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Nación

A  Marte… ¿duele?

El romance con la luna es cosa del pasado, y el más guapo de la fiesta, con quien todos quieren bailar, es el planeta rojo. Sin embargo, para que la humanidad concrete su affaire marciano aún nos falta derribar algunas barreras. Aquí la historia de este amor

POR Carlos Tomasini Fecha: Hace 2 weeks
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Es mucho más probable que los millennials hayan escuchado cantar a Natalia Lafourcade aquello que decía “Te quiero de aquí a Marte… amarte duele tanto que no sé qué hacer”… a que hayan bailado con aquella que dice “Los marcianos llegaron ya, y llegaron bailando cha cha chá”. Quizá tampoco sepan que antes, en muchos lugares, como México, no usábamos palabras como “extraterrestre” o “alien”, pues el gentilicio para nombrar a algún supuesto habitante de otro planeta era “marciano”. Sí, ya sé… todo esto suena ¡tan old fashion!

Esta popular canción de mediados de los años 50 es previa al inicio de la carrera espacial que “amenizó” durante varios años la Guerra Fría y que alcanzó su clímax con la llegada del hombre a la Luna, en julio de 1969.

Pero, en realidad, desde tiempos inmemoriales, la primera meta de muchos seres humanos que miran al espacio no es la Luna, sino Marte. Quizá esto se deba a que es el planeta más cercano a la Tierra… bueno, no, ese título corresponde a Venus, que está a unos 41 millones de kilómetros, pero en realidad nadie quiere ir a Venus, básicamente porque su atmósfera y condiciones son, digamos, algo “infernales”.

En lo que sí se acerca Marte a la Tierra –pese a los casi 56 millones de kilómetros que los separan sólo en momentos muy especiales– es en las características de su atmósfera, que es más débil que la terrestre y que, según se ha comprobado, podría tener la capacidad de albergar agua líquida o congelada.

Marte –junto con Venus, Mercurio, Júpiter y Saturno– puede apreciarse a simple vista desde la Tierra, pero quizá lo rojizo de Marte lo ha hecho más llamativo para los seres humanos (de ahí lo de “cercano”).

Precisamente, el color rojizo es lo que le dio el nombre a este sensual planeta, ya que se asemeja a la sangre que, a su vez, se relaciona con la guerra, y Marte era el dios de la guerra para los romanos (el mismo que para los griegos era Ares).

Así que entre los habitantes de la Tierra existe cierta admiración y fascinación por Marte, que se ha convertido en miedo en algunos capítulos de la historia.

Uno de ellos se escribió el 30 de octubre de 1938, cuando Orson Welles adaptó la novela de ciencia ficción La guerra de los mundos para un programa de radio en el que se narraba con realismo una invasión marciana a la Tierra, y que provocó pánico en diferentes ciudades de Estados Unidos.

Así que la relación de amor-odio que tienen los terrícolas con Marte es profunda, llena de curiosidad y hasta algo morbosa y lujuriosa.

Pero todo parece indicar que el siglo XXI llegó con buenas noticias para quienes desean a Marte con todas sus fuerzas, ya que ahora existen planes de parte de diferentes países que desean viajar al planeta rojo y hasta vivir en él.

Para la humanidad, esto sería como, por fin, mudarse con aquella persona que siempre ha querido conocer en la intimidad; sin embargo, como en toda novela rosa, para que esta historia de amor se convierta en realidad, primero hay que superar ciertas “barreras”.

El pasado

Revisemos la historia reciente de este idilio. Tras llegar a la Luna (sí, aunque digan que fue un documental de Stanley Kubrick y demás teorías conspiradoras), el siguiente paso de la carrera espacial era llegar a Marte.

No obstante, tras un largo romance con la Luna, que terminó en aburrimiento, la carrera espacial se desaceleró y terminó enviando y regresando el transbordador espacial para que girara alrededor de la Tierra una y otra vez durante años.

El final de la Guerra Fría, el cambio de intereses de la humanidad y otros temas –entre ellos el dinero– finalizaron prácticamente la exploración del universo más allá de la estación espacial.

De esta manera, la exploración de Marte sería con robots, sin la necesidad de entrenar a seres humanos para el viaje, por lo que el 4 de julio de 1997, la misión Mars Pathfinder descendió con éxito en la superficie marciana, y por fin los seres humanos pudieron ver “a nivel de cancha” cómo era en realidad el planeta rojo a través de las fotografías que una nueva tecnología llamada Internet dejaba ver a prácticamente cualquier persona. Por fin los humanos vieron la verdadera cara de su adorado Marte.

En 2004, los robots Spirit y Opportunity también llegaron a este planeta en puntos diferentes con el fin de estudiar rocas y buscar agua. De hecho, encontraron rastros de agua salada que alguna vez estuvo ahí. Previamente, la Agencia Espacial Europea y la NASA ya habían colocado un par de satélites artificiales con el propósito de orbitarlo.

