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Después de 12 años de gobiernos opositores al tricolor, la próxima elección en Chiapas se visualiza como la posibilidad de que regrese el PRI, aunque sea de la mano de un candidato surgido de una coalición con sus aliados del Partido Verde y de Nueva Alianza.
Por MAGALI MARLENE JUÁREZ
En plena vorágine de la disputa por la Presidencia de la República, la elección en Chiapas representa una de las entidades en las que se recrudecerá la batalla entre las principales fuerzas políticas, sobre todo por la posibilidad de que el PRI recupere uno de sus bastiones. Los comicios chiapanecos se suman a los 15 procesos estatales —seis de gubernaturas y uno por la jefatura de gobierno del Distrito Federal— que se celebrarán este año junto con la elección federal, sin embargo, es una de las entidades en las que más se evidenciarán los choques internos de los partidos políticos y lo aguerrido del proceso electoral.
Y es que después de 12 años de gobiernos opositores al tricolor, la próxima elección se visualiza como la posibilidad de que regresen las administraciones priístas, aunque sea de la mano de un candidato surgido de una coalición con sus aliados del Partido Verde y de Nueva Alianza. El escenario no es tan prometedor para el PRD, que sumaría Chiapas a su larga lista de fracasos electorales en los estados y que difícilmente tiene la posibilidad de mantener el gobierno, por lo que más bien terminará concentrando sus esfuerzos para no perder lo que prácticamente constituye su principal bastión, el Distrito Federal.
Para el PAN, aunque el escenario no es del todo competitivo, cuenta con un aspirante bien identificado en la entidad, sobre todo entre los panistas —lo que no se traduce en un buen posicionamiento entre los electores—, además de que también resalta el nombre de uno de los políticos más cercanos del presidente Felipe Calderón y que ahora participa en el equipo de uno de los precandidatos presidenciales.
Sin embargo, si algo ha caracterizado a Chiapas en los últimos años no sólo es la difícil situación de la población —que incluso ha llevado a conflictos como el protagonizado por el autonombrado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y registró en su historia actos de extrema barbarie y violación a los derechos humanos, como la matanza en Acteal—, sino que en cuestiones político electorales, los triunfos se han atribuido a coaliciones que al final han posicionado a gobernadores que se han mantenido distantes de las fuerzas políticas que los postularon.
Por si fuera poco, los partidos que participarán en la contienda están padeciendo los impactos de las diferencias generadas por la disputa de las respectivas candidaturas a nivel local y federal, por lo que las fracturas y las separaciones internas ya comenzaron. De hecho, a prácticamente mes y medio de que comience formalmente el proceso electoral en Chiapas, el ambiente político no es el más propicio para la unidad partidaria y para que las fuerzas políticas puedan sacar de común acuerdo a todos sus candidatos.
LA SOMBRA DEL ABSTENCIONISMO
El próximo 1 de julio, los tres millones 149 mil 111 chiapanecos registrados en el padrón electoral de la entidad saldrán a elegir no sólo al Presidente de la República y legisladores federales, sino al próximo gobernador, a sus diputados locales y a los alcaldes. Dentro del promedio nacional, la participación ciudadana en los procesos electorales en el estado tiene un mayor nivel de abstencionismo y como referencia están los datos de la última elección para la gubernatura, en la cual la votación apenas alcanzó el 45 por ciento.
Por ello, para los próximos procesos no se espera que haya una modificación importante en la participación de los electores, sin embargo, este escenario todavía puede cambiar dependiendo de las disputas, acuerdos y candidatos que se definan en cada uno de los partidos que participarán en los comicios. Pero hasta el momento, las perspectivas contemplan amplias posibilidades para el PRI, que aprovechando la ventaja en las preferencias de su abanderado presidencial, Enrique Peña Nieto, pretende recuperar entidades que están en manos de partidos opositores, destacando los casos de Chiapas, Morelos y Jalisco.
Incluso los estudios de opinión preliminares que han realizado algunas casas encuestadoras posicionan al posible candidato del tricolor dentro de una alianza con el Partido Verde y Nueva Alianza, Manuel Velasco Coello, en el primer lugar. El estudio que realizó la encuestadora de Ulises Beltrán, BGC, en la que consideró a varios aspirantes por cada una de las fuerzas políticas refiere que el senador pevemista tiene el 40 por ciento de las preferencias de la población en general y el 43 por ciento entre los militantes del tricolor.
Los porcentajes registrados en el partido del sol azteca se encuentran muy por debajo de los alcanzados por el legislador, siendo el alcalde de Tuxtla Gutiérrez, Yassir Vázquez Hernández, el que obtuvo una mejor puntuación, apenas con 10 por ciento entre la población en general y 13 por ciento de los militantes, y también destacó el caso del rector de la Universidad Autónoma de Chiapas, Jaime Valls Esponda, quien más bien cuenta con respaldo entre los perredistas, con 12 por ciento.
En el caso de Acción Nacional, la casa encuestadora ubicó al ex alcalde de la capital chiapaneca, Juan Carlos Cal y Mayor como el preferido por los electores en general, con once por ciento, y también entre los panistas, donde obtuvo una votación mayor, con 25 por ciento. Sin embargo, en el caso del blanquiazul, también destaca el nombre del ex secretario particular del presidente de la República, Roberto Gil Zuarth, quien apenas alcanzó cuatro puntos porcentuales entre los electores en general, pero obtuvo una votación de 11 por ciento entre los militantes.
