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Nación

Fracking: una apuesta sucia y peligrosa

Extraer gas y petróleo a través de una fractura hidráulica es una práctica en la que se desperdicia y contamina una gran cantidad de agua, por ello los especialistas consideran que debería prohibirse

POR Revista Cambio Fecha: Hace 6 months
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POR SEBASTIÁN SERRANO

Las imágenes de las películas apocalípticas, en donde un grupo personas desahuciadas recorren en harapos tierras baldías en busca de agua y luchan de forma desesperada y sin control, siempre me habían parecido absurdas, hasta que supe de la existencia del fracking. También conocido como fractura hidráulica, este método para extraer gas y petróleo consiste, en pocas palabras, en escavar un pozo a profundidades de entre 1 000 y 5 000 metros e inyectar a alta presión una mezcla de agua, arena y más de 750 sustancias tóxicas a fin de abrir grietas en las rocas y así extraer los hidrocarburos.

Para saber un poco más de este asunto hablé con Claudia Campero, miembro de la Alianza Mexicana contra el Fracking. Desde un inicio su opinión fue tajante: “Esta práctica es muy dañina y no existe una forma para evitar sus efectos, por lo tanto debe ser prohibida. El tema que más preocupa es el desperdicio y contaminación de altos volúmenes de agua que mezclan con químicos tóxicos. Por ejemplo, cada pozo puede gastar 29 millones de litros, que si tomamos una zona de alta extracción en donde se llegan a perforar más de 9 100 pozos en un año, representa el agua que podría consumir una ciudad de 4.9 millones de habitantes (partiendo del consumo de agua señalado por la OMS de 100 litros por persona al día). No sólo es lo que se derrocha, sino que además esta agua se está sacando del ciclo hidrológico, porque se queda atrapada en la formación rocosa, y la que sale está tan contaminada que no se puede volver a utilizar”.

Dolores Rojas, coordinadora de Programas en la Fundación Heinrich Böll, ha sido muy activa en denunciar los efectos de esta práctica. Ella considera que es una técnica que, además de ser agresiva, es nociva y peligrosa. Agrega que en Estados Unidos, en donde se ha llevado a cabo fracking por más de 15 años, se ha comprobado que ni con toda la tecnología y experiencia existen las garantías para evitar riesgos de fugas en la infraestructura que impidan que la contaminación llegue a los acuíferos que abastecen  agua a la población. Incluso un grupo de científicos desarrolló un estudio completo –se puede consultar en Internet– en donde demuestran los efectos nocivos al medio ambiente y a la salud de las personas. Por ejemplo, en ese documento señalan que en una zona de alta extracción en donde se tomaron muestras (el campo Barnett Shale en Texas), se comprobó la contaminación generalizada del agua potable y se identificaron 19 contaminantes relacionados con el fracking, incluyendo el cancerígeno benceno.

Claudia me explica que otro gran problema que presenta este método es que una vez realizado el proceso, deben disponer del agua utilizada durante la extracción, y como no se ha encontrado una tecnología para tratarla de forma adecuada, se ha optado por inyectarla de nuevo a la tierra mediante pozos específicos. Lo que, además de la contaminación, genera que se lubriquen fracturas que estaban inactivas y se empiezan a generar movimientos geológicos. En Oklahoma, una de las regiones de Estados Unidos en donde más se han realizado esta práctica, ya existen casos documentados que demuestran el incremento de los sismos.

El escenario de terror va más allá, también se han registrado niveles graves de contaminación en el aire, ya que durante el proceso de extracción se liberan tóxicos muy dañinos. “Contaminantes como: metano, óxido de azufre, óxido de nitrógeno, ozono, así como compuestos orgánicos volátiles. Además, teniendo en cuenta que para este proceso se utilizan toda clase de materiales inflamables, el riesgo de explosiones es muy alto; ya se han reportado varios accidentes y estos generan que se expandan los contaminantes en el aire y la tierra”, señala Claudia.

Dolores agrega que esta situación ya ha causado un impacto directo en la salud de la población que se encuentra en las zonas de extracción: “Efectos en las vías respiratorias por el metano, también se ha incrementado el cáncer de mama, y existe la documentación del impacto en mujeres embarazadas y malformación genética. Definitivamente muchos riesgos comprobados para seguir alimentando la extracción de hidrocarburos”.

Qué pasa en el mundo

Le pregunto a Claudia qué opina respecto al argumento utilizado por las petroleras de que gracias a esta técnica Estados Unidos ha logrado su independencia energética y por eso no requiere importar gasolina. Me responde que se han basado en un mensaje muy tramposo: “Hablan de volúmenes que están contenidos en la roca pero no es seguro que se puedan extraer, y lo que se puede sacar de esas reservas es muy poco. Al año el rendimiento de un pozo baja a la mitad de lo que estaba dando al inicio. Lo que han hecho es más absurdo, perforar y perforar de manera continua para mantener una producción constante y esto es insostenible”.