En 2008 llegó la sonda Phoenix para estudiar el subsuelo, el clima y la geología; mientras que en agosto de 2012, después de un par de años de retraso, llegó la misión Curiosity, que es todo un laboratorio que incluye un vehículo que envía fotos desde diferentes puntos y no del mismo, como los robots anteriores. Las fotos del suelo marciano hoy son ya algo cotidiano, por eso hay que dar el siguiente paso.

Lo que no fue

El plan original para explorar Marte no era el que conocemos actualmente. En 2006, entrevisté a José Hernández, que entonces era un astronauta de origen mexicano que todavía no viajaba al espacio, aunque estaba dentro de un selecto grupo de personas que podrían regresar a la Luna.

Tras 12 años de aplicar, por fin había sido seleccionado por la NASA un par de años antes para ser astronauta, y el plan era viajar a la Luna por ahí de 2016 en una nueva generación de transbordadores espaciales. En 2009, José viajó por primera vez al espacio y hasta tuiteó en español desde la estación espacial. Pero nunca volvió a volar en una nave espacial, ya que el programa de los transbordadores se canceló en 2011.

En la entrevista de 2006, publicada en noviembre de ese año en el periódico Reforma, Hernández futureaba y me decía que los nuevos viajes a la Luna tendrían el propósito de colonizarla, instalando ahí una estación lunar.

“Podremos llevar astronautas que se queden de seis meses a un año, y desarrollar tecnologías para que nos puedan llevar a Marte. Los que están ahora en la prepa son a los que les tocará ir, estamos abriéndoles camino”, comentaba en su acento estadounidense lleno de frases y muletillas mexicanas.

Pero ahora él y por lo menos una generación más perdieron la oportunidad de viajar a Marte… al menos como astronautas pioneros. Es decir, no podrán ser los primeros en la vida del amado planeta rojo.

El regreso

La buena noticia es que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, propuso reiniciar el plan espacial (cuyo objetivo final es llegar a Marte), lo cual también ha provocado que otros líderes mundiales reaccionen, como el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien anunció que su país tiene un “plan espacial revigorizado” que podría arrancar en 2019 (y que también tiene en la mira a Marte).

Así, varias naciones más, como India (ya envió una sonda a Marte en 2014), se reportan listas para buscar el camino hacia ese planeta y estudiar la forma de colonizarlo.

Sin embargo, esto va a llevar varios años. Si el plan espacial de los 60 hubiera continuado, seguramente en la actualidad ya serían comunes los viajes a la Luna, y Marte no sería un misterio, pero hoy hay que reducir la desventaja de un par de décadas que tiene la humanidad en este tema.

El que te va ganando

Una de las personas de todo el mundo que trabaja en algunas de estas áreas desde hace un par de décadas es el mexicano Rafael Navarro, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Él ha colaborado en varias ocasiones con la NASA y ha participado en varias misiones a Atacama. El año pasado se integró a un proyecto de la Agencia Espacial Europea en el que se encargará de investigar en cuántos días del año existen condiciones para que haya agua líquida en la superficie de Marte. Entre otras cosas, esto es importante porque permite que haya bacterias en la superficie marciana y así aumenten las condiciones de habitabilidad.

Esta misión, llamada ExoMars, será lanzada a mediados de 2020, y Navarro es el único mexicano en el equipo de 14 investigadores.

Navarro no es ningún improvisado, ya que desde muy joven se vio atraído por los temas del origen de la vida, por lo que decidió estudiar Biología, y luego cursó un doctorado en Química (era tan buen alumno que le permitieron saltarse la maestría), el cual continuó con un posdoctorado en la Universidad de Maryland, además de otros posgrados en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y la Universidad de París. Él ya lleva un largo camino avanzado para conquistar Marte.

El que quiere todo rápido

Pero, bueno, ese es el punto de vista científico; ese que primero se toma su tiempo investigando a fin de que pueda convertirse en realidad. Pero en el mundo empresarial hay alguien que ya levantó la mano para convertirse en el pionero de Marte: Elon Musk.

El creador de Tesla ha dicho que su empresa aeroespacial, SpaceX, estará lista para volar una nave interplanetaria rumbo a ese planeta en 2019 y, en 2022, ya podría enviar misiones exclusivamente con cargamento (cabe aclarar que Musk no es muy bueno para cumplir los plazos, por ejemplo, apenas hace unas semanas envió al espacio su primer cohete Falcon Heavy, mismo que había dicho que volaría en 2013).

Su meta es llevar a grupos de personas a Marte con el fin de establecer una colonia autosustentable ahí; de hecho, se rumora que él podría ser una especie de emperador de aquel planeta, aunque propone que ahí imperen las decisiones de los habitantes, con leyes fáciles de entender y sin que haya demasiadas regulaciones.

Esperanzas que da Marte

Pero dejando esta utopía aparte, el también cofundador de empresas como PayPal ha señalado que la colonización de ese mundo es, precisamente, una gran oportunidad para los emprendedores de la Tierra.

