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Nación

Letra y música ¡con identidad!

Desde distintos lugares de México, estos millennials llegan para subirse a un escenario y hacer lo que mejor saben: música. Tocan rock, ska y hasta heavy metal con un toque único, las letras las escriben en lenguas indígenas

POR Revista Cambio Fecha: Hace 10 months
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POR ROGER VELA

Pedro subió los escalones con las manos mojadas de sudor. Los latidos de su corazón aceleraron su ritmo. Las náuseas tomaron el control de su estómago. Caminó hasta su lugar con pasos calmados fingiendo tranquilidad. De pronto, detrás de él sonaron cuatro golpes. Los estaba esperando. Era el inicio del mejor concierto de su vida. Junto a su banda, La Sexta Vocal, lo había planeado durante meses. Y no era para menos, se presentaban en la plaza principal del país: el Zócalo de la Ciudad de México. Viajaron más de 800 kilómetros desde Ocotepec, Chiapas, con el propósito de tocar en el mismo lugar donde Paul McCartney y Roger Waters han interpretado sus obras cumbres ante cientos de miles de personas.

Cada acorde que nacía de sus instrumentos los ponía más cómodos. El nerviosismo que sentían antes de subir al escenario daba paso a la algarabía, a pesar de que el público no entendía lo que expresaban sus canciones. Y es que durante 40 minutos los siete músicos vestidos con prendas blancas cantaron en zoque –su lengua materna– las canciones que tanto habían ensayado. El ritmo ska que acompañó sus letras provocó bailes y aplausos entre las decenas de asistentes. Al finalizar, varias personas se acercaron a felicitarlos, abrazarlos y a tomarse fotos con ellos como sucede comúnmente con los rockstars. Días después, cuando regresaron a su lugar de origen, la comunidad finalmente los aceptó y apoyó por poner en alto el nombre de su pueblo.

De “satánicos” a rockstars

Tres años antes de su presentación en el Zócalo habían formado el grupo. Entre risas, cuenta Pedro que al principio eran vistos con malos ojos por sus vecinos, quienes los acusaban de ser unos vagos y hasta los tachaban de “satánicos”. Pero ellos sólo se reunían a tocar la música originaria de Jamaica que nació a inicios de los años 60, popularizada por bandas como Skatalites, Madness o Los Fabulosos Cadillacs. Fueron la primera banda de ska de Ocotepec, y desde el inicio cantaron en zoque: sus melodías se adaptaron mejor a esa lengua que al español.

Con el paso del tiempo, pese a que son bilingües, notaron lo importante que era rescatar la primera lengua que aprendieron, esa que se ha pasado a través de los siglos de generación en generación y que hoy se encuentra amenazada en México. Por ello, el nombre de su banda hace referencia a una particularidad de la misma: la sexta vocal. El zoque, además de contar con las cinco vocales que conocemos en el español –a, e, i, o, u– tiene una más que se escribe “ä” y suena “ao”.

La discriminación

No siempre han tenido éxito en sus presentaciones. En algunas, han sido marginados por no cantar en español. Pedro, quien además de ser vocalista es el compositor de la mayoría de las letras, recuerda que en varias ocasiones la gente se ha reído o ha abandonado el lugar cuando escuchan que cantan en zoque. Incluso, afirma que un ingeniero de audio se negó a ecualizarlos de manera correcta por ser la única banda indígena del evento.

—¿Cómo abrirse paso en una escena dominada por grupos que cantan en español?

—Nunca nos hemos sentido como bichos raros, simplemente tenemos el plus de cantar en nuestra lengua materna. Nos identificamos con los grupos de jóvenes que escuchaban ska y eran marginados socialmente en Jamaica y después en Inglaterra. Esa mezcla cultural nos abrió las puertas en muchos sentidos y por ello hemos sido invitados a varios festivales.

—¿Cuál es la importancia de rescatar la lengua materna a través de la música?

—Se trata de rescatar nuestra identidad. Es importante recuperarla porque es nuestra herencia ancestral y nuestros abuelos lucharon para que nuestra cultura sobreviviera; dejar de luchar sería una falta de respeto a nuestros ancestros, a nuestros pueblos y a nosotros mismos. No debemos ponernos máscaras, siempre tratamos de mostrar de dónde venimos y lo que somos.

Rock tsotsil

A cuatro horas al sur de Ocotepec se ubica Zinacantán, un municipio chiapaneco de unos 35 000 habitantes en el que se habla tsotsil. De ahí es originario Lumaltok, un grupo de Rock formado hace 10 años. Su nombre significa “neblina”, está compuesto por las palabras lumal (tierra) y tok (nube) y emula el momento en que la nube baja a ras de la tierra formando la neblina. Un fenómeno común que acompaña la vida cotidiana de los habitantes de la región de los Altos de Chiapas.

