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Nación

¿Basura? ¡No!… Energía

Foto: Especial

Nopaleros de Milpa Alta, al sur de la Ciudad de México, hoy son emprendedores y pioneros en la producción de energía sustentable a partir de residuos agrícolas

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 semanas
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POR MARTHA PSKOWSKI

“Primero, soy productor de nopal”, dice Luis Dirceo Alvarado Ramírez, de la mesa directiva del Centro de Acopio del Nopal-Verdura en Milpa Alta. Y es que ahora los nopaleros de Milpa Alta también son pioneros en la tecnología sustentable.

En junio, abrieron en el Centro de Acopio la primera planta de biodigestión anaeróbica de residuos orgánicos en el país, donde transforman desechos del nopal para producir biogás, energía eléctrica y biofertilizante. La empresa Sustentabilidad en Energía y Medio Ambiente (Suema) construyó la planta, con apoyo de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (Seciti) y la Delegación Milpa Alta.

Después de una fase de estabilización, la planta producirá 170 metros cúbicos de biogás por día, que serán transformados en 175 kilowatts hora de electricidad, con la finalidad de usarla en las instalaciones del Centro de Acopio.

Mientras la Ciudad de México busca soluciones para eficientar el manejo de la enorme cantidad de residuos generada cada día, en Milpa Alta ya muestran el potencial de la transformación de desechos orgánicos en energía renovable. A la vez que eliminan gastos y mitigan la contaminación pues ahora ya no es necesario llevarse esa “basura” a ningún lado.

A LA VANGUARDIA

En el extremo suroriente de la Ciudad de México, la mancha urbana llega al bosque. En el Centro de Acopio, ubicado en el barrio San Agustín de Milpa Alta, los cerros hacia el sur proporcionan un ambiente fresco. Camionetas entran y salen con su carga de nopales.

“Tenemos la fortuna de contar con un bosque enorme”, dice Alvarado Ramírez, quien se alegra de que todavía haya venados, coyotes, conejos y tlacuaches aquí.

Pero no sólo es fortuna pues los residentes de Milpa Alta han luchado a fin de mantener su tradición rural y campesina. Alvarado Ramírez es moderado, aunque orgulloso, cuando habla de su pueblo y enfatiza que Milpa Alta se ha caracterizado por ser un pueblo que acepta todo aquello que represente un beneficio común.

La delegación de Milpa Alta está conformada por 12 pueblos y tiene un 90 % de efectividad en la separación de basura, el mejor índice de toda la ciudad. Aquí se recoletan 80 toneladas diarias de residuos, y 27 de estas son orgánicas.

Suema es una empresa fundada por tres ingenieros de la UNAM y se dedica a desarrollar tecnologías sustentables en México.

“La planta surge del sueño de los socios de Suema por combatir uno de los problemas ambientales más constantes del país, que son los residuos sólidos urbanos”, explica Diana Mojica en las oficinas de esa compañía. “Decidimos tratar la parte orgánica porque simplemente ha sido considerada basura. Pero tiene un valor”. En efecto, parece que todos olvidamos que los residuos realmente pueden transformarse y generar valor.

Diez por ciento de los residuos orgánicos en la Ciudad de México vienen de los mercados, y por ello decidieron atacar el problema empezando en este sector. Observaron que en el Centro de Acopio tenían una separación de basura muy efectiva, y que podría ser un sitio adecuado para un biodigestor. Entonces Suema diseñó la planta biodigestora; tomó en cuenta factores como el clima, el tipo y volumen de los residuos. Entre Suema y el Seciti, sumaron la inversión necesaria con el propósito de construir la planta, y la obra empezó en 2014.

Aunque en países como Alemania los biodigestores son comunes, esta todavía es una tecnología poco desarrollada en México.

“Es la primera planta instalada dentro del sitio de producción”, explica Mojica. “Las otras que existen están en otro sitio, y tienen que llevar hasta allí los residuos”. En busca de que esta planta tuviera el menor impacto ambiental, la diseñaron con el objetivo de reciclar todos los insumos en el mismo lugar, incluso el agua.

