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Cultura

El poder de la música

Para quienes padecen trastornos como Parkinson, Asperger o Tourette, la música los ayuda a ser resilientes; es magia y es ciencia

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 months
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POR TANIA PÉREZ / DISONANTES MX*

Adam Ladell tenía 16 años cuando se hizo viral. Como muchos internautas, este joven australiano quiso descubrir la fama mediante Internet al subir un video casero donde mostraba sus talentos musicales, como en sus inicios lo hicieron Arctic Monkeys o Justin Bieber.

La característica que diferencia a este chico de los miles que también suben estas autograbaciones es que Adam tiene síndrome de Tourette, y además de compartir su bella voz al cantar una composición, “Superpowers”, deja en Internet, a través de su canal TicTwichTeens, una prueba de cómo la música es su remedio provisional para un mal como el que sufre.

Aunque parece increíble pensarlo, quienes padecen Parkinson (trastorno de movimiento), síndrome de Asperger (trastorno autista) o Tourette (múltiples tics motores y fónicos) pueden disminuir sus signos de manera considerable o hasta desaparecerlos mientras cantan o tocan algún instrumento. La música los ayuda a ser resilientes; es magia, y es ciencia.

Este tipo de casos y sus recetas musicales no son nuevas, pero se han hecho populares recientemente por situaciones como la de Adam, que los hacen visibles a quienes no las padecemos, y por médicos como Oliver Wolf Sacks que además de empeñarse en tratar casos como estos y otros muchos más extraños, también aportaron mucho a su divulgación desde el área médica.

Desde niño, cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, algunos hechos cruciales de su vida, como la humillante respuesta que recibió de su familia cuando confesó su homosexualidad, fueron factores determinantes para que Oliver se convirtiera en un joven introvertido; refugiado en el estudio y la ciencia, evitó caer en la locura. Desde entonces y sin darse cuenta, se volvió un ser resiliente, que más tarde compartiría con el mundo sus métodos y descubrimientos.

Estudió medicina en Oxford, y en 1961 emigró a Estados Unidos con el propósito de especializarse en neurocirugía y neuropatología; fue en Nueva York donde se le apodó “el padre de los neurorrelatos”, pues escribía sobre sus pacientes en diarios como The New York Times y algunos best sellers. A través de estos textos también se afamó como melómano irremediable.

En uno de sus libros más conocidos, Musicofilia. Relatos de la música y el cerebro, Sacks reúne casos que trató y que tienen relación directa con la música.

“Prácticamente para todos nosotros, la música ejerce un enorme poder, lo pretendamos o no y nos consideremos o no personas especialmente ‘musicales’”, escribió en el prefacio.

Entre las páginas de esta publicación, hay desde casos de amusia hasta algunos más donde esta sirve como enmendador resiliente. Y así como Sacks fue nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico por sus hallazgos científicos, también fue criticado por exponer como “fenómenos de circo” a sus pacientes.

Música para sobrevivir

En el capítulo “Un mundo auditivo, música y ceguera”, como el título lo dice, Sacks habla sobre pacientes sin vista que desarrollaron un oído excepcional por instinto y que en muchos casos fue aprovechado artísticamente. Esta teoría es fácil de comprobar al escuchar a Stevie Wonder, Ray Charles, José Feliciano, Diane Schuur, Andrea Bocelli y muchísimos ejemplos más.

“La imagen del músico o poeta ciego posee una resonancia casi mítica, como si los dioses hubiesen concedido los dones de la música o de la poesía en compensación por el sentido ausente”.

También existen casos recopilados por el neurólogo donde la música es, per se, la herramienta para la supervivencia.

Samuel S., sufrió una grave afasia expresiva y perdió la capacidad de hablar. Mediante clases de canto, pronto fue capaz de pronunciar las palabras de las canciones y, poco a poco, comenzó a recuperar su dicción también para conversar.

En otro caso, cuenta la historia de Gloria Lenhoff, síndrome de Williams (con defectos intelectuales graves), a quien le era imposible resolver operaciones como 2+3. Según la descripción de Sacks, es capaz de aprender canciones en idiomas que no conoce e interpretar de memoria miles de piezas en acordeón, una extraordinaria habilidad que le permite tener un empleo pese a su padecimiento.

Clive, por ejemplo, tuvo una severa infección cerebral que cambió su vida. Perdió su capacidad de memorizar y era incapaz de retener lo que había pasado unos minutos atrás, pero al tocar el piano o dirigir un coro recordaba perfectamente cada nota y compás, al punto de corregir a sus aprendices.

Es usual que en psicología se recomienden terapias musicales con el fin de aumentar la concentración o como apoyo para mantener estados de ánimos positivos, sin embargo, a lo largo de su carrera Oliver Sacks documentó científicamente casos de dolor y locura que podían ser tratados con música, con el objetivo de que quienes los padecieran fueran capaces de reintegrarse a la sociedad, al menos por momentos. Este es, literalmente, el poder la música.

 

*Tania Pérez forma parte del colectivo Disonantes.mx, personalidades discrepantes e inconformes unidas por el gusto a la buena música. En 2015 crearon un website con el propósito de dar a conocer sucesos musicales en la región Bajío, pero sobre todo para documentar y describir cambios silenciosos que forman y deforman la escena musical.

@tania_peti

@disonantesmx

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