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Nación

19 historias de heridas postsismo

El periodista Alejandro Sánchez se dio a la tarea de juntar a 19 colegas para que hicieran lo que mejor saben: contar las historias de las personas que vivieron de diferentes maneras los sismos que hicieron temblar nuestro país

POR Revista Cambio Fecha: Hace 1 week
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POR JAVIER PÉREZ

Conforme transcurrían los días posteriores al terremoto del 19 de septiembre de 2017, y mientras platicaba con gente cercana, el periodista Alejandro Sánchez se dio cuenta de que había una constante: la ficción dominaba las historias sobre el terremoto. “La gente no tenía mayor información de lo que estaba ocurriendo. Sabía de la magnitud de la tragedia, pero no conocía específicamente los motivos por los que los edificios se habían caído. Más allá del movimiento sísmico, había en algunos casos irresponsabilidad en las obras, en la construcción, en la supervisión”.

Así sintió la espina de 19 edificios como 19 heridas (Grijalbo), libro coordinado por Alejandro que reunió el trabajo de, precisamente, 19 periodistas sobre edificios dañados a partir de las historias de los afectados o de los familiares de las víctimas. Los reporteros cubrieron esos hechos en septiembre, aunque se les pidió retomarlas y regresar tanto como fuera necesario a entrevistar y conseguir información, pues no querían hacer una antología de notas sobre el sismo, sino una ampliación que permitiera encontrar respuestas a las preguntas iniciales a partir de textos periodísticos y narrativos de largo aliento al que la mayoría no estaba acostumbrado.

“El trabajo que cada uno hizo, lo hizo de manera gratuita. Le han dedicado meses a un texto de cuarenta mil, cincuenta mil caracteres. Fueron testigos presenciales sacrificando a su propia familia por no estar en momentos como esos. Muchas de las periodistas participantes son mamás que, además de las semanas intensas en el trabajo inicial, tuvieron la capacidad de regresar meses después y, además de hacer sus trabajos habituales, buscar un espacio para lograr una gran pieza narrativa”.

Parte de las regalías de 19 edificios como 19 heridas se donará a los damnificados del sismo de la Unidad Habitacional Tlalpan. “Si bien no les va a resolver sus problemas, es un mensaje a la autoridad: a muchos de los damnificados no se les ha dado ni la atención ni los recursos destinados tanto por países extranjeros como de la iniciativa privada. Hay una gran deuda con estas víctimas desde hace un año”.

Así, las piezas recogen desde las primeras horas de la catástrofe hasta meses después. “Es como podemos conocer las causas en lugares específicos, a los personajes, el nombre de las víctimas, a qué se dedicaban, qué hacían, para que también dejaran de ser un dígito o una cifra más de las que nos daba el gobierno de la Ciudad de México y las autoridades federales”.

Porque no es cierto, dice Alejandro, el dicho oficial de que por el tipo de sismo que fue “deberíamos casi agradecer de que no hubo mayores daños. Cuando hacemos la observación como testigos, descubrimos que el sismo tuvo que tener menos daños de los que ocasionó, por las irregularidades y las fallas en las obras. Este libro trata de ser una memoria histórica para ubicar a los personajes en su respectivo sitio en relación a lo que ocurrió en septiembre 19 del año pasado. No están enfrentando ningún juicio algunos de ellos, además muchos están tomando protesta en el Senado, ya son diputados, o están a punto de ser alcaldes o diputados locales. Es la desgracia de nuestra realidad de justicia en el país”.

