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Nación

Cada quien su reforma energética

La energía es un tema sensible en los proyectos políticos de quienes aspiran a la presidencia de México. Mucho dinero, contratos jugosos que abren el apetito de los inversionistas y una discusión eterna respecto a la soberanía nacional rodean la política energética pero, ¿y la sustentabilidad?

POR Revista Cambio Fecha: Hace 1 month
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POR ÓSCAR BALDERAS

Durante 75 años, 15 palabras del presidente Lázaro Cárdenas se repitieron como una máxima absoluta en la política mexicana: “Gobierno o individuo que entrega los recursos naturales a empresas extranjeras, traiciona a la patria”.

Desde 1938, el año de la Expropiación Petrolera, la frase parecía más un mandamiento en piedra que una ley que en algún momento pudiera adaptarse a los nuevos tiempos. Pero hace cinco años, aquello que parecía una verdad absoluta se relativizó: el 20 de diciembre de 2013, luego de varias negociaciones en las cúpulas de los principales partidos políticos del país, el presidente Enrique Peña Nieto promulgó una reforma constitucional para que empresas extranjeras pudieran participar en el millonario negocio de los recursos naturales mexicanos. El sector energético, lo mismo en las ramas del petróleo que del gas o la electricidad, podría recibir inversiones privadas con el objetivo de potenciar las riquezas que esconde el subsuelo mexicano.

Este cambio de paradigma obliga a los candidatos presidenciales a repensar cómo conducir la economía nacional y cómo garantizar energías accesibles, limpias y suficientes para las y los mexicanos.

Más allá de los intereses que alrededor del sector energético existen, también hay  compromisos internacionales que México tiene en materia ambiental y de combate al cambio climático, lo cual, de alguna manera, obliga al país a apostar por las energías renovables o, al menos, más limpias. ¿Esto lo tienen claro los candidatos? Pues fuimos a investigarlo y aquí les compartimos las propuestas energéticas de quienes quieren estar detrás del volante del país.

López Obrador: la incógnita

El político tabasqueño es un signo de interrogación respecto a la política energética de su eventual gobierno. El ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México poco habla de energías limpias y renovables; su discurso está más centrado en los combustibles fósiles –especialmente en el petróleo–, los más contaminantes y de uso más común en México.

Entre 2014 y 2015, López Obrador insistió, con sus simpatizantes, que en los primeros días de su administración echaría para atrás la reforma petrolera que impulsó el presidente Peña Nieto a fin de abrir Pemex a la inversión privada y eliminar subsidios a la gasolina –algo que, cabe apuntar, es una recomendación internacional para reducir las emisiones de carbono y para desincentivar el uso del automóvil– entre otras medidas. Según el tabasqueño, liberar los precios de los combustibles y los llamados “gasolinazos” queman el bolsillo de los que menos tienen y benefician a los más ricos del país, argumento que sus detractores refutan.

Entre 2016 y 2017, matizó sus opiniones: dijo que no cancelaría toda la reforma; revisarían los contratos con empresas particulares y, donde hubiera corrupción, habría consecuencias. Ya en 2018, como candidato presidencial formal, su eventual jefe de gabinete, Alfonso Romo, aclaró que no han hallado anomalías en los contratos con Pemex y que la industria petrolera seguirá como está e incluso que crecerá: al final del sexenio, AMLO prometió que habrá de dos a cinco nuevas refinerías que producirán combustible nacional para no comprarlo en el extranjero.

El plan, ha dicho la consejera energética de López Obrador, Rocío Nahle, es producir diariamente 300 000 barriles de combustible al final de la eventual era “pejista”, si es que llega a ganar las elecciones.

Ricardo Anaya: la apuesta

El candidato presidencial más joven de la boleta (39 años) usa la tecnología con la finalidad de trazar una línea que lo distinga de sus competidores.

En uno de sus primeros spots, aún como precandidato, Ricardo Anaya firmó un acuerdo sin precedentes en las campañas políticas: con la organización no gubernamental Bosque Sustentable, el expresidente nacional de Acción Nacional se comprometió a hacer una campaña sin huella de carbono, es decir, sin emitir gases de efecto invernadero. En caso de usar combustibles fósiles, u otros contaminantes, repondría el daño a los bosques mediante donaciones económicas.

Ya como candidato, Anaya fue el segundo presidenciable en reunirse con el ex vicepresidente de Estados Unidos y Premio Nobel de la Paz por su labor medioambiental, Al Gore. Después de la reunión en la Ciudad de México, el expresidente nacional de Acción Nacional desdobló otras propuestas energéticas: cortar de tajo los subsidios a la gasolina y el gas y usar ese dinero para proyectos de mitigación de bióxido de carbono y financiamiento de empresas socialmente responsables con el medio ambiente.

