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Cultura

Pinches jipis

42-43

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 semanas
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Hubo una vez una estación de radio que hizo vibrar a una generación. Rock 101 pasó a la historia igual que Emiliano Conejero, peculiar detective al que Jordi Soler ha revivido

POR JAVIER PÉREZ

Emiliano Conejero es un personaje que Jordi Soler (Veracruz, 1963) creó para una radionovela policiaca transmitida por entregas, a través de cápsulas, a lo largo de la programación de la estación de radio para la que trabajaba hace 30 años, la extinta Rock 101. “Desde entonces me quedé con la sensación de haber interrumpido una historia que podía haber tenido un mejor destino”, dice el escritor desde Toronto, así que decidió retomarlo en su nueva novela, Pinches jipis, que publica el sello español Malpaso.

“A lo largo de los años fui recibiendo mails, y últimamente tuits, donde mis lectores más o menos de mi edad me preguntaban qué había pasado con aquel detective. Un día encontré un espacio entre una novela y otra y me puse a escribir una historia sobre este personaje ya con una estructura y una dimensión literaria”.

Conejero ya no es un detective joven, sino un cincuentón con la experiencia suficiente para resolver casos difíciles como al que se enfrenta en la novela. Sin embargo, tiene otro problema: un locutor de radio, Tito Brito, con ansias de fama que exige la resolución de los casos acaloradamente.

Jordi Soler buscaba un elemento tremendamente visual para el argumento de esta historia, su regreso a los ambientes chilangos y las cabinas radiofónicas en las que pasó una década de su vida. Lo encontró en la “firma” de su personaje del asesino serial. Y es que en principio, Pinches jipis sería una novela ilustrada en la que el autor de La fiesta del oso colaboraría con el artista catalán Santi Moix, con quien trabajó la novela infantil Noviembre y Febrerito. Pero las apretadas agendas de ambos (Santi hizo murales en la tienda Prada de Nueva York) no lo permitieron. El ex locutor no descarta la posibilidad de una versión posterior.

Jordi parodia y al mismo tiempo homenajea el género de la novela negra, el cual no frecuenta como lector. Su detective, sostiene, es “un homenaje íntimo a Philip Marlowe, que era el detective de Raymond Chandler, no solamente mi escritor favorito de novela policiaca, sino al único que he leído con atención. Con Raymond Chandler me pasa lo que con Bob Marley: me gusta muchísimo Bob Marley, pero no el regué. Y con Chandler, no suelo leer novelas policiacas, pero me parece que él es otra cosa”.

Columnista de Milenio y colaborador de El País, Jordi no descarta crear una saga con este personaje. En la historia, Conejero debe aprender a lidiar con su hijo, un adolescente que ha vivido con su madre; no obstante, ahora quiere mudarse con él. “Aunque en el caso de Emiliano Conejero todo es exagerado y demasiado dramático, también es verdad que, quitando todas estas exageraciones, él termina siendo un padre normal que, como nos ocurre a todos los padres, se asombra todo el tiempo de su hijo. Hay también una intención de hurgar en ese fenómeno fantástico que es la paternidad”.

Varios personajes que acompañan a Conejero sólo son llamados por su apodo, como el policía al que recurre para reintregarlo en su equipo de investigación, El Espectro. “Durante los breves períodos en que he trabajado en una oficina a lo largo de mi vida, aprendí que en las oficinas en México tenemos una extraña pasión por apodar a la gente, quizá sea la forma en que nos adueñamos de ellos. He estado en oficinas en otras partes del mundo y no hay ese espacio para vacilar. Y me pareció que lo correcto era montar una comisaría donde hay un montón de apodos y un montón de chacoteo”.

El título de la novela es un homenaje a El complot mongol, la célebre novela policiaca de Rafael Bernal cuyo detective “va diciendo todo el tiempo pinches chinos, que me ha parecido siempre muy divertido”. Jordi Soler dice que escribe porque es su manera de echar adelante cada día. “Elegí desde muy joven esta manera de contar las cosas y aun cuando he tenido empleos muy demandantes durante periodos largos, desde hace más de 30 años nunca he dejado un solo día de escribir la página de la novela que estaba escribiendo. Desde hace algunos años sólo estoy concentrado en lo que escribo; la verdad, no concibo otra manera de vivir. Nunca salgo a divertirme sin haber cumplido con mi jornada de escritura”.

Para él, una novela, creativamente hablando, “no tiene que ver con nada más que con ella misma. Es un esfuerzo continuado que hago durante dos o tres años y que me tiene abducido porque las 24 horas del día estoy pensando en los personajes, tomando notas. Es mi manera de vivir la novela. Y los artículos son mi oportunidad de abordar temas de la realidad que me interesan o que me preocupan. Son también espacios donde canalizo las lecturas que voy haciendo. El artículo te obliga a pensar con mucha más rapidez, a ser mucho más claro. En cambio en la novela tienes todo el tiempo del mundo para pensar cada detalle. Es deseable que los artículos sean escritos con una prosa ágil, rápida, porque en el siglo XXI la gente ya no tiene tiempo de sentarse a leer textos demasiado largos, todo se lee ya en el teléfono. Los artículos, en suma, me integran cada tarde con el siglo XXI: los hago en la computadora, los envío por mail, los cuelgo en mi cuenta de Twitter. En las novelas sigo transportándome al siglo XIX, escribiendo en libretas a mano”.   

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