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Nación

Tinta por comida

Nathanael no había nacido todavía en aquel distante sismo de 1985, 
pero la vida le brindaría la oportunidad de auxiliar en esa misma fecha, 32 años más tarde, ofreciendo lo que sabe hacer: tatuajes y perforaciones a cambio de víveres para las personas damnificadas

POR Revista Cambio Fecha: Hace 2 months
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POR MIRIAM CANALES

Nathanael Zamora no había nacido todavía en aquel distante y perturbador sismo de 1985, pero la vida le brindaría la oportunidad de auxiliar en esa misma fecha, 32 años más tarde, mediante un trueque de tatuajes y perforaciones por víveres. Su estudio, Santa Mónica Ink, tuvo la iniciativa de recurrir a su trabajo a favor de las personas necesitadas durante esas fechas turbulentas.

“Sonaba la alerta e ignoramos el llamado. No tenía forma de decirles a mis clientes que iba a suspender su sesión. Yo vivo a unas cuadras y se me hizo fácil llevarlos a ellos y a amigos a terminar ahí. Cuando prendimos la ‘tiví’ se me salieron las lágrimas, me sentí impotente. Protección Civil nos cerró el local por 24 horas”, cuenta este chico de 26 años, perforador profesional del centro histórico capitalino.

Santa Mónica Ink lleva apenas tres años sobre la calle de Palma, donde también labora otro tatuador de amplia experiencia llamado Mario Chavero. Aquel día, https://psychology-essays.com/essay-writing essaysweb-based.com essaysweb-based.com ignoraron la alerta sísmica y continuaron su trabajo hasta que se percataron de que el movimiento era drástico; acudieron al llamado de apoyar a otros afectados ofreciéndoles alimentos, ropa o material quirúrgico. Los días posteriores fueron a levantar escombros al edificio de las calles Bolívar y Chimalpopoca. Después, el cansancio y la pesadumbre comenzaron a apoderarse de ellos y esa maniobra –o aportar alcohol o gasas– no les resultó suficiente; intentaron buscar otros medios más afines a ellos para continuar con el auxilio.

Desde el 7 de septiembre, Nathanael y su equipo ya habían exhortado mediante sus redes sociales a sacar adelante a los damnificados, aunque su convocatoria no fue tan favorable: “De parte de nosotros trabajamos sin recibir algo a cambio o sin sacar ventaja de la situación. Lo que se nos ocurrió fue tratar de pedir ropa vieja, medicamentos, todo tipo de despensas. No juntamos la gran cosa, pero tuvimos la intención de llevarlo personalmente o a donde hubiera la necesidad con problemas”. Según otro par de amigas tatuadoras, viajeras y con mayor disponibilidad, mantuvieron un censo preciso de qué regiones se encontraban más necesitadas y de este modo enviaron las despensas con mayor certeza de su llegada. Incluso hoy en día, una de ellas continúa en una comunidad de Oaxaca.

La construcción donde se localiza Santa Mónica Ink corrió con suerte, ya que no presenta daños significativos; además, aún piden sus servicios. Esta es una tarde saturada y varios clientes solicitan tatuajes o perforaciones –aunque ya no sea con fines caritativos–, entre ellos una mujer madura que busca una perforación en la nariz sin apenarse por su edad o apariencia. Pero varios colegas, en cambio, tuvieron que cerrar sus puertas, como el caso de algunos estudios en la colonia Condesa donde ni siquiera les permitieron sacar sus pertenencias y herramientas de trabajo.

Durante su campaña caritativa, que duró alrededor de 15 días, llegó en su mayoría gente joven de entre 16 y 40 años; aplicaron entre 150 y 200 tatuajes, aproximadamente. Y en ese tiempo ccurrió de todo: detractores que los cuestionaron y criticaron, hasta algunos donadores que no solicitaron nada a cambio y otros más que intentaron pasarse de listos: “No digo que sea abuso, pero sí hubo quien que con unas simples botellas de agua quería un tatuaje grande en la espalda. Como yo veo el sapo es la pedrada.

Hubo también quien me sorprendió y me dejó una gran cantidad de víveres sin pedir nada. Una amiga me trajo peluches, juguetes y si yo fuera un niño que la estuviera pasando de la chingada me sentiría feliz con eso”. Una jirafa y un oso gigante que no encontraron cabida en las camionetas que recorrieron poblaciones como Tetela del Volcán, Morelos con sus propios recursos, permanecen en el local esperando ser rifados y obsequiados antes de la temporada navideña.

A pesar de la fiebre por “Frida”, el personaje más representativo del terremoto, Santa Mónica Ink no tuvo una alta demanda por plasmarse a la labradora, a diferencia de otros como el estudio tampiqueño Black Sheep Tattoo, cuya imagen se viralizó mediante Facebook.  Pero incluso, después de que había terminado la promoción, una chica sí llegó a preguntar por el diseño de la perrita.

Una experiencia significativa que vivieron en Santa Mónica Ink fue cuando llegó una chica de Brasil que durante su estancia en la capital mexicana tuvo la mala fortuna de estar en un edificio de la Narvarte y colapsó. Quedó atrapada entre los escombros por 12 horas hasta que la rescataron. Como gesto simbólico, esta chica decidió tatuarse la fecha del 19 de septiembre: “No tuvo fracturas sólo algunas molestias corporales pero nada serio. Vino aquí, le hicieron una entrevista y se tatuó, se puso el símbolo del país y adentro de la figura, la fecha”.  A su vez, Nathanael cuenta que se presentaron otros dos rescatistas a trazarse la silueta de la fecha y la hora del incidente telúrico.

Durante los primeros días de diciembre, Santa Mónica Ink buscará repetir su dinámica de los tatuajes y piercings a cambio de donativos; sin embargo, en esta ocasión mediante otras cláusulas y restricciones a fin de evitar malentendidos como la vez anterior. Su gran ventaja es que mantienen contacto con la red de ubicaciones precisas de ayuda.

Finalmente, Nathanael reflexiona su sentir tras el siniestro: “Yo me sentí vivo después de esto. Volví a valorar personas, hasta a la misma familia con quienes no tengo mucho apego. Hice lo que estaba a mi alcance y me da más confianza y me siento más seguro. Me dejó una buena experiencia, no la más grata para el país, pero un buen sabor de boca de que no me quedé con las manos cruzadas”.

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