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Mundo

El deporte rey/reina

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En Europa es innegable que el camino hacia la igualdad entre hombres 
y mujeres en el futbol avanza sin pausa, y sin prisa. La exseleccionada 
por Alemania, Nadine Kessler, nos cuenta de su trabajo 
para acelerar este cambio

POR Revista Cambio Fecha: Hace 5 months
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POR LUCÍA BURBANO

Apuesto una cena a que a 9 de cada 10 lectores les resulta familiar el nombre de Cristiano Ronaldo, el ganador del último Balón de Oro que reconoce al mejor futbolista del año. Y que, al contrario, a muy pocos les sonará el de la holandesa Lieke Martens, galardonada con el mismo premio que el portugués tras conquistar la Eurocopa de Holanda con su selección y haber sido proclamada la jugadora más decisiva del torneo.

Al desconocimiento generalizado que existe sobre los equipos o las estrellas que forman el universo del balompié femenino, hay que añadir el enorme agravio comparativo, económicamente hablando, existente entre ambos sexos: la estrella del Real Madrid cobra 21 millones de euros netos por temporada, mientras que la mejor jugadora del FC Barcelona Femenil percibe 180 000 euros anuales, que es mucho menos de lo que Ronaldo gana a la semana: la friolera de 416 549 euros.

Pese a la brecha salarial y de popularidad que existe entre los Leo Messi, Neymar da Silva, Antoine Griezmann y las Carli Lloyd, Marta Vieira da Silva o Deyna Castellanos, es innegable y sonrojante que el camino hacia a la igualdad en este deporte avanza sin pausa pero sin prisa, al menos en Europa. Desde que Aleksander Čeferin, presidente de la UEFA –el máximo organismo europeo de este deporte– accediera al cargo en septiembre de 2016, el foco y la inversión en el desarrollo del futbol femenino ha aumentado paulatinamente.

Al poco tiempo de estrenarse en su mandato, Čeferin formó una unidad dedicada al futbol femenino liderada por Nadine Kessler, exjugadora internacional por Alemania, poseedora de un palmarés del que pocas y pocos pueden presumir: mejor jugadora del mundo en 2014, ganadora de tres Copas de Europa con el FFC Turbine Potsdam y el VfL Wolfsburg, de una Eurocopa con su país, al que representó 29 veces, y de varias ligas y copas de la Frauen Bundesliga, el campeonato alemán.

En un discurso pronunciado en el Parlamento Europeo en abril, la joven de 30 años resaltó la importancia que el futbol ha tenido y tiene en su vida: “En mi caso, me ha convertido en la mujer que soy hoy, permitiéndome desarrollar una fuerza interior y una determinación que me ha ayudado a superar los obstáculos que se presentaron en mi camino. Estoy convencida de que si no fuera por este deporte, no habría aprendido tanto sobre otras culturas, explorado tantos lugares en el mundo y entendido lo importante que es vivir de acuerdo con tus valores”.

En entrevista, la alemana comparte que se ha embarcado en una misión: guiar y contribuir a que el futbol femenino europeo goce los mismos medios, derechos, oportunidades y visibilidad de los que disfruta el masculino, aunque subraya que no es relevante compararlos porque eso obstaculiza su desarrollo y le resta foco a lo verdaderamente importante, que es dotar al futbol femenino de un espacio y un discurso propios.

Lo que cambió todo

Kessler explica que el futbol profesional femenino ha dado un paso de gigante desde que ella comenzó su carrera en 2009, y que tuvo que dar por finalizada en 2016, a los 28 años, debido a una grave lesión de rodilla. “Las jugadoras empiezan a ser íconos y cada vez es más frecuente que puedan vivir de sus carreras profesionales. Es muy importante que las jóvenes que están empezando tengan ídolos que les inspiren y que sean un modelo para las siguientes generaciones”, celebra.

La inversión de los clubes y asociaciones nacionales y el interés de los fans, la atmósfera en los estadios y retransmisiones televisivas están creciendo. Kessler afirma que el punto de inflexión fue la Eurocopa celebrada en Holanda en 2017, que superó todas las expectativas.

