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Cultura

Los Amigos Invisibles: locales en Latinoamérica

Pese a que fueron un parteaguas en el rock pop venezolano, difícilmente este grupo tendrá en su tierra una horda de fanáticos tan entregados como los miles de mexicanos que corearon sus rolas en el Vive Latino 2018, pero en los días de Internet… ¿a quién le importa ser profeta en su tierra?

POR Revista Cambio Fecha: Hace 7 months
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POR JULIÁN VERÓN

¿Qué diablos significa ser “profeta en tu tierra”? No sé, crecí leyendo en la prensa y escuchando en televisores o radios este término mediante el que pretendían medir el éxito o el fracaso de un artista en su país de origen. Primero habría que preguntarnos por qué denominar a alguien “profeta” es sinónimo de éxito. ¿Acaso los profetas en Jerusalén eran exitosos? ¿Recuerdan qué le pasó al profeta más famoso de la historia de la humanidad? Murió en una cruz torturado con una corona de espinas alrededor de su frente. Así que no creo que ningún artista aspire a serlo.

Los Amigos Invisibles son una banda muy famosa en su país de origen, incluso, su disco Arepa 3000 está tatuado en el inconsciente de dos generaciones de venezolanos. La crítica los ama, sin embargo, en ese país, la masificación de la banda en cuanto a  conciertos multitudinarios tiene su límite. ¿Por qué? Ni yo sé explicarlo, pero ninguno de los cinco conciertos a los que he ido de esta banda ha sido sold out, incluso en uno casi el 30 % de las sillas estaba sin ocupar. Quizá por la situación económica de Venezuela,  la gente simplemente no puede costear entradas para una banda como Los Amigos Invisibles. Recuerden: en ese país el salario mínimo ronda los nueve dólares americanos al día de hoy.

La prensa venezolana tiene la mala costumbre de querer obligar a sus artistas a hacer cosas, desde que escriban canciones que hablen de la situación del país, hasta que sean una banda “profeta” en su tierra. Y cada vez que quieren dañar el brillo de algún acto  inyectando el virus del “profeta en su tierra”, siento que nace un nuevo episodio de Friends (todos odiamos la serie, ¿no?). Y todo esto es bastante irónico, ya que el malinchismo normalmente abunda en los países latinos. ¿Entonces para qué le exigimos a alguien que sea un rey en el lugar donde nació si al final de la noche nos va a gustar e interesar más algo que no sea de nuestras tierras? ¿Dónde está la congruencia, amigos?

El falso nacionalismo es un mal terrible, una enfermedad peligrosa; ocasiona que tipos como Donald Trump sean presidentes y que Hugo Chávez haya logrado dañar a toda América Latina, y probablemente al mundo. ¿Por qué algo por ser “producto nacional” automáticamente debe recibir la atención de todos los medios? Todo lo que brille y suene en radios o se vea por las madrugadas en televisores comprados a meses sin intereses debería estar allí porque es bueno, sin importar si su nacionalidad es jamaiquina, mexicana o viene de Neptuno.

Los Amigos Invisibles se presentaron en el Vive Latino, frente a miles de personas, todas ansiosas y felices de poder bailar música sabrosa, o como me gusta denominar los discos de esta banda: música para tomar ron con hielo y bailar sin playera en una playa. Los Amigos Invisibles son venezolanos, país donde las arepas son más importantes que el sol, y las cervezas son más frías que el corazón de tu exnovia.

El público mexicano cantó temas de sus primeros discos, de los no tan primeros y hasta corearon “Espérame”, uno de sus más recientes sencillos. La forma en la que personas que tenía a mi lado gritaban de manera por demás desafinada los temas, me hizo darme cuenta de que la música sí tiene el poder de traspasar barreras. Nadie pregunta en un concierto si el baterista es de Suecia o si el bajista es de Nueva Zelanda para poder desgarrarse la garganta al cantar una canción. Todo esto deja de ser relevante cuando suenan los primeros acordes.

Los Amigos Invisibles dominaron al público mexicano e hicieron con ellos lo que quisieron. Esto me hizo sonreír y aprender que todos vivimos en la misma tierra fértil, y en la época de las Instagram stories y las relaciones a distancia, todo país en donde se hable nuestra lengua podrá ser nuestra casa. En Venezuela, Los Amigos Invisibles son una banda importantísima, un parteaguas en el rock y pop venezolano, y sin duda alguna son la banda más importante, famosa y exitosa que ha parido la tierra de Bolívar, el petro y Alicia Machado. Pero difícilmente allá tendrán una fanaticada tan hermosamente devota como la mexicana. Y al final del día, eso importa una mierda.

Hay que repetirnos que la música es universal, y da igual si los corazones que tocas son africanos, suizos, latinos o gringos come hamburguesas. La importancia de ser o no ser “profeta” en tu tierra es nula, es un concepto que de seguro algún periodista con poca creatividad escribió hace años en su cubículo 2×2 de un medio conservador para el que odia trabajar a diario. Puedo imaginar que no estaba muy lúcido ese día y le salió esa frase que impresionó a su jefe e hizo que le subieran el salario. Sin embargo, quisiera que le preguntaran a Julio, vocalista de Los Amigos Invisibles, si le importaba ver a parte del público en el Vive Latino sin playera coreando “En cuatro”, y si también le importaba que eso ocurriera en Venezuela o en cualquier otro sitio.

Este concepto me saca de quicio, renueva mis malos humores y logra que pierda fe en la humanidad. Deberíamos hacer un Change.org para eliminar esta frase de todo el Internet y penar a quien se atreva a escribirla de nuevo.

Los Amigos Invisibles conectaron conmigo de una manera íntima, intelectual, romántica y hasta diría cuasi sexual: penetraron y destruyeron los prejuicios que tenía sobre ser realmente artistas relevantes en la tierra que los vio nacer. Y ojo, no digo que no lo sean en Venezuela, porque obviamente lo son. Pero son un gran ejemplo vivo de que no importa dónde naciste, lo relevante es dónde tu obra cambia el curso del viento y provoca que parejas no enamoradas vuelvan a hacer el amor sin condón. Eso es lo que vale en esta vida.

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