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Nación

Rodar y volar

Somos una familia y trabajamos para construir una ciudad más humana donde todos podamos vivir en armonía, sin importar nuestra condición; somos Paseo a Ciegas A.C.

POR Laura Cordero Fecha: Hace 2 weeks
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A Claudia Isabel le gusta cantar. Los Temerarios es su banda favorita. Hace dos días conoció a Arturo, otro joven que también disfruta la música. Se hablaron en el trabajo. Él vende dulces en el Metro, ella canta en los vagones. Sólo tienen dos días de conocerse, y Arturo la invitó a un lugar que le cambió la vida y que también está por cambiar la de Claudia.

La cita es hoy, el último paseo recreativo de noviembre en Paseo de la Reforma, a un costado de la Diana Cazadora. En punto de las 11, Claudia y Arturo llegan a una pequeña carpa donde hay más gente. Todos ríen, platican, se abrazan, saludan. “¡Arturito, ya llegaste!”, “Sí, y traje a una amiguita, se llama Claudia”.

Claudia no sabe a dónde llegó. Es ciega, igual que Arturo. Tiene calor y sed, y también debe ir al baño, pero no sabe a dónde dirigirse; una joven la acompaña. En Paseo a Ciegas si algo sobran, son voluntarios; ciudadanos, como tú, como yo, que regalan un poco de su tiempo a una asociación que ayuda a personas con discapacidad a reintegrarse a una actividad que los libera: andar en bicicleta. Mientras Claudia regresa, Arturo ya se montó a la parte trasera de una bicicleta tándem; está listo para rodar con otro voluntario.

Manuel de la Torre, fundador de esta asociación civil, me cuenta que en Paseo a Ciegas hay dos objetivos: llevar a cabo actividades de inclusión para personas con discapacidad –visual, sensitiva, intelectual, mental y motriz– y generar conciencia; sensibilizar a las personas en este tema.

Fue el 10 de enero de 2010 cuando Bicitekas sumó a un grupo de voluntarios; Contacto Braile hizo una serie de convocatorias y la difusión, y Muévete por tu Ciudad gestionó los permisos, con el propósito de impulsar este proyecto y que en marzo de 2012 terminó constituyéndose legalmente como Paseo a Ciegas, una asociación civil.

Están por cumplir 9 años, y los paseos en bici son una de las tantas actividades que brindan. Ofrecen talleres de sensibilización, recorridos sensitivos en el Jardín Botánico, la feria de la discapacidad, funciones de cine, de teatro… la lista es larga. También cuentan con equipo adaptado con el fin de que la sociedad aprenda sobre la discapacidad, para generar empatía y sobre todo con el objetivo de que aprenda a construir ciudades más humanas dónde vivir en armonía, independientemente de su condición.

Gloria Rodríguez perdió la vista cuando era pequeña. Los deportes eran lo suyo –bicicleta, bádminton, voleibol–, y aunque era débil visual, no se detenía; sin embargo, poco a poco perdió la pasión por estas actividades, hasta que Manuel apareció en su vida. “Se me abrió una puerta enorme. Di mi primer paseo con él hace siete años y aún recuerdo ese día, quería llorar. Habían pasado muchos años desde que no pedaleaba. Le dije que quería llorar y él sólo me respondió: ‘Llora, tú estás manejando la bici, yo sólo soy el conductor. Siente como pedaleas’. Olvidé mi discapacidad. Volví a hacer algo que me apasionaba y no lo cambio por nada”, nos cuenta.

Actualmente trabaja como masoterapeuta, aunque Gloria también trabaja por los suyos. Durante cinco años estuvo en una empresa dando cursos de sensibilización para que más empresas contrataran a personas con discapacidad. Cada ocho días acude religiosamente e invita a más personas con discapacidad a ir. “Es una oportunidad de reintegrarnos a la sociedad en algo que nos apasiona, en este caso, el ciclismo. Es una distracción; convivimos. Hay mucho respeto y cariño aquí”.

Paseo a Ciegas no recibe ningún apoyo económico de empresas, ni del gobierno. Se integra por beneficiarios y voluntarios. Para unirte como voluntario debes tomar un taller de sensibilización que imparten el primer sábado de cada mes, donde quedas en condición de ceguera durante cinco horas. Se divide en tres etapas: inclusión e integración del equipo, actividades sensoriales en un salón y movilización y orientación.

Si quieres ser beneficiario, debes contactarlos, ya sea por correo electrónico, teléfono o acudir directamente a la Diana Cazadora, donde instalan una carpa todos los domingos de 9:00 a 13:30 horas en el paseo recreativo de Paseo de la Reforma. Te anotan en una lista y recibirás un calendario de las actividades mensuales que realizan más allá de las rodadas donde participan todos: voluntarios, beneficiarios y familiares de ambos. El objetivo es unirse con el fin de crear respeto, inclusión, igualdad y, sobre todo, ciudades más humanas.

Claudia sigue sin saber a ciencia cierta qué se hace ahí, aunque no deja de platicar, reír y cantar. Nos cuenta que su banda favorita son Los Temerarios, y ni dos segundos pasaron cuando mi compañero Erik comenzó a entonar: “He pasado mucho tiempo ya sin ti, pero más no puedo”, Claudia le hizo segunda: “Mi corazón no entiende que ya te perdí. Olvidarte quiero, pero no puedo, sólo pienso en ti, siempre en ti”, y mientras canta, saca de su cangurera una memoria USB y un pequeño radio, lo prende, y como si fuera magia, Arturo ya había regresado de su viaje y tampoco dilató en sacar su radio con el propósito de comenzar el concierto. Cantaban, platicaban de sus canciones. Reían… reíamos, sin embargo, los Temerarios y Vagón Chicano tendrán que esperar. Llegó el momento para que Claudia se suba a una bicicleta.

Desde que era niña no pedalea y no conoce estas bicicletas dobles. Antes de subirse, Armando, “El inge”, quien será su cómplice en la aventura de rodar, la guía con sus manos para que conozca la estructura. Claudia toca el que será su asiento y de paso le avisan que su maniubro no se mueve. La emoción la invade cada vez más. Su corazón late más rápido porque ya es la hora de subirse. Le cuesta un poco, aún no tiene medida la altura de la bicicleta. Armando detiene la bici, la inclina con el objetivo de que se suba y lo logran. Claudia acomoda sus pies y está lista para volar, sentir la brisa de la Diana y gritar de la emoción.

El viaje no sólo fue mágico para ella, “El inge” comparte la experiencia. El día está completo para los dos.

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