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¿A qué le tiras cuando sueñas, millennial?

Mientras que nuestros papás nos aseguraron que la clave del éxito era tener una casa, un coche, un matrimonio y un empleo, los jóvenes de hoy están lejos de aspirar a esas cuatro reglas y sólo sueñan con una: un trabajo para disfrutar la vida

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 weeks
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POR ROGER VELA

Los millennials mexicanos crecimos con objetivos claros que nuestros padres nos inculcaron cuando empezamos a crecer y a preocuparnos por nuestro futuro. Como si fueran mandamientos religiosos, nos hablaron de las cuatro reglas básicas para triunfar en la vida: tener un buen empleo, una buena casa, un buen coche y un buen matrimonio: las cuatro claves del éxito, según nuestros progenitores. La verdad es que les fallamos.

Y es que a pesar de que a muchos de los millennials –nacidos entre principios de los años 80 y finales de los 90– aún les importa cumplir al pie de la letra esos mandamientos, la mayoría busca otro tipo de cosas. El cambio generacional es evidente: mientras que a nuestros abuelos les importaba trabajar con el fin de mantener familias de más de cinco hijos, la meta de nuestros padres era tener un patrimonio; y la nuestra es vivir experiencias, disfrutar la vida.

Preferimos viajar que comprar un auto; iniciar nuestra propia empresa antes de endeudarnos por 20 años para tener un departamento; y continuar nuestra formación académica, quizá en el extranjero, antes que casarnos. Pero en materia de empleo, al parecer sí buscamos lo mismo que nuestros padres.

Desde un inicio supimos que no sería fácil, sobre todo la primera vez que nos enfrentamos al mundo laboral en el que nos pedían cierto grado de estudios, mucha experiencia, disponibilidad total –incluidos fines de semana–, tres cartas de recomendación y un currículum impecable, con el propósito de trabajar en un call center y ganar por comisiones menos del salario mínimo.

En ese entonces el dinero no importaba mucho. Estudiamos la preparatoria y nuestro salario sería gastado en ropa, conciertos, salidas ocasionales, tal vez en libros, pasajes y en colaborar en pequeñas porciones con el gasto familiar.

Pasó el tiempo e ingresamos a la universidad con la idea de que al finalizar obtendríamos el empleo soñado, por el que nos desvelamos cinco años de nuestra vida. Un trabajo con todas las prestaciones de ley, bien pagado, en horarios laborales flexibles, en un agradable ambiente laboral, con opciones de crecimiento, bonos de productividad, vacaciones pagadas y, sobre todo, acorde con lo que estudiamos. La ilusión con la que crecimos por fin se haría realidad.

Pero eso no ocurrió. Hay pocas historias de éxito. Las ofertas laborales eran tan alejadas de nuestras perspectivas de vida que muchos decidieron vivir de becas educativas, algunos se arriesgaron a emprender y otros a trabajar en el negocio familiar; sin embargo, muchos se aferraron a conseguir un trabajo en el que pudieran aplicar sus conocimientos universitarios. Eso dejó un gran abanico de expectativas sobre lo que nuestra generación espera de un empleo.

Por ello pregunté entre mis distintos círculos de amigos –los de la secundaria, los de la preparatoria, los de la universidad, los colegas con los que trabajo, los de mi viejo barrio y hasta los que se fueron a vivir al extranjero– sobre sus aspiraciones laborales y cómo estas han influido en sus planes de vida. Las respuestas son un arcoíris de ideas que nos dan muestra de lo que buscan los millennials cuando se habla de trabajo.

“Aspiro a no morirme de estrés con la dinámica de trabajo que llevo, a que me alcance para vivir y para ahorrar”, me dijo Pedro; tiene 31 años y realiza investigación social. “Yo deseo ganar lo suficiente para tener una vida digna, que me guste lo que hago y que me permita tener una vida social plena”, me comentó Pamela, una chica de 24 años que recién empieza una carrera como periodista aunque cursó Estudios Latinoamericanos.

Vanessa, una abogada de 27 años del norte del país, me respondió: “En materia económica pretendo obtener un ascenso y así tener mayores percepciones, todo derivado de mis conocimientos adquiridos y de mi trabajo, además busco disfrutar mi profesión y  dejar por lo menos una huella con mi labor”.

