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Nación

Totonaco, la preservación de nuestra riqueza lingüística

A pesar de que una lengua sea hablada por una considerable cantidad de personas, está en peligro cuando disminuye el número de niños que la aprenden y utilizan

POR Revista Cambio Fecha: Hace 8 months
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Por Ana Luisa Guerrero*

El totonaco o tutunakú es un conjunto de lenguas indígenas habladas en los estados de Puebla y Veracruz, principalmente. Esta lengua —cuyo nombre significa “tres corazones”—, hasta 2015 era hablada por 267 mil 635 mexicanos, según la Encuesta Intercensal del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Es una de las 68 agrupaciones lingüísticas que se hablan a lo largo del territorio nacional y aunque no se le considera una de las lenguas indígenas vulnerables a desaparecer, eso dependerá de que se siga transmitiendo a las nuevas generaciones.

El totonaco es la lengua materna de Rolando García Juan, la aprendió de sus padres y ahora se esfuerza por enseñarla a sus cuatro hijos. Además, a ritmo de rap y hip hop busca que los niños y jóvenes de su comunidad se sientan orgullosos de ella y la utilicen.

Rolando nació y creció en San José Amixtlán, un municipio enclavado en la sierra norte de Puebla, muy cerca del límite con Veracruz y cuyo nombre significa “lugar entre la niebla o las nubes”, en el seno de una familia con profundas carencias económicas, como las que actualmente afronta 86.4 por ciento de la población mexicana, que se encuentra en situación de pobreza, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Desde pequeño tuvo la necesidad de trabajar, ya fuera vendiendo jitomates, matando pollos o recorriendo agrestes veredas para recolectar leña que luego vendía.

Aprendió el español, o castellano, con la convivencia diaria en la escuela y jugando con los amigos, permitiéndole la comunicación con más personas cuando, a los 13 años, la precariedad en que vivía lo obligó a emigrar a otros estados del país en busca de oportunidades laborales.

Fue en esa etapa cuando la música atrajo su atención, seguía a grupos de rap y hip hop como Control Machete, Molotov o Cartel de Santa, cuyas letras sobre la corrupción y lo que ocurría en la sociedad, lo inspiraron a componer sus propias canciones.

“Se me ocurrió hacer algo en mi idioma, porque si otros lo hacen en inglés, por qué no hacerlo en totonaco”, dice.

En 2010 compuso la canción “No te avergüences”, con el propósito de promover la práctica del totonaco entre los habitantes de Amixtlán y así evitar que se pierdan “nuestras raíces”. A la fecha, el video oficial está por alcanzar las 19 mil reproducciones en YouTube.

Y aunque al principio el concepto era visto con descontento entre la comunidad, después fue adoptado por niños y jóvenes que se han convertido en el público más fiel, al grado que es un referente en escuelas de ese municipio, donde es proyectado en los salones de clase.

Rolas Arte Tutunakú es el proyecto musical que Rolando encabeza, en sus canciones habla de situaciones de la vida diaria, de los pueblos indígenas y de la forma en que actúan los gobiernos, así como del amor y el desamor.


¿Por qué se pierde una lengua?

En México, siete de cada 100 mexicanos de más de tres años hablan alguna lengua indígena. A lo largo del territorio, existen once familias lingüísticas de las cuales se desprenden 68 agrupaciones que pueden ser consideradas lenguas; de ellas se han contabilizado 364 variantes, aunque el número podría ser superior.

A pesar de que una lengua sea hablada por una considerable cantidad de personas, se considera en peligro cuando disminuye el número de niños que la aprenden y utilizan.

A la fecha se ha identificado que 19 lenguas maternas en el país están en situación crítica de desaparecer, como es el caso del awakateko (Campeche), ixil y kaqchikel (Quintana Roo), teco (Chiapas), oluteco (Veracruz), paipai (Baja California), cucapá (Baja California y Sonora) o ayapaneco (Tabasco), entre otros, al tener menos de una docena de hablantes, la mayoría personas de la tercera edad, señala Nicandro González Peña, director de Investigación del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali).

Una lengua muere cuando ya no es hablada y son diversos factores los que provocan que esto ocurra, asegura el especialista. Uno de ellos es el histórico y tiene que ver con la imposición del español como lengua oficial en México, que implicó que a principios del siglo XX algunos ideólogos consideraban que las lenguas indígenas provocaban retrasos para el aprendizaje de otro idioma, implementándose una política de homogeneización lingüística y cultural.

“Se creó la idea que hablar una lengua indígena era sinónimo de ignorancia que permeó en el colectivo nacional de estos pueblos, y entonces se creyó que, en lo posible, debía dejarse de lado todo lo que significa ser indígena, ya fuera hablar una lengua, usar determinada vestimenta o habitar de cierta forma. Algunas generaciones —con justa razón— hicieron todo lo posible para que sus hijos y sus nietos no hablaran estas lenguas y no padecieran la discriminación que ellos vivieron”, dice en entrevista.

La discriminación es un factor que influye en la muerte de las lenguas maternas en nuestro país, donde casi cuatro de cada diez miembros de un grupo étnico consideran que “no tienen las mismas oportunidades” que los demás para conseguir un trabajo, mientras que uno de cada cuatro lo refiere para acceder a servicios de salud o educación, según la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México (Enadis) 2010.

Se considera discriminación cualquier acción de distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen étnico, cuyo objeto es anular o disminuir el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos en cualquier esfera de la vida pública.

El doctor Fernando Nava López, académico del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), señala que la discriminación ha permeado históricamente nuestra sociedad, promoviendo el desplazamiento de las lenguas indígenas por el español.

“Las inercias históricas, el desprecio social y marginación, en una palabra: el racismo, sigue siendo tan fuerte que recuperar un prestigio lingüístico es difícil”, resalta en entrevista.

A ello se suman las condiciones en que han vivido las comunidades indígenas, como la exclusión en gran parte de los ámbitos públicos e institucionales, el desplazamiento del uso de las lenguas en espacios comunitarios y familiares, así como su ausencia en medios de comunicación.

*Agencia Informativa Conacyt

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