Ciertamente, este campeonato de naciones arrojó unas cifras nunca vistas en el futbol femenino: 240 000 espectadores apoyaron desde las gradas a las 16 selecciones participantes, y 5 476 000 se sentaron frente al televisor para ver la final que enfrentó al país anfitrión y finalmente ganador contra Dinamarca. De los 55 países afiliados a la UEFA, 43 retransmiten los partidos de sus selecciones femeninas, nueve más de los que lo hacían en 2014.

No obstante, una pequeña mancha empaña estas buenas cifras, y es que de las 16 selecciones que compitieron en la Eurocopa, sólo Alemania, Holanda, Rusia, Escocia, Suecia y Suiza fueron entrenadas por mujeres. “Somos conscientes de ello y también de que todavía no hay demasiadas mujeres que ocupen puestos técnicos tanto en el futbol femenino como en el masculino”, admite Kessler. A fin de paliar estos números, la alemana explica que su departamento ha puesto en marcha una normativa en las competiciones europeas femeninas, según la cual, el puesto de entrenador o segundo entrenador debe ser ocupado por una mujer. “Tenemos que mejorar las oportunidades en este tipo de posiciones y a la vez, no discriminar a los hombres”, agrega.

En este sentido, algunas mujeres ya empiezan a compartir el mismo espacio que los hombres en el balompié profesional. Una de las pioneras es la árbitro alemana Bibiana Steinhaus, que esta temporada 2017-18 ha dirigido partidos de la Bundesliga masculina, debutando con un Hertha BSC 1 – 1 Werder Bremen. El número de colegiadas ha ascendido en los últimos años, de 4 182 en 2014 a 10 200 en 2017, 124 de las cuáles son árbitros FIFA.

“La profesionalización del futbol femenino está creciendo rápidamente, es por ello que la estructura interna de este deporte debe seguir este ritmo pero con una cierta flexibilidad que le permita incrementar su capacidad de adaptación. Esto significa que necesitamos más personal y más inversión para alcanzar las metas futuras”, comparte Kessler.

Entre los retos que cita la máxima responsable de la UEFA se encuentran las competiciones domésticas. Las de Inglaterra, Francia, Alemania, España y Suecia son, con mucho, las más potentes de las 55 ligas femeninas que se disputan en el continente, que cuenta con más de un millón de jugadoras –827 000 son menores de 18 años.

Que clubes de la talla del Atlético de Madrid, Manchester City, Paris Saint Germain, Juventus o Arsenal cuenten con secciones y equipos en la primera división femenina es visto por Kessler como un “empuje adicional” y una oportunidad para que estos clubes sean admirados por la grandiosidad de sus equipos tanto masculinos como femeninos. No obstante, se siguen perpetrando auténticas calamidades y desajustes en materia económica: las jugadoras del Atlético de Madrid femenino recibieron una prima de 54 euros por cabeza tras ganar esta temporada la Liga Iberdrola; los del Real Madrid, que conquistaron la Liga Santander la pasada temporada, tuvieron un plus de 300 000 euros por jugador.

Esta desigualdad se debe en parte a otro de los puntos que Kessler tiene subrayado en su agenda: multiplicar la visibilidad del balompié femenino con el objetivo de atraer más fans que a su vez arrastren un mayor patrocinio que genere más inversión en este deporte. A nivel nacional, Francia es el país que más invierte anualmente, casi 10 millones de euros comparados con los 300 000 de, por ejemplo, Albania. Otras potencias como Suecia o Alemania destinan 5 y 9 millones, respectivamente. La gala es la federación más longeva junto con la de Alemania, Suecia y Serbia, todas creadas en 1970. “El futbol femenino ya no se percibe como una carga financiera sino como una inversión de futuro con el objetivo de que sea autosuficiente, no sólo en Europa sino alrededor del mundo”, expresa.

Nadine Kessler confía en que su exitosa experiencia como futbolista de élite le permita contribuir a solucionar los retos que se presentan ahora y en el futuro. “Llevo involucrada en el futbol toda mi vida. Simplemente, adoro este deporte y creo firmemente que mi pasión, combinada con mi experiencia, pueden contribuir enormemente a la visión que la UEFA tiene del balompié femenino”, asegura. Ojalá sea así.

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