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Nación

Cada calle, un jardín

Con el paso de los años, las zonas urbanizadas han fracturado el equilibrio ambiental, afectando sus recursos vitales y la calidad de vida de los habitantes; sin embargo, existe una tendencia para regenerar los ciclos, como los jardines infiltrantes que están rehabilitando los ecosistemas en plena Ciudad de México

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 weeks
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POR SEBASTIÁN SERRANO

Todas las mañanas, a medida que camino por las calles del centro de Tlalpan, observo los enormes árboles centenarios que con sus largas ramas se expenden hacia el cielo y me hacen sentir en una enorme fortaleza verde. La sensación aumenta cuando llego a la calle Calvario: me siento como si atravesara un bosque, sólo se escuchan los pájaros y los insectos, incluso al pasar en invierno veo la niebla de la mañana; nadie imaginaría que  esa calle desemboca en Insurgentes.

Por eso cuando escucho al urbanista Gustavo Madrid decir que cada calle se puede convertir en un jardín y cada banqueta en un bosque, creo que sí es posible. Me explica que su visión nace de comprender que las áreas urbanas son un hábitat natural transformado, intervenido, maltratado, que debe ser regenerado y recuperado, para lo cual es fundamental concebir el espacio público como un sistema vivo.

En gran parte del mundo las ciudades empiezan a comprender que las zonas urbanizadas han roto con el delicado equilibrio ambiental, afectando de forma directa sus recursos vitales y la calidad de vida de los habitantes. Por eso se ha generado una tendencia global con el fin de desarrollar estrategias innovadoras que buscan regenerar los ciclos ambientales y disminuir el impacto del desarrollo.

La Ciudad de México y la zona que la rodea, se desarrollaron ocupando y secando lo que fueron tres grandes lagos. Esa mancha de desarrollo se ha ido ampliando hasta deforestar y llenar de asfalto y concreto las zonas boscosas y las barrancas que rodean el valle. Por si eso fuera poco, tal desarrollo monstruoso –por la magnitud y descontrol con el que se ha llevado a cabo–, también ha destruido, contaminado, entubado y modificado  los ríos y los arroyos que en algún momento alimentaron la urbe. El estado de vulnerabilidad en el que se encuentran las fuentes de agua que una vez tuvo este fértil valle, ha provocado que, irónicamente, esta ciudad que antes fue un lago, ahora carezca  de agua.

Además, como se ha visto en los últimos días, en la CDMX recibimos mucha agua de lluvia en eventos muy puntuales y cortos, con una intensidad muy fuerte. Si se tuviera la infraestructura adecuada, estos torrentes de agua que inundan las calles podrían ser retenidos y absorbidos por la tierra, para que mediante un proceso natural recargaran el acuífero, nuestra principal fuente de agua.

Por eso Gustavo considera que gran parte de la solución está en recuperar esas calles que hemos menospreciado, y que precisamente tenemos que volver a integrar; reconocerlas como un ecosistema, con sus árboles, con los hábitats que están ahí y que puede ser una infraestructura ideal con qué retener y absorber el agua en época de lluvia.

Estos proyectos se pueden aplicar en camellones, banquetas, incluso en estacionamientos con el propósito de que incrementen la capacidad permeable. “Los jardines infiltrantes se pueden reproducir y regenerar ecosistemas que han sido tergiversados, reconstruyendo hábitats para que haya abejas, insectos, pájaros y que vuelvan a nutrir los sistemas naturales, con todos los beneficios que trae un área verde: seguridad vial, paisaje, retención de agua y mitigación de inundaciones, incluso captura de carbono”, agrega el urbanista.

AUTORIDADES Y ESPACIO PÚBLICO

Me comenta que él empezó con esta labor desde hace más de 10 años en Oaxaca, y que convencer a las autoridades en un inicio era difícil e implicaba mucho tiempo en reuniones y explicaciones. “Tienes que tener mucha paciencia, darte cuenta de que no es sencillo para la administración pública entender estas soluciones. Fue un proceso de ruptura complejo para que apostaran por hacer las cosas de otro modo”.

Sin embargo, la doble problemática cada vez más generalizada en México –la falta de agua en las ciudades y las inundaciones durante la temporada de lluvia– ha empujado a las autoridades a fijarse cada vez más en este tipo de aplicaciones. Precisamente a finales del 2016, la delegación Miguel Hidalgo le encargó al taller de Gustavo, eeTestudio, y a un grupo de expertos, elaborar un plan hídrico en donde analizaron el territorio de la delegación y su ciclo del agua, con el fin de generar una estrategia de implementación de proyectos en las zonas susceptibles que presenten las mejores condiciones para llevar a cabo intervenciones puntuales.

