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Cultura

¿Se puede escribir sobre Rubén Blades?

Para conocer el impacto de este músico panameño hay que caminar las calles, hablar con la gente, entrar a los bares y tomarse un par de chelas con el bartender, o tal vez sólo tomar el teléfono y llamar a nuestros padres con la finalidad de hablar sobre nuestra infancia

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 months
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POR JULIÁN VERÓN

Recuerdo estar en la sala de casa de mis padres, sentado de piernas cruzadas esperando la comida que mi mamá me hacía todos los días –estaba lista cuando yo llegaba de la escuela–. Si era lunes, normalmente era arroz con vegetales y carne molida. Si era martes, tal vez un consomé de pollo antes de lasaña o pasta boloñesa.

Ya sentado en la mesa, era condición sine qua non tener de soundtrack alguna rola de Siembra, el disco de Rubén Blades que, a medida que he crecido, he denominado cariñosamente el white album de la salsa.

Hay muchos tipos de artistas. Están los que pegan una rola en Spotify y se vuelven estrellas para siempre; los que nunca tienen un gran éxito pero su obra termina siendo apreciada por el público en algún momento; y los que crecen contigo, te acompañan a tomar el consomé de tu madre y se quedan clavados en tu walkman, tocadiscos, iPod, se tatúan en tu piel e inconsciente y conforman una página clave en el libro de tu vida. Se cuelan dentro de generaciones, y su música es transferida de abuelo a padre, padre a hijo, hijo a nieto y nieto a sus amiguitos de Instagram.

Rubén Blades forma parte de estos últimos, su música es lugar obligado en el imaginario popular latinoamericano y hasta gringo: las calles de Nueva York tienen a Pedro Navaja robando gente en cada rincón oscuro donde haya alguna persona buscándose la vida y use algún sombrero de ala ancha de medio lao’.

En cualquier lugar donde brille un diente de oro, ahí estará el bueno de Rubén tomándose un café y tocando su guitarra acústica para luego ir a tomar el metro de Nueva York. Rubén Blades Is Not My Name se estrenó el jueves 15 de marzo en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara; es un documental que, por lo que vemos en el tráiler, ofrece la mejor manera de conocer a Blades: caminando por NYC a su lado, viendo cómo en alguna avenida las personas le tararean “Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar”, letra que está dentro de las venas de toda persona que alguna vez escuchó salsa.

Cada género tiene una canción importante, que rompe en dos las aguas y logra que sea conocido por la mayor cantidad posible de seres humanos. Rápidamente: “Roll Over Beethoven” de Chuck Berry, “Gasolina” de Daddy Yankee, o “Yesterday” de The Beatles, en ese renglón está “Pedro Navaja” para la salsa. Es ese tipo de canción que, aun si no te gusta el género, muy probablemente la hayas escuchado o sea tu referencia para el mismo. Es un himno, y quizá ya debemos y podemos hablar de esa rola como folclor.

El folclor define a esos ritmos y músicas que le dan un sentido de identidad y pertenencia a un pueblo; es tan profundo que, de a ratos, “son canciones que conocemos y cantamos pero no sabemos de quién son”, citando a Jack White. En esa categoría sin lugar a dudas está Blades, una persona que, a sus 69 años, puede decir que puso a bailar y pensar a tres generaciones.

¿Acaso hay alguna persona que no haya bailado “Plástico” o “Buscando guayaba”? Ojalá que no exista, por favor. Hablar del impacto que ha tenido la música de Blades es muy difícil; analizar con numeritos y letritas algo tan grande, puede ser un acto de gran ingenuidad. Es más fácil caminar las calles, hablar con la gente, entrar a bares y tomarse un par de chelas con el bartender, o tomar el teléfono y hablar con alguno de nuestros padres sobre nuestra infancia. En mi caso, de a ratos me llega la imagen de mi padre cuando escuchaba en su tocadiscos Sony Metiendo mano o Maestra vida, mientras yo caminaba por mi hogar en pañales buscando alguna fruta para meter en mi boca y dejar de estar llorando por todo el hogar. No tiene sentido que siga escribiendo sobre Blades, voy a cortar este texto abruptamente acá.

Es mejor que vayan y busquen en su servicio de streaming favorito cualquiera de sus discos, y se sienten a oír historia viva de la música en español. Es mejor escuchar música que leer sobre música. Hagan caso.

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