Por eso, el eje involuntario resultó la denuncia. Desde los que llaman pescadores de envíos de ayuda hasta los de alto nivel, que involucran funcionarios, constructores e inmobiliarias en actos de corrupción en lo que los autores coinciden en llamar el “cártel inmobiliario” instalado en la Ciudad de México, apuntalado en el gobierno de Miguel Ángel Mancera y del que se habla pormenorizadamente en “Cártel inmobiliario: la operación desde el gobierno de Mancera”, de Paris Martínez. El tema se anticipa en “Bruma en Escocia”, de Hugo Corzo Zanabria, que habla de las pesquisas de la señora Aracely Ramírez para encontrar las razones de por qué su edificio se cayó, atrapando a su hijo de 19 años, y los de al lado no: una historia de corrupción. Por otro lado, en “Zapata 56: Benito Juárez y la corrupción inmobiliaria”, de Édgar Ledesma Gasca, se da cuenta del edificio que se cayó a un año de haberse inaugurado y sobre el que el jefe delegacional Christian von Roehrich simplemente dijo que los desarrolladores engañaron a la delegación.

A partir de un texto personalísimo, Francisco Goldman narra la falta de atención a los edificios dañados con el sismo del 85 en “Río de Janeiro 53: historia de mi hogar chilango, contada en terremotos”. Con un reportaje a la vieja usanza, Ernesto Núñez investiga la tragedia del Rébsamen y revela a la otrora anónima heroína Miss Paty, quien ayudó a salvar vidas de niños y maestras de ese colegio. Laura Toribio le pone esperanza al libro con “Hospital La Raza: con el corazón en la mano”, emotivo texto sobre el cardiocirujano pediatra David Arellano, a quien 12 días antes del 19 de septiembre, el sismo de mayor magnitud de los últimos 100 años lo sorprendió en el quirófano en medio de una cirugía a corazón abierto. Eso hacía el 19, mientras el camarógrafo y fotógrafo que acompañaban a Laura se encontraban dentro del quirófano y captaron su capacidad para continuar en medio del desastre.

19 edificios como 19 heridas es un trabajo colectivo de periodistas de medios distintos y que difícilmente podrían reunirse en un solo libro. “Luego hay mucho celo, del editor o del jefe de información o del director con su reportero, que no le permite escribir en otro medio aunque no haya firmado un contrato de exclusividad. Pero no fue mucha labor de convencimiento. Los jefes de información y los editores les dieron toda la libertad del mundo siempre y cuando no fallaran en su trabajo cotidiano durante los seis meses que se dedicaron a retomar los textos”.

La conclusión del libro, sostiene Alejandro aludiendo al texto de Paris referido arriba, es que “en la Ciudad de México está asentado un cartel inmobiliario. Nosotros le llamamos así porque es una red de funcionarios del gobierno de la Ciudad de México, entonces encabezado por Miguel Ángel Mancera, y amigos suyos de toda la vida que, además de que eran desarrolladores inmobiliarios, terminaron siendo funcionarios públicos. Y nace bajo una red de influencia sostenida desde el gobierno central. Por eso tampoco hay un proceso abierto en contra de personajes específicos porque ellos mismos estarían involucrados en muchos de los derrumbes y decesos y, sobre todo, de edificios que están superlastimados y que no han sido demolidos. Y la investigación periodística también nos advierte que si no se toman prevenciones, vamos a lamentar muchas cosas porque desafortunadamente va a seguir temblando en la Ciudad de México”.

Otra de sus denuncias es que en la capital del país no existe un mapa de alto riesgo que ubique con precisión las zonas más vulnerables, como los espacios físicos o inmuebles que no van a resistir cualquier otro movimiento telúrico. Es una labor que queda para el gobierno de Claudia Sheinbaum.

“Uno ya hizo su trabajo, pero falta que las autoridades terminen de hacer el suyo. Los periodistas que conocieron el nivel del golpe y de la tragedia no se han quedado cruzados de brazos y sostienen que hay un chorro de cosas por hacer que no se están haciendo”.

Por lo pronto, dice Alejandro, el derrumbe de una parte de la Plaza Artz Pedregal, ocurrido el 12 de julio sin sismo de por medio, les ha dado la razón en cuanto lo que llaman la voracidad inmobiliaria.

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