“Marte necesitará todo: desde fundiciones de hierro hasta pizzas… y realmente debería tener buenos bares”, dijo hace unos días, mitad en broma y mitad en serio.

Y es en esto último donde prácticamente toda la humanidad tiene áreas de oportunidad, porque mucho de lo que se llevaría a Marte debe empezar a producirse en la Tierra, y cuando eventualmente exista una colonia en el planeta rojo, será necesario que alguien venda productos y servicios por allá, desde tornillos y cables, hasta apps y restaurantes, todo adaptado a la que sería una nueva realidad marciana.

Hay que empezar desde hoy, pero es muy probable que los productos y servicios que llegarán a Marte todavía no se conozcan. Por ejemplo, en la carrera espacial de los 60, prácticamente nadie en el mundo sabía que 50 años después habría algo llamado Internet o smartphone.

Después de revisar toda esta historia, la conclusión puede ser que “falta mucho”, pero se puede empezar a soñar desde ahora… y quien no lo haga, puede llegar tarde a las oportunidades que brindará Marte. Será un planeta polígamo que estará dispuesto a experimentar nuevas formas de amor.

 

Lo que falta

Estos son siete pasos básicos que se necesita cumplir para llegar a Marte:

1. Entrenar en el desierto. La Estación Espacial y la Luna. Viajar a otro planeta no es algo simple, como en las películas. Requiere entrenamiento e investigación, porque nadie ha vivido en el espacio durante un periodo prolongado más allá de la estación espacial. Si se llega a Marte, lo mejor es permanecer ahí por lo menos un par de años para aprovechar el viaje. En la Tierra hay lugares como el desierto de Atacama, en Chile –el desierto no polar más árido del planeta–, en donde suelen hacerse simulaciones de cómo sería la vida en Marte, y es ahí donde hay que empezar (o continuar) la investigación y el entrenamiento. El segundo paso sería continuar los experimentos y las largas estancias en la Estación Espacial, y después ensayar instalando una base en la Luna. Al terminar todo esto, las personas y la tecnología podrían estar listas para iniciar el viaje.

2.  Una nave espacial adecuada. Hasta ahora, sólo han llegado a Marte sondas y naves interplanetarias medianas, sin embargo, para una primera misión tripulada se necesitaría una nave lo suficientemente grande que albergue a un equipo humano y al equipo tecnológico necesario para permanecer un par de años en ese planeta. Además, deberá ser capaz de regresar a la Tierra, ocupando alrededor de 240 días por cada viaje. Ninguna nave tripulada ha llegado tan lejos… vaya, ni siquiera se ha alejado mucho de la órbita terrestre. Por ejemplo, la estación espacial está apenas a unos 400 kilómetros por encima del suelo.

3. El combustible. La nave que lleve a Marte a la primera tripulación necesitará combustible con el objetivo de recorrer esa distancia, además de que debe ser suficiente para despegar dos veces y frenar al menos una vez. Además, necesitaría almacenarlo y mantenerlo durante un par de años en condiciones diferentes a la de las de la Tierra. Eso sin contar oxígeno y otros elementos. La energía nuclear es una opción, aunque hoy se experimentan varias alternativas.

4. Tecnología para llevar. Se necesitará llevar herramientas y materiales suficientes para establecerse en Marte por una temporada, por lo que tecnologías como las impresoras 3D podrían aprovecharse con el propósito de fabricarlos en el lugar. Además, el análisis de datos y la nube serán de vital importancia para elevar al máximo la misión. Los robots también serán vitales si se desea cumplir con todas estas tareas y ayudar a actividades como el despegue del viaje de regreso a casa.

4. Un traje espacial. Vivir una larga temporada en Marte con trajes espaciales como los actuales sería algo incómodo, ya que gran parte del trabajo que harán los astronautas se realizará en exteriores. Deben prever cosas como la radiación o la gravedad, además de ser utilizados varias veces y permitir libertad de movimiento.

5.  Alimentación. Será difícil llevar alimentos y agua para toda la misión, por lo que se deberá estudiar la opción de producirlos allá. Como en la película The Martian, donde el protagonista arma su propio huerto, deberán utilizar técnicas como la hidroponía en vez de usar el suelo marciano a fin de sembrar alimentos. El agua también se deberá producir en Marte en un laboratorio, algo similar a lo que ya se hace en la estación espacial, aunque a mucho menor escala.

6. Dinero. La misión requerirá fondos suficientes que la garanticen de principio a fin. Sería muy peligroso que a la mitad de esta se acaben los recursos o algún político decida cancelarla. Además, se deben considerar los avances tecnológicos para incorporarlos poco a poco, lo cual también suele costar mucho dinero. Tan sólo llevar al hombre a la Luna, en los 60, le costó a Estados Unidos 20 400 millones de dólares de los de entonces, que equivaldrían a unos 114 500 millones de dólares de hoy. El amor por Marte es caro, pues.

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