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Mujeres trabajando… sin barreras

Aprender un oficio siempre se ha vendido como la clave para salir adelante en la vida, sin embargo, todavía hay oficios que se consideran “sólo para hombres”. Esta es la historia de las mujeres que decidieron romper con los estereotipos a fin de salir adelante y acabar con la violencia de género

POR Revista Cambio Fecha: Hace 8 months
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POR ABIGAIL GÓMEZ

Samantha llegó a la Capacitación en Plomería para Mujeres en la peor etapa de su vida. Había decidido separarse de su marido tras una relación de violencia y malos tratos, y nunca imaginó que ese taller sería el salvavidas que la sacaría a flote. Ella asistía a una institución que lucha contra la violencia intrafamiliar, ahí le brindaron terapias psicológicas y fue donde le informaron del curso. En ese momento no sabía que formaría parte de la primera generación de mujeres plomeras egresadas de la escuela de plomería de Fundación Helvex, una generación en la que todas las estudiantes venían de situaciones vulnerables y de violencia.

“En el instituto a donde asistía me dijeron que iba a haber un curso de plomería, pero en ese momento yo no visualicé la magnitud de lo que iba a pasar. El primer día llegamos y nos explicaron que era más que un curso, que era una capacitación para convertirte en plomero profesional con certificación, y conforme pasaron los días me fue apasionando mucho lo que aprendía a tal grado que yo hacía todo para no faltar, era sólo un día a la semana pero ese día veía con quién dejar a mis hijas, me apuraba y cuando estaba ahí me olvidaba de todo, de si comían, de qué estaban haciendo, de si habían hecho la tarea”, recuerda Samantha.

Ana Lilia Gutiérrez es la mente tras la idea de capacitar a mujeres dentro de las instalaciones de Helvex. Ella es la encargada de la fundación de dicha empresa y siempre está en busca de apoyar causas sociales, fue por esa razón que pensó en un curso para mujeres en situación de violencia.

“La idea de abrir un grupo para mujeres de determinado contexto era el poder brindarles herramientas a fin de salir de esa situación. Pensamos que la plomería podía ser una técnica que ellas podrían realizar tan bien como los hombres y que les daría la posibilidad de obtener un ingreso, de brindarles autoestima y las herramientas necesarias para superar su situación. Tuvimos todo el apoyo de la dirección y el año pasado este proyecto se volvió una realidad”, comenta.

Oficios sin género

Ejemplos como este se comienzan a ver en distintas partes de la República y del mundo. En Jalisco, el gobierno abrió talleres para mujeres enfocados en aprender carpintería, electricidad, ferretería; en Chicago, Estados Unidos, se abrió un programa para mujeres mexicanas llamado Mujeres en Manufactura, donde se les enseñaba técnicas de soldado con el objetivo de poder tener mejores oportunidades; en Argentina se ha vuelto popular un grupo denominado Mujeres Trabajando, una red donde son ellas quienes desempeñan todo tipo de oficios considerados masculinos, y que ha tenido gran éxito por la confianza que ofrece a otras mujeres que las trabajadoras sean de su mismo sexo.

En la Ciudad de México es posible encontrar otros ejemplos de cómo las mujeres se van abriendo paso en actividades que antes eran consideradas sólo para hombres. Jeinny Solís forma parte de uno de esos proyectos.

Ella y sus compañeras se hacen llamar a sí mismas Mujeres Electricistas.

Todo inició en las instalaciones del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias, donde se lanzó una iniciativa con el propósito de capacitar a mujeres que pudieran convertirse en electricistas especializadas en sistemas fotovoltaicos. Al terminar, algunas lograron, además de la capacitación, obtener una certificación que avalaba sus conocimientos de manera laboral, entre ellas Jeinny. Lo siguiente fue que algunas de las egresadas del posgrado se unieron con la finalidad de empezar a generar trabajo, y casi a la par nació la idea de dar cursos de electricidad básica enfocados en un sector que hace algunos años no hubiera sido considerado para este oficio: las mujeres.

