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Nación

El costo de un sueño

Foto: Liliana Betancourt

Doce niños nacidos en 2005 participaron en un torneo internacional de basquetbol en Puerto Rico y lo ganaron, pero la falta de apoyos y recursos acaban con sus esperanzas para representar a su país, México

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 months
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Por Javier Pérez

A Víctor Alvarado Galván, un chico de 12 años, de párpados caídos y una sonrisa franca y contagiosa, “se le puso la carne de gallina” al escuchar el himno nacional. Aquel 17 de julio experimentaba una mezcla de emoción, orgullo y patriotismo que no era habitual cuando lo escuchaba y cantaba cada lunes por la mañana durante la ceremonia cívica escolar. No era para menos: estaba en Bayamón, una ciudad de Puerto Rico, de pie, en medio de una cancha de basquetbol donde sólo él, sus once compañeros y unas pocas personas más conocían los versos del himno nacional de México.

Era el primer juego de la selección mexicana varonil de basquetbol de nacidos en 2005, de la que Víctor formaba parte, en el Torneo Internacional de Bayamón. El equipo jugó un total de cuatro partidos. Los ganó todos y regresó como campeón. “Cuando te paras y cantas tu canción en otro país, se siente muy padre. Jugar contra otros países, representar a tu mismo país, jugar en la duela de otros países, es muy emocionante”, dice Víctor con una voz que aún se oye como la de un niño.

Fernando Zamudio, un muchacho de mirada alegre que es su compañero en la selección, experimentó algo similar. “Se siente padre porque estás ganando fuera de tu país, estás representando a tu país y no cualquiera tiene la oportunidad de hacerlo”. Tiene razón. Y no bastan el talento, el esfuerzo y la dedicación. También influyen los recursos de los que disponen las familias de los chicos. A veces no tener dinero suficiente implica dejar un lugar que ya te habías ganado. Por lo menos en selecciones infantiles. Por lo menos en este país.

Sin apoyos económicos de ninguna clase, a pesar de que este equipo cuenta con el aval de la Federación Mexicana de Baloncesto, esta selección pudo viajar a Puerto Rico gracias a que los padres de los chicos absorbieron –y han absorbido desde el año pasado que se conformó el selectivo con seis adolescentes de la Ciudad de México, tres de Hidalgo y tres de Oaxaca– los costos de viajar a la isla caribeña. Dieciséis mil pesos en promedio por niño.

La selección

Únicamente cinco de los seis chicos de la Ciudad de México que fueron a Puerto Rico habían sido elegidos para la selección. Edwing Aceves Álvarez se había zafado el dedo en agosto, en el segundo torneo nacional –celebrado en Ixmiquilpan, Hidalgo– que sirvió para armar el equipo. Estuvo cinco meses fuera de las canchas, imposibilitado de botar un balón. Sin embargo, cuando Caleb Reyes Mota, quien había sido seleccionado, no pudo ir, Edwing fue elegido para tomar su lugar.

No es que Caleb no haya querido ir o que no le hayan dado permiso. “Yo no tenía la solvencia económica para poderlo mandar –me dice Leticia Mota Hernández, su madre, con la tristeza anidada en sus ojos–. Buscamos algunas alternativas pero no se pudieron, por lo cual él tuvo que desertar ir a la selección”.

El muchacho, que en octubre del año pasado estuvo en la primera participación oficial de esta selección, en la Copa Gatorade en Bacalar, Quintana Roo, incluso se deprimió. “Es bien complicado. Es una desilusión muy grande –dice Luis Zamudio, el padre de Fernando–. Tú como papá ves la forma de poder cumplir con eso, que puedas apoyarlos para que sigan adelante. Si te tienes que endrogar con la tarjeta de crédito, pues ni modo. A los que no van, que no tienen esa posibilidad, pues les desmotiva mucho”.

Y no es que los padres se hayan quedado de brazos cruzados. Organizaron un minitorneo con otros equipos: hicieron una kermés, vendieron comida y repartieron las ganancias entre cada niño. Otros hicieron rifas con el propósito de juntar recursos. Los de Oaxaca consiguieron que el municipio de Huajuapan de León, donde se celebró el tryout (una especie de visoría) y se dio la lista de seleccionados, patrocinara los uniformes de juego. La asociación civil Quinta República, de la Ciudad de México, les dio los pants y el diputado Juan Briones, de Azcapotzalco, aportó las maletas de juego. “Aunque eso no es todo, hace falta viajar y las concentraciones”, dice el entrenador del selectivo, Rodrigo Padilla.

