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Nación

Mi familia después de "salir del clóset"

La vida de una persona antes y después de decirle a personas cercanas sobre su orientación o identidad sexual suele ser diferente, pues en ocasiones las familias lo aceptan, pero no siempre hay apertura a hablar del tema

POR Estefania Camacho Fecha: Hace 5 months
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¿Cómo fue cuando “saliste del clóset” con tu familia? Es una de las preguntas que, entrada en confianza, me permito hacer. Esta expresión siempre me ha parecido extraña porque quienes se asumen como heterosexuales no tuvieron que avisarles a sus conocidos, a sus amigos, a su familia sobre su orientación sexual, mientras la gente da por hecho que a uno le gusta la gente –primero– y segundo, que le gustan aquellas personas de su sexo opuesto.

Así está en las películas, en los cuentos de amor famosos a lo largo de la historia, en las princesas reales y en las que creó Disney, así como en las escrituras de las religiones, por lo que “salir del clóset” es todo un evento –casi siempre– en la vida de quienes son gays, lesbianas, queers e incluso asexuales. Y aunque esta ocasión especial no siempre se trata de una escena de telenovela en la que desheredan al primogénito en cuestión, contar con el apoyo de una familia (no necesariamente consanguínea), puede ser crucial para quienes anuncian su orientación sexual.

Aquí algunos testimonios de ese momento con sus familias y algunos porqués de la homofobia.

 

“Mi mamá me dijo ‘mi vida, no pasa nada, ya sabía, además tengo amigos gays, jo jo jo’, y los siguientes tres años la pasó siendo pasivo agresiva conmigo y el tema, porque resulta que sí pasaba. Somos mejores amigas ahora, creció mucho, ahora ama a mi morra. Mi papá, por otra parte, se enteró mucho después y juré que me colgaba porque lo he oído decir que si uno de sus hijos salía puto lo tiraba a la basura, pero a mí me dijo ‘chido, morra, vive tu vida y te amo’. Total shock (no realmente porque con las mujeres es muy distinto dentro de la sociedad de hombres mexicanos)”, contó Alejandra Rodríguez.

 

La diversidad sexual es todavía uno de los mayores problemas de intolerancia en México, a pesar de que el artículo primero de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos establece el derecho de toda persona a ser tratada en condiciones de igualdad y sin discriminación por sus preferencias sexuales.

Según la Agencia Informativa Conacyt: “La discriminación, intolerancia y odio irracional a personas que ejercen una conducta no heterosexual son denominadas como homofobia y transfobia”.

En una cuestión histórica, la homosexualidad fue vista de diferentes formas transgresoras en lo social y cultural;  emocionalmente representa un fenómeno complicado de combatir, ya que genera emociones y discursos de odio ante la diversidad sexual, según la doctora en Filosofía de la Ciencia Siobhan F. Guerrero Mc Manus, investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Hay varias causas para que haya homofobia e intolerancia a personas LGBTTTI. La primera es la tradición judeocristiana en la que nos encontramos, en donde se consideró históricamente como un pecado y eso llevó a la persecución de las minorías sexuales”, explicó Siobhan Guerrero, miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores.

 

“Lo mío fue un accidente: mi mamá me estaba contando que ‘un amigo psicólogo suyo’ le dijo que la bisexualidad se estaba poniendo de moda porque tenía un montón de pacientes que iban por eso. Y que me dice:
—¿Cómo ves?
—Ja, (risas). 
—No me vayas a salir con que tú también eres bisexual.
—…
– ¡Jonathan (mi hermano)! ¿Ya oíste que tu hermana es bisexual?  
Y mi hermano responde: ‘Ajá, ya sabía. La traes atrasada'”, recuerda Karen Cymerman sobre esta plática con su madre, que al final reaccionó con naturalidad.

 

“En el caso de América Latina y México, no estaba penado por efecto de la reforma de los códigos napoleónicos, que afectó a toda Europa del sur y Europa latina. Lo que sí pasó y fue muy claro en el siglo XX es que se consideraba la homosexualidad un indicador de peligrosidad social”.

Tal perspectiva denunciaba que las personas homosexuales no podrían integrarse a la sociedad por que los consideraba delincuentes en potencia.

En el caso particular de México, el machismo es un factor importante en el despliegue de tal problemática. El contexto social puede retomarse desde las sociedades mesoamericanas, a partir de un entronque patriarcal, señaló la doctora Siobhan Guerrero.

“No todas las sociedades eran respetuosas de la diversidad sexual, los mexicas, por ejemplo, no lo eran. Después de la conquista, hubo entronque patriarcal, donde la tradición intolerante judeocristiana se mezcló con tradiciones intolerantes locales”.

 

“Soy bisexual y nunca le dije a mi mamá o hermano de manera directa, pero se dieron cuenta por mis relaciones sentimentales en la adolescencia. Su forma de ‘aceptarlo’ fue comentándome que a lo mejor ‘luego se me pasaba y me regresaba’ al gusto sólo por los hombres. Después pedían ‘definirme’ respecto a si me gustaban mujeres o hombres. No podían comprender que se puede ambos (…), pero con mi papá es otra onda. Sé que es homofóbico y no he querido decirle por miedo al rechazo –de por sí no vivo con él desde los 4 años–. Tampoco lo he dicho abiertamente a la familia general como tíos o primos. Incluso eso modifica mi uso de redes sociales: en Twitter, donde no los tengo, soy muy abierta, y en Facebook, donde hay tíos y primos al acecho, soy más reservada. En general sé que estoy a la mitad del clóset (mi mamá, hermano, amigos y compañeros de trabajo lo saben). Pero no me siento preparada para terminar de salir con los que, creo, no lo respetarán y me dejarán de hablar”, admite Dulce Olvera. 

 

La agenda conservadora

A nivel legislativo, los derechos conquistados por la comunidad LGBTTTI en nuestro país podrían entrar en regresión por las acciones de grupos de ideología conservadora que buscan conquistar espacios políticos mediante partidos, organizaciones y asociaciones civiles, consideró la doctora Siobhan Guerrero. Además, aclaró que parte de la agenda de estos grupos tiene como punto particular la reevangelización de América Latina y la defensa de la familia nuclear tradicional que termina siendo costosa para las personas de la diversidad sexual.

 

“Me fui a Canadá de regalo de XV años y asistí por cuestiones del azar a la marcha gay de Toronto, y regresé a casa con una enorme bandera gay que compré allá. Después de esa y otras señales, mis papás decidieron hacerme una gay-tervention, donde me desclosetaron. Me dijeron que creían que me gustaban las mujeres y que estaba bien, que me apoyaban, pero que tuviera cuidado porque vivíamos en un pueblo muy conservador; mi mamá tenía miedo de que me quedara sin amigos. Esa vez no se los confirmé y fue hasta mi primera novia que les dije que siempre su suposición era cierta. Mi papá lo tomó igual de chido, pero a mi mamá le costó más trabajo, pero ya con los años acepta a mi pareja y convive con ella sin problemas”, explica Abril Torres.

Y a ti, ¿te apoyó tu familia o has encontrado otra que te acepta sin juzgar quién eres?

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