Cristopher, un fotógrafo de 34 años, me dijo de forma tajante: “En materia económica busco tener lo suficiente para viajar. No aspiro a comprar un Ferrari, no porque no me guste, pero puedo vivir sin uno, pero también buscó dejar huella con lo que hago, ser un referente para las nuevas generaciones. Y bueno, soy feliz porque me pagan por hacer lo que me gusta, aunque la verdad a veces yo termino pagando”.

“Si te lo puedo resumir en una palabra es: estabilidad”, me dijo Tay, una chica de 27 años que estudió Pedagogía y trabaja como profesora adjunta en la UNAM. Me aseguró que pretende un equilibrio, desde lo emocional hasta lo económico, con el fin de poder disponer mejor de sus ingresos y no andar tronándose los dedos por no saber si le va a alcanzar para los gastos básicos.

Algo similar me respondió Marisol, una periodista de 26 años que estudió Administración de Empresas: “Me gustaría que el trabajo que desempeño fuera justamente retribuido para poder tener una vida digna, sin carencias”.

Dos personas me contestaron que no tienen aspiraciones, una más quiere poner su propio negocio y otra darle lo necesario a sus hijos para vivir. Ninguna me respondió sobre comprar una casa o pagar un auto a corto plazo, sólo una me dijo que quiere ahorrar para su boda, pero nadie más habló de matrimonio.

Es decir, la mayoría aspira a tener un empleo con el objetivo de llevar una vida más o menos estable en materia económica, que les permita realizar actividades que los haga felices. Tal vez “felicidad” es una palabra que no mezclaban nuestros padres con “empleo”. Parece que ahora privilegiamos el ser feliz sobre las cosas materiales, quizá porque la dificultad para obtenerlas nos ha hecho desecharlas de nuestras ambiciones.

No obstante, ¿a qué realidad se enfrentan los millennials? De acuerdo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), los mexicanos de entre 20 y 29 años representan el 23 % de la población ocupada del país –cerca de 12 millones–, lo que no significa que tengan un trabajo formal o que estén dados de alta en el seguro social. Pueden ser comerciantes, nuevos emprendedores o freelanceros.

Asimismo, ese grupo de edad forma parte del 43 % de los ciudadanos desocupados –unos 23 millones–: puede ser porque están estudiando o porque no estudian ni trabajan. Todo esto en una nación donde el ingreso promedio de la población es de 6 117 pesos mensuales, por lo que se ve bastante difícil que logren sus aspiraciones con un salario de 3 000 pesos a la quincena.

Este gris panorama no es exclusivo de México. Por ejemplo, en Europa, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 54 % de los jóvenes está contratado bajo un esquema de empleo temporal, lo que significa que no tiene seguridad económica a corto plazo.

Por otro lado, si bien los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) muestran que actualmente en México hay aproximadamente 30 millones de millennials y que en 2025 formarán el 75 % de la fuerza laboral del país, no todos buscan empleos informales. La Encuesta millennials 2017. ¿En qué mundo quieren habitar?, elaborada por la consultora Deloitte México, revela que el 65 % de ellos prefiere tener un trabajo formal de tiempo completo en lugar de ser freelance en periodos de crisis e incertidumbre como este.

Pero no todo está perdido. Las empresas conocen la importancia de esta generación para sus fines comerciales, por ello buscan adaptar los puestos de trabajo a la creciente demanda millennial. De acuerdo con el Banco de México, las características de esta generación y el actual entorno competitivo de las compañías han demandado el desarrollo de nuevas estrategias de manejo de personal por parte de las empresas.

“Entre ellas destacan un relativamente mayor uso de la capacitación del personal y de los beneficios económicos en todas las regiones del país. Esto muestra el dinamismo del mercado laboral ante los cambios tecnológicos y generacionales que enfrenta actualmente”, señala la institución.

Algo queda claro: los tiempos cambian y las dinámicas laborales se adaptan a ellos. En pocos años se cumplirá la frase que nos repetían constantemente en la primaria: “Ustedes son el futuro de México”.

Habrá que ver si nuestra generación está realmente lista para ser la rueda que haga girar a este país. Las expectativas las tenemos, esperemos cumplirlas ante lo opaco que se ve el horizonte y así cumplir nuestros propios mandamientos.

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