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Nación

Tecnopoder femenino

Ellas decidieron no quedarse cruzadas de brazos y han puesto sus conocimientos en material de tecnologías de la información al servicio de una gran causa: erradicar la violencia contra las mujeres

POR Laura Cordero Fecha: Hace 3 weeks
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Estudió Ingeniería en Geofísica en el Instituto Politécnico Nacional porque le apasiona la sismología. Está en proceso de titulación debido a que deseaba cursar una maestría en Riesgo Geológico, pero las casualidades de la vida la están llevando por otro camino.

María Salguero acudía a las marchas a fin de exigir justicia por los pequeños que murieron en la guardería ABC en Sonora. Ahí conoció a más personas que, como ella, al unísono sólo pedían castigo para los culpables. Sin embargo, esta causa fue la primera. Con el paso de las protestas, más personas compartían sus denuncias y exigencias hasta que llegó Alberto Escorcia, un joven que comenzaba a realizar un mapa sobre los desaparecidos. Ella le sugirió utilizar una base de datos con la finalidad de ubicar a cada víctima. El plan recien inciaba.

Con los conocimientos adquiridos en el Politécnico, ella le enseñó cómo georeferenciar un mapa. El proyecto comenzó a crecer y ya eran más de ocho personas involucradas. Familiares de desaparecidos les hacían llegar más y más datos. Todo se verificaba y no se daban abasto. Con el paso del tiempo, sólo quedaron otra vez María y Alberto, pero la información no dejaba de llegar hasta que, un día, dejaron de alimentar la base porque ya no podían ellos solos.

Ese mapa se fue al olvido; no obstante, María tenía ganas de crear otro mapa, un mapa de feminicidios, porque al recopilar la información notó que muchas de esas mujeres fueron asesinadas con saña, con dolo, y no podía quedarse de brazos cruzados, quería visibilizar el problema.

“No te puedes quedar con los brazos cruzados ante la barbarie. No puedes ver que todos los casos quedan impunes y que haya tanta negligencia. Tenía que hacerlo”, me cuenta.

Y es que antes de comenzar a elaborar el mapa, ella trató de denunciar publicamente que los feminicidios ya no ocurrían sólo en Ciudad Juárez o en el Estado de México, sino en todo el país. Pero nadie la escuchaba.

Así, en 2016, estableció su metodología: llenaría la base de datos con información que encontraba en notas periodísticas y de sitios web, porque al analizar los reportes de las procuradurías se dio cuenta de la omisión de las autoridades al clasificar los feminicidios, pues muchos de ellos fueron clasificados como homicidios.

Basada en el Modelo de protocolo latinoamericano de investigaciones de las muertes violentas de mujeres por razones de género de la ONU, María determina si es un feminicidio o no. En el caso de la Ciudad de México, utiliza el Código Penal local.

El mapa comenzó a contabilizar a las mujeres asesinadas: las clasificó por edad, relación del feminicida con la víctima, estatus de los feminicida, modo en que fueron asesinadas, escenario del crimen, y otros criterios.

Tan sólo en 2016, registró 2 099 casos, y en lo que va de 2017 suman 1 665 asesinatos.

Este mapa en un principio le provocó muchas pesadillas a su creadora. Capturar información detallada de cómo mataban a las mujeres o cómo hallaban sus cuerpos la hicieron soñarse como una de ellas, y por salud mental detuvo un poco el vaciado de información. A pesar de esto, sabía que tenía que continuar con su labor, darles rostro a esas mujeres que han sido asesinadas por sus exparejas, por sus parejas, por las parejas de sus madres, por sus hijos, por otros familiares, por las parejas de sus exparejas o incluso por personas totalmente desconocidas.

María sabe que con este mapa demuestra lo que incluso las autoridades no han querido reconocer: en todo el país matan a las mujeres y los crímenes son muy cruentos. Este mapa también está cambiando el rumbo de su vida. Le han propuesto capacitación legal e informática con la finalidad de que mejore y potencialice el mapa con términos legales correctos y con mejores visualizaciones. Además, autoridades, activistas, universidades y organizaciones de la sociedad civil la han invitado por todo el país para presentar el mapa. La maestría en Riesgo Geológico tendrá que esperar, ella quiere cursar una relacionada con Datos.

LUCHADORAS Y GUERRERAS

María no es la única que utiliza sus habilidades en las tecnologías de la información para evidenciar la violencia que hay contra las mujeres y combatirla. Desde 2012, las activistas y defensoras de derechos humanos Lulú Barrera, Anaiz Zamora, Evelyn Alcalá y Perla Vázquez formaron el colectivo Luchadoras, porque se dieron cuenta de que las narrativas en Internet seguían sin representar a las mujeres.

Mediante sus propias experiencias, hallaron que en esta esfera digital se replicaban los mismos modelos de los medios tradicionales, donde a las mujeres se les presenta en roles reproductivos o secundarios; incluso cuando veían notas de género, todo se enfocaba a violencia de este tipo.

“Era un discurso muy victimizante, pero nos encontramos con varias mujeres haciendo cosas transformadoras y no veíamos que eso se reflejara. No veíamos que esas historias se contaran. Decidimos hacer de Luchadoras un espacio para hacer visibles estas historias protagonizadas por mujeres que están haciendo cambios políticos, sociales, económicos y en todo sentido”, me cuenta Lulú.

