
Para algunos analistas, el peor escenario que podría suceder, opinan, sería la guerra sucia y la judicialización de los comicios.
P o r M A G A L I M A R L E N E J U Á R E Z
Con el inicio de 2012, México entró de lleno al proceso electoral que llevará a la renovación de la Presidencia de la República con un escenario “más competido y de más enjundia”, en el que se corre el riesgo de que el futuro del país no lo decidan los electores, sino los tribunales.
Listos o no, los actores políticos, los partidos y los propios ciudadanos, ya están inmersos en la contienda que se viene preparando desde hace varios años y que, por lo menos en el calendario, se concretará en la jornada electoral del 1 de julio.
Aunque todas las elecciones presidenciales tienen gran relevancia, en este caso el escenario político electoral perfila unos comicios de grandes expectativas en los que los candidatos y sus respectivos partidos irán con todo para tratar de quedarse con la silla presidencial.
El actual proceso tiene muchos protagonistas, pero es en el PRI donde se han concentrado los reflectores debido a que la elección de este año se avizora como la posibilidad de que regrese a Los Pinos después de dos sexenios en los que ha sufrido derrotas electorales a nivel de contiendas presidenciales.
Pero la esperanza de los priístas y de un amplio sector de la población que ven en el Revo lucionario Institucional la posibilidad de un cambio en beneficio de la nación prácticamente está asentada en los hombros de un solo personaje: Enrique Peña Nieto.
Hasta el momento, el tricolor y su abanderado presidencial siguen posicionados en un primer lugar que está muy lejano de las otras fuerzas políticas, pero este escenario todavía se puede modificar debido a que los presentes comicios estarán marcados por muchas circunstancias que los harán más competidos.
Y es que los especialistas advierten como un importante riesgo las campañas de “lodo” y de “guerra sucia” que se desarrollarán, donde el PRI y su candidato presidencial serán el centro de la atención de sus opositores, particularmente del PAN.
Señalan que a pesar de que todavía no se conoce al candidato del blanquiazul, lo que de antemano ya se sabe del partido oficial es su estilo para tratar de ganar los procesos electorales a través de campañas de desprestigio y ataques.
A este hecho se suma lo que los analistas estiman como uno de los factores más preocupantes: la intervención del presidente Felipe Calderón en los comicios para impedir a toda costa que el PRI gane la contienda federal.
Por si fuera poco, hay varios elementos que también pueden ahuyentar a los votantes de las urnas, comenzando por la violencia generada por el narcotráfico, el cual también puede participar en el proceso desde distintos rubros, incluyendo recursos y hasta el posicionamiento de candidatos.
También se debe considerar el hecho de que ésta será la primera elección presidencial en la que se aplicará la nueva legislación electoral que surgió de una reforma que precisamente trata de evitar que se repita un conflicto postelectoral como el que se registró en 2006 y cuyo principal protagonista fue quien ahora es otra vez el abanderado de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador.
Esa reforma llevó incluso a la renovación en su totalidad del Consejo General del Instituto Federal Electoral, al que los especialistas le conceden el beneficio de la duda, pero que ha sido fuertemente cuestionado por su actuación.
Y en lo que se refiere a las autoridades electorales, tampoco el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación está exento de dudas, sobre todo considerando antecedentes como el que sentó la anulación de los comicios en Morelia, Michoacán.
“Es que cualquier pretexto es bueno, cuando no le favorezca al partido oficial, que en este caso es el PAN, pues hasta cuando vuela la mosca se puede argumentar y presionar a los jueces y a los magistrados para que su decisión sea favorable a los intereses de la derecha”, advierte el politólogo José Fernández Santillán.
GUERRA SUCIA
La ventaja del PRI y de su abanderado presidencial, Enrique Peña Nieto, que ya también cuenta con el apoyo de Partido Verde y de Nueva Alianza, no sólo es evidente sino que se ha venido ratificando de cara al proceso electoral federal.
Sin embargo, los analistas estiman que de todos modos se dará una contienda competida con los representantes del PRD, PT y Movimiento Ciudadano, Andrés Manuel López Obrador, y con el que surja de las filas del PAN, cuya definición se dará entre Ernesto Cordero Arroyo y Josefina Vázquez Mota.
Aunque todavía es necesario esperar a la elección interna del blanquiazul, de antemano se perfila lo que se espera para las campañas electorales por parte de cada uno de los tres grupos políticos que participará en el proceso.
“No hay un ambiente donde se estén debatiendo propuestas y me temo que las elecciones van a ser como las que hemos visto en otras ocasiones, elecciones que se ganen más con ofertas fáciles al electorado, al mismo tiempo que se dará una guerra sucia declarada contra Enrique Peña Nieto”, precisa la coordinadora de investigación del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, Martha Singer Sochet.
Explica que es necesario esperar a conocer cuál es el camino que elegirán los panistas con su candidato, si entre la continuidad e imposición presidencial con Cordero Arroyo, o si optan por una mujer, también de derecha, con Vázquez Mota.
Pero independientemente del candidato panista, los politólogos coinciden en que la estrategia que aplicará Acción Nacional para las próximas campañas será la que ya utilizaron en otros comicios en contra del tricolor: la guerra sucia.