Y como la Federación Mexicana de Baloncesto no tiene recursos, apoyó consiguiendo buenos precios con una agencia de viajes con la que tiene convenios. “Pero hacer el gasto ya no digas cada dos meses, sino dos veces por año, está tremendo –dice el coach, quien es papá de Rodlan Andrei, uno de los seleccionados–. Por ejemplo, los papás que hicimos en agosto el viaje a Bacalar, gastamos casi lo mismo que ahora que fuimos a Puerto Rico. Había propuestas de ir a Colombia en noviembre, pero faltan dos meses y está complicado. Los niños están más que puestos, aunque si vemos la parte económica, está muy difícil. Y al menos tiene que ir un papá por niño”.

Agua María Galván, la madre de Víctor, concuerda con el entrenador. “Afortunadamente mucha gente apoya a Víctor, hemos logrado que vean que se esfuerza y nos apoyan, pero es complicado porque no se obtienen los recursos tan fácilmente. Y salir al extranjero no es cualquier gasto. Fue algo que no teníamos contemplado dentro del presupuesto familiar, por decirlo así, pero Víctor es un jugador muy bueno que se esfuerza no sólo en la cancha, sino en la casa; es una persona, un alumno, un hijo muy bueno. Entonces eso nos motiva para apoyarlo a que cumpla sus metas”. Ella sostiene que estos chicos están como en el olvido. “A partir de la U17 es cuando ya se empiezan a notar más. Pero a ellos, que son los más pequeños, casi no los mencionan, y son los que han traído campeonatos. Creo que es importante hacer notar sus logros”.

Leticia Mota dice que la Comisión Nacional del Deporte debería apoyarlos y reconocer así su esfuerzo deportivo y académico. “De verdad que sí se siente feo no poder mandar a tu hijo por no tener los recursos. Pero no lo hay, por más que uno lo busque. Y uno ha puesto en la federación el apoyo, aunque no hemos tenido respuesta”.

Buenas personas

Es una tarde extrañamente soleada al norte de la Ciudad de México, en medio de tantos días lluviosos. La duela del Centro Deportivo “Rosendo Arnaiz”, en la colonia Guadalupe Tepeyac, se encuentra prácticamente vacía. Es la sede del club Nuggets, del coach Rodrigo Padilla, quien también está a cargo del selectivo nacional. Con él entrenan los seis adolescentes de la Ciudad de México que conforman la selección. Rodrigo es un hombre espigado, delgado, de gesto serio y voz tranquila.

Desde 2013, Rodrigo entrena categorías infantiles con niños de entre 10 y 16 años. La mayoría de quienes integran su equipo, de nacidos en 2005, han entrenado los cuatro años con él. Hace tres, los chicos ganaron la categoría micro a nivel Distrito Federal, y al año siguiente quedaron en segundo lugar. “La mayoría de los niños iniciaron de no saber absolutamente nada, empezaron a aprender a botar –dice el coach–. La idea de esto es darles una progresión sin adelantarlos a los momentos. Este proyecto que tenemos junto a la federación no es para uno o dos años, es para que cuando cumplan 15 tengan un trabajo ya bastante sólido para las representaciones internacionales”.

Su objetivo es llevarlos al Cocaba, torneo de selecciones centroamericanas que tiene categoría para menores de 15 años. Ese torneo permite la calificación al Centrobasket, donde también hay equipos del Caribe. Usualmente los tres primeros lugares pasan al torneo AmeriCup, con selecciones de todo el continente americano, el cual es clasificatorio para el Mundial.

Rodrigo cree firmemente que el trabajo a largo plazo es el que da resultados. Cita como ejemplo a los selectivos femeniles, como el sub-19 que fue al Mundial de Italia. “El trabajo que llevan de cuatro años es lo que está dando el resultado de llegar a un Mundial. Nuestra idea es empezar a trabajar desde ahorita, tres años antes de que los niños puedan tener una participación oficial internacional”.

El entrenador, quien motiva a los chicos con la finalidad de que repitan una y otra vez una jugada de táctica fija que quiere que dominen, dice que él solamente les exige tres cosas: que sean buenos hijos, buenas personas y buenos estudiantes. “A nivel personal les exijo a los muchachos, de cualquier parte de la República, que podrán jugar muy bien, pero si no tiene un buen nivel académico condicionamos su participación porque obviamente no es sólo el deporte. Desafortunadamente, en México no puedes vivir como jugador de cualquier deporte, a menos de que sea futbol, y el llegar ahí cuesta mucho trabajo. Tienen que tener una formación integral, de otra manera no va a funcionar esto”.

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