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Nación

Ganar a ciegas

Jessica es atleta de alto rendimiento, también canta, tiene un disco y ofrece sus servicios para amenizar eventos. Es de Nayarit, pero ahora vive en la Ciudad de México. Ella no le teme a la vida, aun cuando desde los 3 años perdió la vista

POR Revista Cambio Fecha: Hace 2 weeks
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POR ROGER VELA

Jessica Torres camina despacio sobre la pista de tartán azul metálico, se coloca sobre su carril, estira sus extremidades, acomoda su cuerpo y aguarda atenta. Un disparo seco la obliga a correr a una velocidad brutal. En fracciones de segundo, sus pies comienzan a dar zancadas, se despegan del suelo. La aceleración aumenta, el ritmo cardiaco también. Su agilidad, casi felina, la hace ver como una chita que persigue a su presa en la sabana. Ligera y veloz, corta el viento con cada brazada mientras su cabellera se sacude y golpea con ritmo su espalda.

Han pasado apenas 10 segundos. Falta poco para llegar a la marca. Lo sabe, sus piernas también. El cronómetro cambia rápidamente sus dígitos. Su fuerza suministra el último empuje. Alcanza los 100 metros. Frena poco a poco su paso. Jadea. El sudor empapa su frente, resbala sobre sus mejillas y llega a su mentón. Sabe que ha cruzado la meta, aunque no pudo verla: Jessica quedó ciega a los 3 años de nacida.

Un mal congénito le permitió ver sólo algunos meses de su corta vida, después todo se acabó. Recuerda muy pocas cosas de aquellos días, pero eso no le ha impedido llevar la vida como le gusta, acompañada de sus dos más grandes pasiones: el deporte y la música.

Comenzó a practicar el atletismo a los 13 años, cuando iba en la secundaria. Lleva la mitad de su vida entre pistas, entrenamientos, competencias y podios. En distintas pruebas, en Guatemala ganó tres medallas de oro y una de plata, mientras que en Colombia obtuvo dos preseas de bronce, además de varias en juegos nacionales a lo largo de su carrera. No lo hace sola, compite siempre al lado de su guía. Ambos corren sincronizados sosteniendo un pequeño cordón de plástico. Y entrenan, por lo menos, tres veces a la semana durante cinco horas en el Bosque de Tláhuac, la pista más cercana a su domicilio. Ahí, después de los calentamientos, realizan pruebas de resistencia, velocidad y de coordinación con el propósito de que ninguno jale al otro; para que vayan pegaditos, como si fueran uno solo.

A veces la acompaña Alejandro Pacheco, su esposo, que también es atleta de alto rendimiento. Su pareja, con quien lleva cuatro años casada, fue el ganador de la más reciente edición del Maratón de la Ciudad de México en la categoría de débiles visuales. Juntos se apoyan mutuamente: si él corre, Jessica lo apoya desde la grada, no lo ve pero escucha cuando pasa frente a ella y lo anima: “¡Vamos, Pacheco! ¡Venga, venga!”, le grita en cada vuelta que da con el fin de completar los 1 500 metros planos. Él hace lo mismo.

Le pregunto a Víctor, su guía, cómo inició a auxiliar a débiles visuales en el atletismo. Me dice que él siempre quiso ser atleta de alto rendimiento, sin embargo, no lo consiguió porque inició a una edad tardía, por lo que se lesionaba bastante. Después, en la universidad alguien lo contactó con un grupo de atletas ciegos; sin pensarlo aceptó ayudarles. Su sueño es guiar a un atleta que compita en algunos juegos paralímpicos, quizá, es una forma de mostrarse a sí mismo que logró su meta aunque sea de la mano de otra persona.

—¿Qué se siente ser guía?

—Al principio me daba mucho miedo fallarle a los atletas, porque una falla mía significaba tirar a la basura todo el sacrificio que hicieron para llegar ahí. Es una presión bien grande, y lo peor es que te tienes que guardar esos sentimientos porque el atleta que vas a guiar también está luchando con muchas emociones, porque en una competencia puede estar en juego su futuro económico, su manutención y la de su familia. Ahora lo manejo un poco mejor.