CAPITAL DEL NOPAL

La tradición agrícola de Milpa Alta también permite que este sea un sitio muy atractivo para invertir en un biodigestor. Y es que en la planta se produce fertilizante que es utilizado por los mismos productores locales, porque aquí el nopal es el motor económico. La cosecha cada año es de alrededor de 250 000 toneladas y es la principal generadora de empleo.

Antes, los productores vendían en las calles. Sin embargo, en el año 2000, la delegación decidió construir un espacio para el comercio de este cacto, y fue entonces que el Centro de Acopio abrió sus puertas.

El Centro se divide en tres naves, donde entran las camionetas recargadas con nopales. Los compradores vienen de mercados y tianguis de la Ciudad de México y ciudades como Querétaro, Puebla e incluso Monterrey con la finalidad de comprar los cactos de Milpa Alta.

Al caminar por las filas del Centro, se observan cientos de cajas y canastas llenas de nopales. Son divididas para venderlos por tamaño –pequeño, mediano y grande–, ya sea limpios o con espina.

Mientras unos esperan a los compradores, otros productores desespinan los nopales, con la práctica perfeccionada durante años en el oficio. Después, pasan los desperdicios de la espina a un contenedor de basura y luego los procesan en el biodigestor.

Alvarado Ramírez, de la mesa directiva, explica que antes las mujeres sembraban nopal y otras verduras en los traspatios, mientras los hombres mantenían la milpa, y no fue sino hasta los años 70 que empezaron a comercializar este cacto.

La planta biodigestora les ha revelado que el nopal no sólo es un producto de mucha tradición en Milpa Alta, también tiene ahora un papel importante para aspirar a un futuro sustentable.

LA TRANSFORMACIÓN

Suema describe la planta de tratamiento de residuos como un cuerpo humano, que consume productos orgánicos a fin de convertirlos en energía. Después de introducir los residuos al biodigestor, un sistema de calentamiento solar genera la temperatura necesaria para detonar el proceso de digestión. En el tanque de digestión anaerobia –que comparan con un estómago– hay bacterias que “comen” los residuos. Los productos de este proceso anaeróbico son biogás y lodo.

El biogás se convierte en energía eléctrica que se usa en el mismo Centro de Acopio mientras el lodo sirve como fertilizante y se distribuye a los productores. De esta manera, todos los beneficios regresan a la comunidad.

“Cuando haces la biodigestión en el sitio permites a la gente acercarse, entender y querer a la tecnología”, dice Mojica.

La planta ahora está en una fase de estabilización, y procesa entre 1 y 1.5 toneladas de residuos por día. Esta fase sirve para acostumbrar a las bacterias a procesar los residuos orgánicos porque, aclara Mojica, “es como un bebé que tiene que aprender a comer”.

Al terminar esta fase, el biodigestor podrá procesar hasta tres toneladas diarias de residuos.

MODELO A SEGUIR

Los beneficios de tratar los residuos en sitio son múltiples. “Reduces el número de rutas de traslado de residuos, dejas de contaminar con los camiones, y evitas la saturación de tráfico”, dice Mojica. En lugar de consumir energías fósiles, el Centro de Acopio ahora utiliza electricidad limpia generada en el mismo sitio.

En toda la Ciudad de México, cada día se trasladan 12 840 toneladas de residuos. El Gobierno de la ciudad paga casi un millón de pesos diarios para transportarlos.

En el caso del Centro de Acopio, el biodigestor va a reducir 96 % los costos del traslado de los residuos. Con estos ahorros, el costo de inversión en la planta biodigestora se recuperará en pocos años. “La planta de Milpa Alta es una muestra que sí funcionan los biodigestores”, comenta Mojica.

El Gobierno de la capital ha propuesto construir un biodigestor en la Central de Abastos desde hace más de un año, esto debido a que cada día este gran espacio de distribución y comercialización genera 2 000 toneladas de desechos. Sin embargo, el proyecto está parado hace meses.

A pesar de las dificultades, Suema busca replicar la experiencia de Milpa Alta. Las delegaciones de Iztapalapa y Miguel Hidalgo trabajan ya con Suema con el propósito de diseñar biodigestores para residuos de mercados, tianguis y áreas residenciales.

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