Con el paso de los años, Luchadoras definió tres estrategias de trabajo. La primera, usar la tecnología con el objetivo de contribuir a que en el espacio digital también se cuenten historias que no sean machistas, y que reivindiquen la potencia, las capacidades y los saberes de las mujeres. “Tradicionalmente, la televisión o la radio, han sido medios que perpetúan mensajes sociales, y ahora es a través de las redes sociales donde se está trasladando esto. Luchadoras confía en que si se cuentan estas historias de mujeres guerreras, que toman decisiones propias y deciden qué quieren hacer, estamos contribuyendo a ampliar el horizonte de expectativas de las mujeres”.

Otra de sus estrategias es crear comunidad entre las mujeres. Las redes sociales anteceden al Internet, son redes entre personas reales, y por ende, buscan reunirse con mujeres para intercambiar ideas de manera presencial. El Internet nos ha ayudado a potenciar estas redes, porque también tienen claro que estas son más fuertes cuando las mujeres se encuentran; así, a través de Internet se está difundiendo el mensaje. En estos encuentros han ofrecido talleres de autocuidado y autodefensa, también realizan sesiones donde diseñan memes y gif feministas –aprovechan al máximo las TIC.

Finalmente, la tercera estrategia consiste en documentar y analizar cómo la violencia contra las mujeres ha aumentado mediante las tecnologías. Una vez que recopilan estas narrativas de violencia, realizan actividades para sensibilizar lo que implican las agresiones y los efectos que puedan tener.

Hasta ahora, han documentado 13 formas distintas de agresiones en línea, y muchas de estas son un continuo de la violencia que vivimos offline. Relaciones de control y vigilancia, restringir con quién se habla o a dónde se va, limitar la posibilidad de comunicación y movimiento son algunas acciones que se han extrapolado a las tecnologías. Revisan sus llamadas, lo que publican en las redes sociales, con quienes chatean o incluso su ubicación.

Luchadoras también destaca las campañas de difamación que hay en la web contra mujeres periodistas y activistas donde ponen en tela de juicio su trabajo y su credibilidad. Lulú me comenta que han documentado casos donde parte del hostigamiento es robar fotografías personales de estas mujeres para exhibirlas y ridiculizarlas con memes o fotomotonajes, “todo esto es muy grave”, lamenta.

ESTE CUERPO ES MÍO

El Fondo de Acción Urgente por los derechos de las mujeres, (UAF, por su sigla en inglés) es una alianza internacional de tres fondos hermanos autónomos que apoyan a las Mujeres Defensoras de Derechos Humanos en todo el planeta, y también ha puesto sobre la mesa el tema de las agresiones en el espectro de la web.

En los últimos años, algunas de sus integrantes, las más jóvenes, específicamente, han incluido entre sus programas el de la defensa del espacio digital, y es que tienen claro que en la esfera digital, las mujeres también deben resistir.

El informe 2015 de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de la Organización de las Naciones Unidas indica que en el mundo hay 200 millones menos de mujeres que hombres en línea, y de no atenderse esa brecha, el rezago podría aumentar a 350 millones de mujeres no conectadas.

La doctora Lourdes Feria Basurto, directora general de Tecnologías del Conocimiento de la Universidad de Colima, mencionó recientemente en el pánel Women in TICS: Mujeres en el mundo de las tecnologías que de atender esta diferencia, el producto interno bruto mundial crecería entre 13 000 y 18 000 millones de dólares adicionales.

Sara Munárriz Awad, responsable de comunicación estratégica de la UAF, me cuenta que entre las reflexiones que han tenido destaca que el cuerpo de las mujeres es un primer territorio, y le sigue el territorio que habitamos para que luego formemos parte de un todo, pero recientemente hallaron que el ambiente virtual también es un territorio, de lucha y de defensa de nuestros derechos.

“Las mujeres también somos un cuerpo virtual. La consigna ‘el cuerpo es mío, yo decido’ se traslada a lo digital, y para hacerlo mío debemos tener en claro las reglas del mundo digital y poner atención a lo que decido en la red”, me dice Sara desde Colombia.

Hoy en día, la violencia en línea poco se reconoce. Es por ello que la UAF trabaja con las necesidades que requiere cada una de las víctimas, aunque también enfatiza que nosotras, como usuarias de las tecnologías, debemos crear, de manera colectiva, un espacio virtual que nos cuide. “Se están dando peleas importantes en ese espacio que es muy masculino. Necesitamos una protección colectiva y de cuidado digital”.

Debemos comprender que lo que pasa en línea es muy importante, sobre todo respecto a la violencia de género, porque como aún no se percibe del todo, es muy difícil interponer denuncias y no hay mecanismos de protección ante esto.

Actualmente, la UAF ofrece recursos, los 365 días del año, con el propósito de defender los derechos de las mujeres, sin embargo, también ayudan a combatir la violencia en línea y más cuando estos ataques, que comenzaron de manera esporádica, se están incrementando.

María, Lulú, Perla, Evelyn, Anaiz y Sara tienen más de una cosa en común: todas quieren visibilizar la violencia contra las mujeres a fin de tomar acciones, dentro de sus posibilidades, y combatirla. Ellas, desde su trinchera –la tecnología– exploran nuevas maneras de tejer redes con más mujeres para multiplicar un solo mensaje: ¡Hasta aquí!

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