Tiempo después de crear la banda, los integrantes de Lumaltok entendieron que su proyecto musical aporta algo básico para el rescate de su cultura: sus letras en tsotsil han sido grabadas y difundidas mediante plataformas digitales como Spotify o iTunes, con ello han dado a conocer su lengua en países que no imaginaron, y están seguros de que si algún día desaparece, habrá un registro de lo que fue el tsotsil musicalizado con rock.

El año pasado fueron nominados a los Indigenous Music Awards por Mejor Lanzamiento Internacional. Se trata de un festival en Winnipeg, Canadá, que se realiza desde hace 13 años con la finalidad de celebrar la cultura y el patrimonio indígena, así como para “unificar, educar e inspirar”, de acuerdo con los organizadores. La banda chiapaneca cada vez se abre más espacios, se ha presentado en festivales como el Internacional Cervantino y el Vive Latino.

La irreverencia del rock and roll es inherente a ellos. Utilizaron la etiqueta que se puso de moda en las portadas de discos de música alternativa de finales de los 90 que decía en letras blanco y negro: “Parental Advisory Explicit Content”, y lo convirtieron de manera irónica en “Advertencia Lumaltok Canta En Tsotsil”. En su página de Facebook sus fans suben fotos en las que muestran calcomanías del grupo desde varios lugares del mundo, ya sea la Opera House de Sidney o las calles de Madrid.

—¿Por qué tocar rock y no un ritmo originario?

—La música que se utiliza en rezos, carnavales y ceremonias es especial para ciertas ocasiones, y nosotros respetamos eso, es para llegar a un punto de trance en las festividades, lo vemos como algo sagrado; nosotros intentamos crear algo propio y con nuestro estilo adoptamos nuevas formas de transmitir nuestra cultura.

—Además de la música ¿de qué otra forma pueden rescatar su cultura?

—En nuestra comunidad se habla bien el tsotsil; es decir, nos comunicamos perfectamente de manera oral, pero algo que falta es poder escribirlo, no todos sabemos hacerlo, no lo enseñan en la escuela y debemos aprenderlo por nuestra cuenta, la escritura es algo que debemos recuperar.

Metal seri

Si manejas desde Zinacantán hasta Punta Chueca, Sonora, sin detenerte a comer, al baño o a cargar gasolina, tardarás más de 32 horas en llegar. Es un recorrido de casi 3 000 kilómetros que abarca buena parte de la geografía mexicana. Una vez en tu destino, verás los hermosos atardeceres que regala a diario la costa del Golfo de California. Luego, te darás cuenta de que en la localidad se asienta buena parte del pueblo seri, y en voz de sus pobladores quizá escucharás sobre Hamac Caziim.

Se trata de un grupo que toca metal; fue descrito por el cineasta cubano Wichy García Fuentes como una banda que ha “dejado de ser una curiosidad de la cultura regional, un toque exótico sonorense, para convertirse, sin lugar a dudas, en el mejor grupo de etno-rock de todo México, y probablemente una de las más compactas bandas de rock del país, al menos en lo que respecta a su proyección y originalidad”.

Hamac Caziim, en palabras de Wichi, entona los cantos tradicionales de los seris, temas rituales de ceremonias y fiestas, y en esa fusión del tambor tradicional indígena con la batería, el speed metal o el heavy metal de la cultura blanca, expone sus propios valores, su propios mecanismos de ascensión espiritual.

Francisco Molina Sesma El indio, vocalista del grupo, comenta que desde su formación uno de sus objetivos fue reforzar su lengua, debido a que corre el riesgo de desaparecer. Para ellos la música es una manera de avivar su cultura y de recuperar otras, como la yaqui, la tenek y la kumiai.

A diferencia de sus compañeros musicales del sur, los seris y su proyecto fueron aceptados y arropados de inmediato por su pueblo, debido a que el gusto por el rock entre los adolescentes está muy presente en la comunidad. Fue el pretexto perfecto para crear música, llevar sus letras y contribuir así, a través de arte, a la generación de un cambio a favor de los niños y jóvenes.

Desde hace 18 años trabajan en la promoción y difusión de su cultura, y están convencidos de que el arte es un agente transformador y generador del desarrollo humano. Por ello, cada que suben a un escenario muestran sus elementos identitarios: indumentaria típica, pintura facial, danzas y “el sentir de un pueblo en resistencia que busca el respeto y reconocimiento a su cultura”.

Es así como una diversa escena musical, nutrida con potentes ritmos y compuesta por músicos de varias regiones del país, ha logrado resarcir un poco del México que hemos olvidado.

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