Ese año iniciaron la construcción del primer jardín infiltrante en Legaria que, según la descripción del proyecto, tiene una superficie de 380 m2 aproximadamente, de los cuales 120 son áreas de infiltración, 110 corresponden a una plaza equipada y el resto a circulaciones. Debe tener la capacidad de gestionar unos 300 m3 de agua, que en su mayoría son absorbidos por el subsuelo, luego de ser filtrados. A partir de ahí ha elaborado otros seis proyectos en los cuales están sustituyendo banquetas impermeables por otras que son infiltrantes, la mayoría a lo largo de la colonia San Miguel Chapultepec, en la zona que se encuentra entre el Circuito y Constituyentes.

Me comenta Gustavo que estos proyectos se han ampliado en algunas zonas de regeneración urbana, como en el barrio Granada. A partir de la iniciativa de los vecinos, el apoyo de la delegación Miguel Hidalgo y el aporte de un grupo inmobiliario, se integraron espacios como el mercado, una cancha deportiva y las calles, para hacer un ambiente más seguro y aprovechable por los habitantes de la colonia.

Dos temas fundamentales a tomar en cuenta si se desea que tengan éxito estos proyectos de infraestructura urbana son la operación y el mantenimiento. Cuando le pregunté a Gustavo al respecto, me comentó que lo primero que hicieron fue idear un sistema que requiriera el mínimo posible de reemplazos, donde además el mantenimiento fuera reducido y simple –prácticamente recoger la basura y podar la vegetación al momento que se requiera–. Sin embargo, para asegurar su funcionamiento diseñaron un manual sencillo, y antes de que iniciaran las obras en la delegación Miguel Hidalgo, se creó un área de mantenimiento encargada exclusivamente de esta infraestructura, con un presupuesto asignado y con rondas de revisión programadas.

PRIMERO LOS ÁRBOLES

Como se señala en el Plan Hídrico de la Miguel Hidalgo: “Una gran superficie del territorio de la delegación y la ciudad misma son sus calles, estas ocupan aproximadamente una cuarta parte de la superficie urbana y contienen sin duda alguna la mayor masa vegetal de la urbe. Son las calles el espacio público predominante de cualquier ciudad y donde se pueden empezar a gestionar soluciones”.

Lo menos deseable, de acuerdo con Gustavo, es que estas aplicaciones de infraestructura verde se conviertan en una moda pasajera, que se queden atoradas y que no se les dé la continuidad y el impulso que requieren, por eso espera que trasciendan con el objetivo de que se conviertan en una política pública y se adopten como práctica estandarizada. Espera que cada intervención que se realice en una calle de la Ciudad incluya soluciones infiltrantes para manejar el agua de lluvia en vez de descargarla en el drenaje de aguas negras. Según él, la infraestructura verde-azul se debería convertir en una práctica normal, como instalar los cables de la luz o del teléfono. “Constantemente se hacen intervenciones en las banquetas o las esquinas, se trata de miles de metros cuadrados de concreto o asfalto que se podrían transformar en miles de metros cuadrados de espacio verde permeable”.

Estas intervenciones realmente implicarán una mejora en los lugares que transitamos en nuestro día a día, para convertir cada banqueta en un jardín y cada camellón en un parque. Por eso cuando hago equilibrios con la finalidad de pasar sobre las banquetas levantadas por las raíces, o cuando tengo que hacer mi paraguas a un lado para esquivar una rama, aunque me moje, repito mi mantra: “primero los árboles”; porque honestamente considero que tenemos que volver a generar una ciudad en donde los árboles recuperen su importancia central para nuestra vida, nuestro aire, nuestra agua; son primordiales por encima de vías, coches y estacionamientos. Es el primer paso si deseamos darle otra forma a esta ciudad y que cada calle se transforme en un bosque.

 

Cómo funciona un jardín infiltrante

– En la actualidad, el suelo tiene diferentes capas ya compactadas debido al proceso de urbanización, a las cuales hay que regresarles su capacidad de absorción. Entonces, se deben retirar las primeras capas de tierra y sustituirlas por materiales que permitan el paso del agua.

– El diseño del jardín depende de las condiciones del sitio, del tipo de suelo. Es importante colocar los elementos que ayuden a que el agua sea absorbida.

– Las plantas son una parte integral del diseño: deben ser resistentes y a la vez tener la capacidad de absorber y filtrar el agua, así que es esencial seleccionar la paleta vegetal adecuada.

– Cuando llueve, el agua que va por la calle entra en el jardín infiltrante, y pasa por un sistema de celdas que inicia con una trampa metálica para sedimentos; la basura se queda atorada desde los primeros filtros.

– En caso de que el suelo ya esté saturado porque ya ha recibido demasiada agua, el sistema cuenta con una coladera que evita que ingresen basura, hojas o ramas al sistema. Luego recibe el agua y la descarga hacia un tubo subterráneo que por un lado retiene ese exceso de agua, aunque también cuenta con hoyos a lo largo sus paredes para permitir que el agua se vaya dispersando y sea absorbida por la tierra a medida que corre por el sistema.

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