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Lo hice como una chica mala… ¡Y me gustó!

Aunque fuera una pinta sencilla, a dos colores, sin mucha técnica y tuviera múltiples deformaciones, sí me sentí una ‘niña mala’ mientras grafiteaba un mensaje significativo y en mi cabeza sonaba ‘Bad girls’, de M.I.A., y cuando acababa, el soundtrack de mi cabeza había pasado a ‘Criminal’, de Ozuna. Esta es la crónica de mi experiencia como artista callejera por un día

POR Estefania Camacho Fecha: Hace 4 weeks
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Fue como si lo hubiera hecho durante toda mi vida. Sentía que no conocía a esta Estefanía que parecía saber lo que estaba haciendo y que también lo disfrutaba. Me imaginaba con una vida doble secreta, como se imagina uno a los que grafitean por la noche: con el riesgo de ser atrapada por la policía, vistiendo una sudadera negra a fin de no ser reconocida y como alguien que deja una firma sospechosa que hará que todos se pregunten “¿quién es esa artista contundente de las calles de la Ciudad de México?”.

Claro que el peligro no existía, era de día y los automóviles pasaban sin dar importancia a las cinco personas que pintaban en tres muros disponibles para nosotros, los “turistas”. En esos lienzos, la intrépida banda de exploradores, nos atrevimos a dibujar signos feministas, una calavera de día de muertos, un mensaje en chino y un dibujo de la caricatura Peppa. Nada contestatario, sólo diversión.

Y la Estefanía imaginaria del peligro de la noche, más bien cuidaba que no hubiera manchas en su ropa y delineaba imperfecciones en su pinta: un puño cerrado dentro del símbolo de Venus, conocido por referirse a la segunda ola del feminismo. Pero nada comparado con los arreglos y efectos que le hizo Remix a la calavera que pintó una turista colombiana, también en su primera vez grafiteando.

En segundos, Remix le dibujó sombras y detalles a la catrina, inspirada por la película de Coco –y yo que ya me creía la próxima Christina Angelina, una artista reconocida mundialmente por sus murales, luego de tardarme 10 minutos haciendo mi arte.

Aunque fuera una pinta sencilla, a dos colores, sin mucha técnica y tuviera múltiples deformaciones, sí me sentí mala mientras grafiteaba un mensaje significativo y en mi cabeza sonaba “Bad girls”, de M.I.A. “Live fast, die young, bad girls do it well”, cantaba sonriente para mí, y cuando acababa, el soundtrack de mi cabeza ya había cambiado a “Criminal”, de Ozuna.

Pero claro que el street art ya no es así en estos días, los estereotipos sobre quienes lo practican cambió de “delincuentes” a artistas; y de una práctica ilegal a ser reconocida por el gobierno capitalino. Finalmente, ahora es parte de los atractivos turísticos de las ciudades más grandes.

Mirar hacia arriba

“Este tipo de expresión empezó en Estados Unidos –nos ilustra Remix, oriundo de la Ciudad de México–, pero la gente pensó que si los jóvenes ‘destruían’ paredes, iban a destruir más infraestructura”. Lo mismo ocurrió en México, sin embargo, ahora tienen el permiso del gobierno, aunque deben librar varios filtros y decisiones antes de que un artista tenga la vía libre y legal para ocupar una pared y crear algo en ella.

Ahora que tengo el permiso implícito y la tranquilidad de mirar hacia arriba en esta ciudad –sin temor a que alguien me bolsee, me persiga o me zancadillee–. Gracias a la orientación de Remix, puedo ver de lo que yo y muchos capitalinos inmersos en sus rutinas nos hemos perdido en las paredes de los edificios que quitan luz del sol a esta ciudad.

Así es como encaro el primer mural que sirve como perfecta introducción a esta metrópoli para los tres viajeros que nos acompañan (y para mí, turista de donde vivo): habla sobre la destrucción de nuestras especies endémicas, pero está incompleto, no porque sea viejo o por intención del artista, sino porque el temblor del pasado 19 de septiembre de 2017 le dejó enmiendas que rompen con el arte de Seher One, aunque no con el mensaje. Hay un jaguar, unas mazorcas y al final está Quetzalcóatl, esa serpiente emplumada que, como cualquier otro dios “creador”, le gusta ser testigo de la destrucción.

En esta primera parada de un circuito en el centro capitalino, Remix nos cuenta que ahora hay logos de la Ciudad de México en cada mural, porque el gobierno decidió hace unos años que era mejor que ellos controlaran lo que pintaran los artistas de la calle, en vez de que hubiera muros llenos de grafitis “sin propósito”.

A mí me asombra, que cuando menos lo esperamos entre las grises paredes que ya conocemos, de repente se vislumbra alguna con colores y formas. Y de nuevo una explicación necesaria: en la pared hay una intervención de dos artistas: Smithe y Demsky, que sin mucha afinidad de estilos crearon una obra que tiene cohesión.

También Remix nos cuenta el drama y el respeto que se da entre artistas: hay un mural con diferentes estilos que muestra cómo FAFI, MEIZ y Ericilcane, tres artistas de diferentes nacionalidades, pasaron por esa pared en momentos distintos. Sin embargo, al final de las intervenciones de cada uno, nadie se enojó y, por otro lado, esta forma de “pisar” a otros artistas es aceptada en este mundo de murales.

Tenemos algo que decir

Rápidamente, en el Museo Casa de la Memoria Indómita dejamos atrás la luz del sol, los gritos de vendedores ambulantes y cambiamos de atmósfera a una donde el aire es perceptible, la sombra prevalece y el silencio es un requisito.

—¿Qué creen que significa esta obra? –pregunta Remix a los visitantes.

—Es una madre que abraza a su hijo, quizás desaparecido, pero más como el recuerdo que queda de él –contesta Fiona, una visitante oriunda de Ohio.

Así es, les certifica Remix, que también es artista. Les pregunta si han escuchado en las noticias de su país sobre los 43 jóvenes desaparecidos en 2014 en Guerrero. Ellos responden que no. Él les cuenta a grandes rasgos lo que ocurrió aquél 26 de septiembre en Ayotzinapa para que puedan entender el único grafiti que vemos sin “color”. También es raro ser turista de estas historias, es extraño oírlas de un mexicano hacia alguien que viene de paso. Entonces lo entienden: detrás de cada estudiante hay una madre que los busca, que si pudiera encontrar a su hijo sería feliz con tan sólo abrazar una sombra, a ese alguien aunque se desvanezca en aves que se van, como en este arte hecho a tres esténciles.

Al finalizar el día le pregunto a Remix por qué la gente debería recorrer el street art de las ciudades en todo el mundo; sobre todo, de las que uno habita.

“Porque refleja muchísimo el verdadero pensar y sentir de las personas. Hay gente que va a seguir enojada y va a destruir cosas, pero hay gente que va al otro extremo y va a ser creadora. Estás viendo lo contemporáneo sin ser tan rebuscado, si te interesa la parte social y entender la realidad del lugar a donde estás llegando a vivir; si vienes de otro país y ves pintas o esténciles y preguntas por qué, entenderás cosas que no sabías. No hay una galería que te muestre eso”.

¡Parece increíble que hayamos pasado de largo durante todos estos años el arte gratuito al que podemos acceder con sólo mirar arriba! Suena a un acto sencillo, pero lo olvidamos por mirar hacia abajo a nuestros smartphones. Irónicamente, muchas veces vemos más las calles fotografiables de otras ciudades, antes que los murales que bien podríamos presenciar de frente y sin una pantalla de por medio.

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