Dolores añade que debemos desmontar el discurso de la autosuficiencia energética promulgado por las petroleras. “¿De dónde está saliendo el dinero para mantener ese sistema y quién va a pagar por los efectos que genera? ¿Quién va a mantener el sistema de salud con el incremento de enfermedades crónicas como el cáncer? La forma de combatir el fracking es hacer visibles todas las externalidades, los costos deberían estar incluidos dentro de la extracción: la contaminación del agua, el suelo, el aire y los riesgos para la salud, son bienes comunes, ¿quién va a pagar por limpiarlos y recuperarlos?”

Claudia me explicó el caso más conocido de prohibición en el estado de Nueva York,  donde las autoridades analizaron y documentaron los riesgos que presenta para la salud. “Demostraron que esta técnica utiliza más de 350 sustancias tóxicas y sus efectos en la población: el 75 % afecta la piel, ojos, el sistema respiratorio y gastrointestinal; 40-50 % de las sustancias afectan el sistema nervioso y el cerebro, y 37 % afecta el sistema endocrino. Cada vez hay un mayor avance para dar a conocer los riesgos, y a nivel internacional se ha prohibido en países como Francia, Bulgaria, Escocia e Irlanda”.

Dolores me explica el ejemplo de Alemania, en donde los productores de cerveza hicieron huelga por el riesgo que existía de contaminación del agua. El gobierno no prohibió el fracking, pero generó unos estándares de seguridad tan altos que lo hacen inviable económicamente.

Y… ¿en México?

Representantes de las organizaciones de la sociedad civil le han preguntando al gobierno en dónde se está realizando fracking y bajo qué parámetros, sin embargo, las respuestas son muy contradictorias, comenta Claudia. “Según las cifras oficiales, son más de 3 000 pozos de fractura hidráulica, pero no está claro el proceso que han seguido. En la zona norte de Veracruz existen más de 1 000 pozos; también se sabe que hay pozos en el norte de Puebla, Nuevo León, Coahuila, y en marzo se aprobó una segunda ronda de licitación a fin de hacerlo en Tamaulipas. Además están en proceso de iniciar proyectos en el norte de Oaxaca, Hidalgo y San Luis Potosí. Lo que es un hecho es que se lleva haciendo con el desconocimiento de la población local y sin reglamentación clara”.

En México hay mucha opacidad y no existe una normativa clara. Los únicos documentos públicos son la Guía de criterios ambientales para la exploración y extracción de hidrocarburos contenidos en lutitas, elaborada por la Semarnat en 2015, aunque no se trata de una norma vinculante, sino de una guía de recomendaciones. Y en 2017 la Conagua aprobó unos lineamientos, pero dejan todo en manos de la autoregulación de las empresas que realizan la extracción. Sin embargo, si se respetara y aplicara la normativa ambiental, el fracking sería inviable, ya que sus impactos ambientales superan los límites permisibles en términos de emisión de contaminantes y degradación ambiental.

¿Cómo detener el riesgo?

Claudia me explica que el trabajo de la Alianza contra el Fracking es precisamente darle visibilidad a los riesgos y consecuencias de esta práctica. “Informar a la población, buscar que a nivel local la gente presione a sus autoridades para evitar que se lleve a cabo la extracción. Desarrollamos asambleas, mítines en línea, así como documentos con información científica impresa y en formato digital”. El pasado 10 de abril se consiguió un éxito certero por parte de la población civil: el cabildo de Ciudad Valles en la Huasteca (San Luis Potosí), se pronunció en contra de que se lleve a cabo esta práctica en sus territorios.

De acuerdo con Dolores, el fracking es un error desde su concepción, el asunto de fondo es conservar ese modelo de desarrollo en donde la producción y consumo están atados a los hidrocarburos. “Es un sinsentido la adicción de nuestra sociedad al petróleo, se sigue viendo como nuestro principal recurso, sin voltear a ver el sol o el viento, y sin pensar en los riesgos que puede traer para las reservas de agua que supuestamente son prioridad nacional. Nos han impedido cambiar el chip, para pasar a una energía más limpia y sustentable, y sobre todo a un modelo que nos invite a ahorrar y ser más eficientes. Lo ideal sería promover esquemas de energía distribuida, en donde las personas la puedan generar y los excedentes compartirlos a la red cercana”.

Claudia agrega que si queremos revertir esta situación y detener el cambio climático, debemos implementar una transición energética más justa y sostenible; aunque no es lo único, pues también se debe buscar un mayor ahorro. “Son temas en los que podemos trabajar todos. Reducir el consumo a veces es complejo porque requiere cambio de hábitos, pero se puede hacer a nivel personal, de empresas y de gobiernos, es indispensable. Y lo vamos a tener que hacer a las buenas o a las malas”.

El mayor miedo de Claudia es que las comunidades en donde se realiza el fracking sean convertidas en zonas de sacrificio, que unos pocos lucren y los habitantes tengan que sufrir las consecuencias, vivir enfermos y que nadie responda por lo sucedido. “Se mantienen unas promesas de incentivos económicos muy fuertes, que al final están lejos de cumplirse, mientras que los riesgos y amenazas detectados sí se están cumpliendo. Lo bueno es que la gente está entendiendo que es un sinsentido, vamos ganando la batalla de la opinión pública y cada vez en más lugares se está prohibiendo esta práctica. Nuestro reto es seguir trabajando para difundir esta amenaza”.

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