“Nos dimos cuenta de que era un sector en el que podía funcionar implementar este tipo de talleres, y ha sido todo un éxito. Cuando llegan, muchas están motivadas por la necesidad de sentirse autosuficientes. Decidimos hacer el grupo porque en general la electricidad es algo que a las mujeres las intimida, pero aquí les mostramos que no es algo tan complicado, que cualquier persona puede hacerlo y eso les brinda mucha autoestima”, asegura.

Jeinny explica por qué ahora podemos comenzar a ver que las mujeres se insertan poco a poco en actividades que han sido históricamente consideradas masculinas. Para ella, que lo ha vivido desde adentro, una de las principales razones es que ha crecido considerablemente el número de hogares que son liderados por mujeres.

“Actualmente 40 % de los hogares son dirigidos por una mujer, por lo que ya no está ese hombre que, supiera o no supiera hacerlo, se encargaba de esas actividades consideradas masculinas como todo lo referente a electricidad, plomería, carpintería. Es por eso que muchas están buscando ser autosuficientes y empiezan a aprender estos oficios”, explica.

Ganar espacios

¿De dónde viene esta idea de oficios para hombres y oficios para mujeres?, ¿nacemos capacitados para ciertas actividades según nuestro sexo? Monserrat Alfaro es psicóloga especializada en temas de género y responde estas preguntas.

“En general, crecemos pensando que hay actividades que son más adecuadas para hombres y otras para mujeres. Desde que naces, dependiendo de las características físicas que tienes, ya sea de niña o de niño, te asignan un género y a partir del género también se te van asignando roles, es decir, papeles que socialmente son asignados a hombres y otros a mujeres. En este sentido, a la mujer se le asocia con roles del hogar y con lo relacionado al cuidado de los hijos, y a los hombres con roles contrarios, con lo que sea rudo y de fuerza física; sin embargo, no es que naturalmente existan actividades masculinas o femeninas, eso es una creencia social”, asegura.

Tanto Ana Lilia como Jeinny coinciden en que para estas mujeres los talleres son mucho más que un simple curso. Ana Lilia, de Fundación Helvex, recuerda haber escuchado a sus egresadas decir que había sido la mejor terapia que podían haber tenido, y Jeinny sabe que para muchas de las mujeres que toman los talleres de electricidad el conocimiento adquirido las empodera, les da confianza, les eleva la autoestima y las hace sentir que son capaces de lograr cosas que nunca imaginaron.

“El hecho de que te puedan explicar cómo funciona un circuito de una casa, que entiendan cómo se compra un accesorio eléctrico, que se sientan capaces de resolver un problema eléctrico en su hogar es algo maravilloso para ellas. Es más que un simple curso de electricidad, es un curso que te da seguridad, conocimiento, una destreza adicional que hasta puedes usar para generarte una fuente de ingresos, es empoderamiento a través de un oficio que siempre fue considerado masculino”, explica Jeinny de Mujeres Electricistas.

Por su parte, la psicóloga agrega que este fenómeno es resultado de “pequeñas acciones que van generando cambios sociales de grandes dimensiones. Por ejemplo, antes estudiar era considerado algo masculino, aunque hubo mujeres que lucharon por insertarse en esos espacios y ahora es algo normal. En este momento quizá siguen siendo casos aislados el de mujeres que se dedican a estos oficios, pero llegará un momento en que esos hechos aislados se unan y se transforme en un cambio de paradigma en el que dejen de existir oficios para hombres y oficios para mujeres, y cada quien sea libre de desempeñar la actividad que mejor le parezca. El hombre sabe que puede tomar esos espacios, la mujer lo está descubriendo”.

Samantha ahora es plomera certificada y trabaja suministrando material para la Torre Bancomer. Si va a comprar piezas a los locales, los vendedores no la quieren atender porque piensan que no sabe nada, sin embargo, cuando empieza a hablar de medidas y sabe perfectamente el nombre de las piezas “se quedan con el ojo cuadrado –comenta mientras se ríe–. Yo les digo, es que soy plomera, y no me lo pueden creer pero al final siempre me felicitan… y mi marido decía que no iba a hacer nada sin él pero aquí ando, con muchos proyectos, ahorrando para comprar mi herramienta”.

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