Dentro de los escenarios conformados por el estudio de Ulises Beltrán, se confirma que Velasco Coello lleva la delantera en las preferencias en gran parte porque es el más conocido entre los electores chiapanecos, De hecho, cuenta con un posicionamiento muy por encima de los posibles candidatos de las otras fuerzas políticas e inclusive rebasa a los aspirantes de los propios partidos de la alianza en la que participa.
LA REVATINGA
La alianza entre el PRI, el Partido Verde y Nueva Alianza abanderando como candidato a la gubernatura de Chiapas al senador Manuel Velasco Coello representa la más importante posibilidad de que el estado regrese a manos del tricolor. Sin embargo, también le ha significado importantes conflictos al Revolucionario Institucional porque algunos militantes han mostrado su inconformidad porque se ceden espacios a sus aliados, comenzando por la propia candidatura a la gubernatura y hasta la correspondiente a la senaduría del estado, que recaería en manos de Mónica Arriola Gordillo.
Pero el pleito a la gubernatura llegó a tal grado que una de las aspirantes a la candidatura priísta terminó por salirse del partido entre fuertes acusaciones contra la dirigencia nacional. La senadora María Elena Orantes decidió dejar su militancia en el tricolor porque reprochó que estaban frenando sus aspiraciones para favorecer a Velasco Coello. Ante los señalamientos, el dirigente nacional priísta, Pedro Joaquín Coldwell, aclara que su partido no tiene una crisis interna provocada por la elección de candidatos, pero reconoce que la militancia no es obligatoria, por lo que tienen “las puertas abiertas” para que cada quien decida.
Sin embargo, estima que Orantes actuó prematuramente y le reprocha que es ella quien en realidad está prestándose a un acuerdo cupular con la izquierda. Y es que el líder nacional del tricolor asegura que mientras la legisladora afirma que en el PRI ya hay un acuerdo previo, es ella quien ya pactó con Andrés Manuel López Obrador para que se le apoye en sus aspiraciones para la gubernatura, lo que tampoco generó simpatías entre los propios militantes del partido del sol azteca. “Creo que (Orantes) se va precipitadamente, censurando una presunta decisión cupular, que no existe, y, sin embargo, se va a abrazar una decisión cupular, esa sí, que sí existe, del PRD.
Las noticias por las cuales, tenemos nosotros, se va del partido, es porque ya tiene un acuerdo con Andrés Manuel López Obrador para que la hagan candidata a gobernadora en el estado de Chiapas. Entonces, esa sí que es una decisión cupular”, enfatiza. También el abanderado presidencial de la alianza Compromiso por México puntualiza que los señalamientos de la ahora senadora independiente carecen de veracidad y sustento y recuerda que no se pueden hacer acusaciones hacia un proceso que ni siquiera ha comenzado.
“Me parece que su argumentación carece de toda validez y de apego siquiera a la más estricta verdad y condición de lo que será el proceso, que aún no ha iniciado, para definir quién será el abanderado del partido en el estado de Chiapas”, subraya. Fuera del PRI, Orantes ahora enfrenta una situación en el PRD que no le garantiza que se quedará con la candidatura, ya que el propio dirigente nacional Jesús Zambrano advirtió que aunque puede participar en el proceso que realizará el partido para elegir a su candidato, “de ningún modo está asegurada la candidatura para ella”.
La ahora senadora independiente ya logró “colarse” de último momento en las encuestas del PRD, PT y Movimiento Ciudadano para definir al candidato, en cuyos resultados espera superar a los hasta ahora aspirantes naturales Yassir Vázquez Hernández y Jaime Valls Esponda. Sin embargo, los integrantes de la alianza Movimiento Progresista no sólo rechazan la imposición de otro ex priísta que recién se mete a la contienda para que se quede con la candidatura, sino que también ven con sospechosismo que ella forme parte de un plan para terminar de desarticular a la izquierda.
De hecho, el escenario para la izquierda no es prometedor y desde el propio partido del sol azteca, su líder en la entidad, Luis Raquel Cal y Mayor, advierte que una mala decisión en la elección de su abanderado al gobierno de Chiapas podría traer la derrota. Por ello, el líder local perredista insiste que es necesario que haya consensos hacia el interior y se eviten más choques entre las corrientes, como las que todavía se registró en las elecciones internas del año pasado.
El próximo gobernador de Chiapas reforzará el posicionamiento de las alianzas en los procesos electorales, pero en caso de que se confirme la candidatura y las preferencias del pevemista Manuel Velasco Coello, promete una mayor identificación y contacto con los partidos que lo postulan. Y es que mientras el actual gobernador Juan Sabines ha mantenido cierta distancia del partido del sol azteca —su triunfo lo obtuvo a través de la coalición Por el Bien de Todos—, su antecesor, Pablo Salazar Mendiguchía, quien ahora está preso, prácticamente se deslindó de los partidos que lo postularon, a pesar de que surgió de una alianza entre el PAN, PRD, PT, Partido Verde, Convergencia, Partido de la Sociedad Nacionalista, Partido de Centro Democrático y Partido Alianza Social.
Por ello, el PAN prácticamente se ha quedado fuera de los gobiernos del estado y en esta ocasión tampoco tiene un escenario prometedor, ya que no forma parte de las fuerzas políticas que realmente darán la batalla por la gubernatura. Incluso el blanquiazul tiene el problema de la definición de su candidato, ya que hasta el dirigente estatal del partido, Carlos Palomeque Archila, tuvo que salir a defender que los panistas sí tienen liderazgos en el estado, pero se pronunció por una candidatura ciudadana. Con este escenario, se espera que la disputa por el gobierno de Chiapas más bien se dará entre el PRI y sus aliados con la coalición de las izquierdas.
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