Aunque Jessica empezó a practicar atletismo como un pasatiempo, motivada por la Asociación de Ciegos Deportistas de Nayarit, su estado natal, comenzó a notar que el deporte la ayudaba con su rehabilitación, y a llevar una vida más independiente. Luego pasó de una práctica recreativa a una amateur, y después a una profesional. Los buenos resultados en las pistas le permitieron salir a otros lugares y conocer otras entidades del país; fue la primera integrante de su familia en salir de Nayarit, ahora vive en la CDMX. Llegó a una ciudad que no conocía y que no ve, a una urbe bastante hostil para los débiles visuales, pero eso no la detuvo, no la iba a detener; está acostumbrada a luchar desde que tiene memoria.

La beca mensual que le otorgaba el gobierno por correr no era suficiente para sus gastos, así que decidió trabajar en lo que más le gusta: cantar pop. Si bien en su estado logró tener algunas presentaciones con bandas en vivo, en la ciudad tuvo que mostrar su voz en el escenario más diverso de todos: el Metro. De este modo, cuando no entrena sube a las distintas líneas del Sistema Colectivo con el propósito de cantar algunas de sus canciones; con eso se gana la vida, paga su renta y además le permite continuar su preparación deportiva.

Lo de la cantada, de la misma forma que sucedió con el atletismo, ya no es un simple pasatiempo, le tira a lo grande; por eso hace unos meses grabó su primer disco. Cada que se sube a un vagón canta un pedacito de alguna de sus canciones y ofrece sus tarjetas para presentaciones. También tiene una página de Facebook donde hace lives, sube sus entrevistas, responde los comentarios de la gente que la apoya y publica los flyers de sus shows. En su canal de YouTube tiene 17 videos, entre material audiovisual muy bien producido y grabaciones con celular de sus viajes musicales en el Metro.

“Me basta con tener tu amor, con saber que en tu corazón soy yo, con tenerte en mi mente, con tenerte para siempre, quiero ser tu confidente”, suena el coro de la canción que grabó Jessica junto con Ulysses Carrillo –otro joven invidente–, mientras se le ve a ella caminar de la mano con su novio de ficción en el video. Ambos se auxilian de un bastón con el objetivo de atravesar una plazuela de Nayarit. La gente les sonríe y ellos le venden flores; después van a la playa de San Blas con los pies descalzos y dibujan un corazón en la arena.

En otro video de mucha menor calidad pasa lo siguiente: aparece Jessica sin tanta producción en su vestuario, ni efectos de cámara y mucho menos tomas desde un dron como el que utilizaron en Nayarit. Ella se yergue, coloca su bastón para equilibrarse, y comienza su speech: “Buenos días, damas y caballeros. Disculpen la molestia. En esta ocasión vengo cantando una canción, esperando que sea de su agrado, y si en sus posibilidades está el apoyarme con una moneda, de antemano muchas gracias. También tengo tarjetas por si gustan tomar alguna con mis datos de contacto. Qué tengan buen camino”, dice al tiempo que sube el volumen de la bocina que carga sobre su abdomen y comienza a cantar. Su voz, de inmediato, llama la atención de los pasajeros. Camina cinco pasos sobre el vagón y empiezan a depositarle monedas en un vasito de plástico.

Ambas actividades, el canto y el atletismo, le permiten a esta chica de 26 años cumplir poco a poco con sus sueños, siempre con el apoyo de su familia, su esposo, sus colegas músicos y los guías que le ayudan en sus entrenamientos y competencias. Aunque dice que el deporte es más celoso que la música y requiere más tiempo, trata de mantener sus dos pasiones a flote.

—¿Qué esperas en el deporte?

—Seguir preparándome con el fin de representar ya no sólo a mi estado, sino a mi país en competencias internacionales.

—¿Y en la música?

—Crecer como cantante y tener cada vez más y mejores presentaciones para compartir mi voz con más gente.

Le pregunto sobre algún consejo que le daría a las personas que tienen la misma condición que ella. Me responde que les recomienda salir de su zona de confort, no temerle a la vida, acercarse con personas que puedan ayudarlos a desarrollar una actividad. “Bajo cualquier circunstancia el cuerpo se adapta a distintas situaciones, la clave está en decidirnos”.

—Si pudieras definir en unas palabras el deporte y la música ¿cuáles serían?

—Fuerza y libertad.

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