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Mundo

Comprar sin dinero

¿Sabías que empiezan a surgir en Europa tiendas donde puedes comprar sin dinero? Si quieres conocer la experiencia de primera mano, sigue leyendo y descubre cómo eliminar la cuesta de enero para siempre de tu vida

POR Elizabeth Palacios Fecha: Hace 6 months
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Enero de 2018. Empieza un ciclo nuevo, y justo para mí termina un año en el que no pude pisar las calles de mi destino favorito en el mundo. Y sí, estoy nostálgica. París, te extraño. Ya lo dije.

Además de tener cargas de trabajo considerables, uno de los principales motivos para que una persona no consiga meter su vida en una maleta y vuele a su ciudad favorita es que no siempre tenemos libertad financiera. Pero el sueño inalcanzable no es tener mucho dinero, sino tener la libertad que el dinero parece comprar.

Sin embargo, la cosa no es tan complicada, no es un asunto de cantidad sino de calidad, y aquí nos iremos más despacio. La clave no está en ganar más y más, sino en gastar menos y consumir mejor.

Una tendencia que puede ayudarnos a lograr eso es la economía circular, algo que conocí y pude EssayswebBased vivir justamente en París, Francia.

Había leído algo que sonaba como salido de un cuento de hadas, o mejor dicho, de una utopía: un lugar donde la gente donaba las cosas que no necesitaba, y que estaban en buenas condiciones para que alguien más les diera una segunda oportunidad de vida útil.

Así, mientras unas personas donaban lo que no iban a usar más, otras podían simplemente llegar y tomarlo. Sin cuestionamientos, sin entregar nada a cambio, ni dinero ni objetos en trueque. Nada. ¿Verdad que suena utópico?

El foco de esperanza de la economía circular parisina comenzó a parpadear a mediados del 2015 en el distrito 12 del mapa de la capital francesa y tenía un nombre muy claro: La boutique sans argent, que en español significa: La boutique sin dinero.

Yo tenía que ir a comprobar que esto fuera real.

Así que en la primavera de 2016 pude constatar algo que no se relataba en las notas de prensa. Resulta que estas “compras” no son ilimitadas, pues en cada ocasión que acudes sólo puedes llevarte cinco objetos, que lo mismo pueden ser prendas de vestir, calzado, libros, juguetes, utensilios de cocina o artículos de decoración, entre otras cosas.

¿Cómo fue que decidí conocer este lugar? Pues muy simple: me propuse irme con una maleta casi vacía y volver con ella llena. Aunque las cosas al final no fueron así.

Tres meses después de haber leído sobre este proyecto, tuve la necesidad de viajar a París de emergencia, casi sin dinero y sin mucho espacio para ropa, pues tenía que llevar en mi equipaje material de trabajo. En mi calendario marcaba que al día siguiente de mi llegada a Francia empezaría la primavera, así que yo creía que podría sobrevivir con chaquetas ligeras y que no necesitaría ropa de abrigo. Pero cuál sería mi sorpresa al descubrir que sólo tuvimos sol durante los primeros dos días de mi estancia allí; después, la lluvia y el frío me revelaron que el concepto de la palabra “primavera” puede ser muy diferente de un país a otro.

Así que, aprovechando que la oficina donde tuve que hacer base durante dos semanas se encontraba en el distrito 12 también, una tarde usé la hora de la comida para ir a La boutique sans argent y buscar una prenda que me protegiera del frío y la lluvia.

Me llevé varias sorpresas. La primera es que aunque me duela aceptarlo, era un proyecto en una etapa demasiado inicial y todavía con tintes filantrópicos, es decir, estaba en un local prestado por el ayuntamiento, sin una adecuada presentación de los objetos; además, abre durante periodos cortos pues quienes lo atienden son voluntarias. Al llegar allí vi un nutrido grupo de mujeres, en su mayoría inmigrantes. Esto me hizo pensar que quizá aún no permeaba lo suficiente hacia la clase media. Abrieron las puertas a las 4 de la tarde en punto y todas entramos. Me indicaron la regla de sólo cinco objetos y comencé a elegir. Fue sencillo pues tenía una necesidad muy concreta: yo tenía frío.

Elegí una camiseta térmica, un chaleco, una falda de lana, una chamarra impermeable, unas botas et voilà!, mi necesidad inmediata de abrigo estaba cubierta sin haber entregado un solo euro a cambio. Nadie me preguntó por qué estaba allí, ni si podía pagar por prendas similares en alguna tienda departamental. Nadie lo hizo porque no tenían por qué hacerlo. Si bien en ese momento había gente junto a mí que vivía en una situación vulnerable por ser inmigrantes o personas sin techo, lo cierto es que, como luego me explicaron, para quienes llevan a cabo ese proyecto es importante que cualquiera que quiera cambiar sus patrones de consumo, por consciencia ambiental, ética, o necesidad económica, tenga acceso por igual y se adentre en el mundo de la economía circular, un concepto que se interrelaciona con la sostenibilidad, y cuyo objetivo es que el valor de los productos, los materiales y los recursos naturales se mantenga en la economía durante el mayor tiempo posible, y que se reduzca al mínimo la generación de residuos.