Singer Sochet refiere que uno de los mejores ejemplos de ese modo de conducirse desde el PAN fue la campaña que emprendió en contra del ex dirigente nacional priísta Humberto Moreira Valdés, por lo que estima que si de algo se tendrá que cuidar Peña Nieto es de la serie de ataques que se emprenderán en su contra.
Y es que señala que sus opositores buscarán “sacarle alguna cuenta pendiente” o cualquier asunto que les sirva para “bajarlo” en las preferencias de los electores y emparejar un poco más la contienda.
José Fernández Santillán considera que actualmente el PAN es un instituto político carente de credibilidad y debilitado, y no solamente por su ejercicio gubernamental, sino por su propio desarrollo interno, que lo llevo a centralizarse y a ser más autoritario.
Por ello, el profesor del Tecnológico de Monterrey indica que el PAN no tiene muchos elementos que los respalden para la contienda por la Presidencia de la República, pero advierte que lo más preocupante de este partido es la evidente injerencia que se da desde Los Pinos.
“La injerencia descarada de Felipe Calderón en las elecciones y no solamente para frenar a los otros partidos, sino para hacer que gane su precandidato en el PAN, que es Ernesto Cordero y que está metiendo las manos, es un signo de preocupación”, manifiesta.
Señala que no debería permitirse la participación del jefe del Ejecutivo federal en los procesos electorales, pero estima que no existen contrapesos que logren frenar al primer mandatario del país en lo que define como una obsesión para impedir que el PRI ocupe nuevamente la silla presidencial.
El politólogo explica que en lo que se refiere al PRI, más allá de la figura de Enrique Peña Nieto y su innegable ventaja en los comicios, cuenta con una fuerza importante que se ha venido reforzando en los últimos años, alcanzando varios triunfos electorales.
En estas victorias, comenta, es fundamental el papel que han jugado las estructuras del tricolor, las cuales se han convertido en una verdadera fuerza a nivel nacional.
Explica que a pesar de que el PAN y el PRD se unieron para enfrentar el aparato priísta, la fuerza del tricolor se ha evidenciado en comicios de gran peso como sucedió el año pasado en la elección del Estado de México, donde el PRI incluso triplicó la votación en relación con los abanderados de la oposición en la entidad.
Señala que esta misma estructura se dejó ver de nueva cuenta en la elección en Michoacán, donde a pesar de que se tuvo que enfrentar con el aparato gubernamental que favoreció a Luisa María Calderón, los priístas demostraron su fuerza.
Martha Singer Sochet explica que en el caso de Andrés Manuel López Obrador, hasta el momento no sólo ha cambiado su discurso para presentar la llamada República amorosa, sino que al perfilar lo que sería su gabinete en caso de ganar las elecciones, también está tratando de presentar un programa de gobierno.
Sin embargo, Fernández Santillán estima que la desventaja para el abanderado de las izquierdas es el debilitamiento de su estructura a nivel nacional, ya que indica que aunque el tabasqueño presume de la fuerza que representa el Movimiento de Regeneración Nacional, éste no tiene una verdadera cobertura nacional como sucede con la organización priísta.
“Uno de los principales riesgos de la elección es que la situación de deterioro del país es de tal magnitud que ni los liderazgos que están encauzando los respectivos candidatos sean suficientes como para que la ciudadanía se vea reflejada en sus propuestas y entonces la elección la vuelvan a decidir poderes por encima de la ciudadanía”, avizora la politóloga Martha Singer Sochet AL TRIBUNAL La coincidencia entre los analistas es que a pesar de que la posibilidad de un cambio y la competencia entre los candidatos han generado interés de los electores, existen varios factores que pueden ahuyentar su participación al tiempo de que la disputa entre los partidos puede llevar la elección presidencial al TEPJF.
El profesor del Tec de Monterrey, José Fernández Santillán, indica que aunque no es lo más propicio para la democracia mexicana, existe un importante riesgo de que se judicialice el proceso, y considera que lo más preocupante es que cualquier pretexto puede ser utilizado para impugnar la elección, como los que involucren a los medios de comunicación.
Y es que también el factor de los medios será determinante, explica Singer Sochet, quien considera que los spots programados por el IFE para cada uno de los candidatos no permite una real exposición de ideas y más bien puede generar hartazgo entre los electores, como sucedió con el ejercicio anterior de la elección de 2009, cuando se aplicó por primera vez la actual legislación federal.
Ambos politólogos expresan que a este factor se suma la evaluación que los ciudadanos harán de las autoridades electorales, ya que consideran que también es preocupante el papel que desempeñarán los consejeros y los magistrados electorales.
Agregan que el tema del dinero será otro rubro que se deberá vigilar con cuidado, porque a pesar de que los partidos contarán con una bolsa de mil 680 millones 560 mil 420.78 pesos para las elecciones, también el narcotráfico se involucrará con recursos o inclusive tratando de posicionar candidatos.
Los analistas advierten que ante tantos factores, lo más seguro es que en la decisión final respecto al próximo presidente del país recaiga en el TEPJF, rebasando la voluntad ciudadana que hasta el momento sigue favoreciendo al PRI.
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