalice su uso recreativo. Su postura es la de muchos otros: si el alcohol, el tabaco y la cafeína son legales, ¿por qué no puede serlo la mota?

“Es desconcertante, y hasta ridículo –alega–, el hecho de que nos sigamos persiguiendo, que haya muertes y familias que se ven involucradas en un drama de los muchos que está viviendo ahorita el país. Para los que somos consumidores ya se está volviendo un tema urgente el querer pagar un impuesto, el querernos circunscribir al ámbito de la ley, para conseguir, como un hombre al que le gusta la cafeína, la sustancia que quiere. Entonces, el tema no es la sustancia, es la política punitiva alrededor de ella”.

Sus Historias verdes son conversaciones con escritores y músicos, como Paco Ignacio Taibo II, Xavier Velasco, Joselo, Fernando Rivera Calderón, Ana Clavel, Armando Vega-Gil y Fernanda Melchor, entre otros, además de fragmentos de su propia experiencia como consumidor.

Se trata de un libro con posiciones heterogéneas sobre el tema: por ejemplo, uno de sus entrevistados, el exrector Juan Ramón de la Fuente, está a favor de la legalización pero siempre dentro de cierto margen.

Dice Eduardo: “Estoy completamente de acuerdo con Juan Ramón de la Fuente: en el momento en el que la sustancia se legalice, va a pasar, como en el caso de las drogas que ya son legales en nuestro país, al circuito virtuoso de la mayoría de edad; la vas a colocar en farmacias y en dispensarios, donde sólo puedan acceder a ella los mayores de edad, y la vas a retirar de las secundarias y de las preparatorias donde la banda, en este momento, ya la está tomando”.

El caso del escritor e ilustrador Bernardo Fernández Bef es paradigmático. Se define a sí mismo como un punk straight edge porque no consume ninguna sustancia estimulante: ni alcohol, ni cafeína, y por supuesto, ningún tipo de droga. En la entrevista que le hizo, Bef le dice a Limón: Las sustancias, todas, sirven para controlar políticamente. Entonces, la única manera de resistir es no consumir.

Le pregunto, entonces, al autor de Historias Verdes, cuál es su opinión sobre esta postura: “Fue parte de la riqueza que me aportó el libro. Soy un enamorado de la diversidad humana. Y lo de Bef fue para mí un descubrimiento: ¡imagínate, un punk straight edge! Y me consta que desde hace años no consume nada. Creo que Bef está, como muchos, en su derecho de decidir política, socialmente. Y me pareció fascinante”.

No cabe duda de que en el ejercicio de sus derechos, Bef es tajante. Le leo a Eduardo Limón la parte en la que el ilustrador y escritor le dice que el mundo de las drogas es un mecanismo tremendo que está lubricado con la muerte, la sangre y el sufrimiento de mucha gente. Y lo cuestiono una vez más:  “Bueno, ¿qué opinas de esto?”

Me responde de inmediato: “En el caso específico de la mariguana, no creo en modo alguno que la legalización implique la panacea que va a resolver el dramático problema de violencia que vive el país. No resolveremos el problema de la violencia criminal, pero le hacemos la vida más fácil a millones de ciudadanos”.

Eduardo está convencido de que la discusión es urgente, y espera que en estos tiempos electorales se dé, por fin, con más ímpetu:

“Yo soy de los que piensa, y es un hippismo contumaz el mío, que en algunos años el que yo saque un churro y me lo empiece a fumar mientras platico contigo, no será mal visto por nadie”.

Nos despedimos y toma su celular para pedir un Uber. Pienso que es muy probable que en su casa lo esté esperando un buen cigarro de mota, que seguramente le habrá comprado a su entrevistado, y que hoy por hoy, hasta que las cosas no cambien en este país, tendrá que fumárselo ahí, con las ventanas cerradas. No vaya a ser que un vecino chismoso le llame a la policía.

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