Además, propuso iniciar una transición hacia la electromovilidad, tal y como lo han hecho países desarrollados –Alemania–, o en vías de desarrollo  –India–, donde los gobiernos han fijado el 2020 como el año en que comenzará el freno para la venta de automóviles que usen gasolina o diésel.

José Antonio Meade: la continuidad

Entre los candidatos presidenciales que competirán el 1 de julio, José Antonio Meade es el único que conoce el sector energético desde sus entrañas. De las cinco secretarías de Estado que ha ocupado, una fue la de Energía, durante el sexenio del presidente Felipe Calderón.

Su paso fue breve: apenas duró nueve meses, de enero a septiembre de 2011. Pero su trabajo en el gabinete presidencial es suficiente para dejar ver cómo el abanderado del PRI entiende el sector energético: durante su gestión, arrancó el programa Luz Sustentable que buscó sustituir casi 50 millones de focos incandescentes por lámparas ahorradoras, y Pemex firmó los primeros contratos de adjudicación para la exploración y producción del crudo nacional, que la oposición calificó de inconstitucionales.

Aquel movimiento, aseguran sus asesores, convenció al presidente Enrique Peña Nieto de sumar a Antonio Meade a su gabinete con el propósito de usar su experiencia como consejero en las negociaciones de la reforma energética, la más ambiciosa y peligrosa de todas. En las sombras, Meade susurró al presidente cómo debía redactarse el borrador final que transformaría a Pemex de paraestatal a empresa pública.

En campaña, el nominado del PRI, Nueva Alianza y el Partido Verde ha sido un entusiasta defensor de la participación de capital privado en Pemex, y ha anunciado que seguirá el camino que allanó el gobierno de Peña Nieto, ahora consiguiendo 550 000 millones de pesos en inversiones para energías limpias, además de promover la llegada de miles de millones de dólares en extracción de hidrocarburos.

Margarita Zavala: lo desconocido

La primera mujer en la historia de México en convertirse en candidata presidencial sin el respaldo de un partido político es también una gran duda respecto a su visión energética para México. En su paso como diputada local en la Ciudad de México, entre 1994 y 1997, no presentó ninguna iniciativa relacionada con el tema energético; y tampoco lo hizo como diputada federal en la Cámara Baja, entre 2003 y 2006, de acuerdo con una revisión que hizo la Revista CAMBIO a las gacetas parlamentarias de aquellos años.

Su experiencia en el ámbito de gobierno es nula: luego de llegar por la vía plurinominal al Congreso de la Unión, Margarita Zavala solicitó licencia cuatro meses antes de terminar su encargo a fin de prepararse durante su nueva encomienda: ser la primera dama del país. Como presidenta honoraria del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, Zavala omitió pronunciarse por los intentos de su esposo, el presidente Felipe Calderón, de impulsar una reforma constitucional para abrir Pemex a la inversión privada.

Entre los pocos guiños de Zavala al tema energético está un comunicado de prensa que emitió su equipo de campaña luego de reunirse con Al Gore: la aspirante independiente habría adelantado al político estadounidense que buscará “convertir a México en líder global en la producción y uso de energías renovables”, aumentar las inversiones en tecnologías amigables con el medio ambiente y poner en marcha un plan con el objetivo de reducir 50 % las emisiones de carbono. Objetivo planteado para ser cumplido… hasta el 2050.

Jaime Rodríguez: el empresariado

El Bronco, el primer gobernador independiente en la historia de México que quiere volver a hacer historia como primer presidente sin partido político, corre por el tema energético como un caballo desbocado: arranca con fuerza, pero al final no llega a la meta.

Como recién añadido a la boleta presidencial, Jaime Rodríguez no ha detallado su propuesta energética para el país. Aunque por su pasado podremos conocer cómo aborda el tema: como gobernador de Nuevo León, propuso al Congreso estatal una reforma para hacer obligatoria la verificación de gases de los automóviles particulares con el propósito de poner fuera de circulación a los contaminantes. Cuando los regiomontanos se manifestaron contra la propuesta y su popularidad se puso en riesgo, el gobernador reculó.

Aquel tropiezo sería el primero de varios: alarmado por la contaminación de su estado, Jaime Rodríguez aceleró el nombramiento de su secretario de Desarrollo Sustentable. En 2015, el elegido fue un empresario y vicepresidente de una de las constructoras más importantes del norte del país, acusada de realizar obras que contaminaban el suelo y el agua de donde se paraban.

El compromiso medioambiental que pregonaba Jaime Rodríguez fue puesto en duda una vez más en 2016, cuando recortó 20 % el fondo de Protección Ambiental en el presupuesto del estado. A cambio, otorgó más recursos financieros a la Secretaría de Seguridad Pública y a la Secretaría de Gobierno, que revisaba desde permisos para antros hasta renovación de licencias para ambulantaje. Al ser la energía un tema federal, su pasado como gobernador no da mucha información en torno a su postura frente a los retos energéticos del país. Estaremos atentos a las propuestas que pueda tener al respecto.

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