Se trata de implementar una nueva economía –circular, no lineal–, basada en el principio de cerrar el ciclo de vida de los objetos cotidianos.

Es entonces un ciclo infinito en el que los objetos tendrían una vida más larga. Lo cierto es que en mi casa en México yo tenía suficientes abrigos, botas y camisetas y no necesitaba esas cinco piezas; por ello es que tres semanas después, tras haber llevado las prendas a la lavandería y antes de volver a cruzar el Atlántico, regresé a ese lugar para devolver las piezas que tanto me habían servido a mí, con la intención de que su ciclo de vida continuara y le sirvieran a alguien más.

Esta tienda tan singular abrió en junio del 2015 y fue todo un alboroto mediático.

Lo interesante no sólo es ir a elegir cosas, sino también ir a dejarlas. Cualquiera que entre puede entregar un objeto que no necesite, el cual debe estar limpio, en buen estado y poder transportarse a mano (o sea, no es un botadero de muebles enormes estilo Luis XV o autos chatarra).

Esta tienda nace como iniciativa de una asociación sin fines de lucro llamada Le Siga-siga cuyo propósito fue crear espacios donde las personas pudieran hacerse regalos entre sí en París, sin que mediara ni el dinero común, ni monedas alternativas ni trueque (porque experiencias de trueque sí que hay varias en muchos países, incluido México).

Más que un modelo de negocio, la organización lo que pretende es fomentar la convivencia, el fortalecimiento de los vínculos comunitarios, la economía circular y el consumo responsable basado en la recuperación y reutilización de objetos de uso cotidiano. Y justo por ir avanzando en alcanzar esta meta, el pasado mes de diciembre recibieron un reconocimiento de parte de la Fundación Francia y el ayuntamiento de París.

Realmente me siento muy afortunada de haber podido vivir esta experiencia, a partir de la cual surgió un nuevo reto en mi vida: usar la mayor cantidad posible de productos y servicios derivados de una transacción hecha con alguna iniciativa basada en los principios de la economía circular o, al menos, colaborativa.

Así comencé a aplicarlo en mi vida cotidiana y también en mis viajes. Hoy puedo decir que 90 % de la ropa, accesorios y el calzado que uso están en su segunda o tercera oportunidad de vida. Me muevo en una bicicleta que también es de segunda mano (o camino sobre unas botas que ya llevan tres años conmigo, con mis pies como segundo hogar) y además de vivir con la conciencia tranquila por reducir mi muy personal impacto ambiental, he dejado de tener cuesta de enero. ¿Porqué? Pues simple: porque se vive más feliz mientras menos se acumulan objetos innecesarios. Y tú, ¿quieres descansar de las compras compulsivas y darle nuevas oportunidades a los objetos usados para que prolonguen su vida útil?

Principios de la economía circular

• Eco-concepción: considera los impactos medioambientales a lo largo del ciclo de vida de un producto y los integra desde su concepción

• Ecología industrial y territorial: establecimiento de un modo de organización industrial en un mismo territorio caracterizado por una gestión optimizada de los stocks y de los flujos de materiales, energía y servicios

• Economía de la “funcionalidad”: privilegiar el uso frente a la posesión, la venta de un servicio frente a un bien

• Segundo uso: reintroducir en el circuito económico los productos que ya no correspondan a las necesidades iniciales de los consumidores

• Reutilización: reutilizar ciertos residuos o ciertas partes de los mismos, que todavía pueden funcionar, para elaborar nuevos productos

• Reparación: encontrar una segunda vida a los productos estropeados

• Reciclaje: aprovechar los materiales que se encuentran en los residuos

• Valorización: aprovechar energéticamente los residuos que no se pueden reciclar

Fuente: economiacircular.org

Razones para apoyar la economía circular

1. Uso eficiente de los recursos

Adquirir productos nuevos implica que pasaron por procesos de producción que generan un impacto directo en el medio ambiente. Europa apuesta –como parte de su estrategia económica– por un crecimiento inteligente, sostenible e integrador. Esta tendencia cuenta con el respaldo del Parlamento Europeo y el Consejo Europeo, con el propósito de crear un marco político destinado a apoyar el cambio a una economía eficiente en el uso de los recursos y de baja emisión de carbono.

2. Acabar con la economía lineal

El sistema lineal –basado en procesos de extracción, fabricación, utilización y eliminación– ha alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. Por lo tanto, la economía circular propone un nuevo modelo de sociedad que utiliza y optimiza lo que ya ha sido fabricado.

3. Generar empleos de bajo impacto

La economía circular y el sector de la gestión de los residuos representan miles de puestos de trabajo actualmente en Europa.

4. ¡Adiós basura!

Esta economía consigue convertir nuestros residuos en materias primas, paradigma de un sistema de futuro. En un contexto de escasez y fluctuación de los costos de las materias primas, la economía circular contribuye a la seguridad del suministro y a la reindustrialización. Así, los residuos de unos se convierten en recursos para otros. El producto deberá entonces ser diseñado para ser reparado, deconstruido y finalmente reciclado, y no para que termine en un basurero.

Fuente: economiacircular.org

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