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Nación

Un rescate inconcluso

Las familias pasean tranquilas, las parejas se besuquean parsimoniosamente tendidas en el pasto, un grupo de amigos compite en la zona de hamacas, esto y mucho más ocurre en el bosque de San Juan de Aragón, un espacio que, sin embargo, conserva un aire decadente que no se puede sacudir del todo

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 weeks
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POR JAVIER PÉREZ

El cielo está completamente encapotado. Los truenos anuncian la inminente tormenta. En el lago, con sus graznidos los patos parecen burlarse de los escasos paseantes que apresuran el paso con las primeras gotas de lluvia. Un par de aves compiten en una carrera: vuelan paralelas a ras del lago, como derrapándose sobre el agua que refleja el gris del cielo en un juego de espejos iridiscente. La lluvia es una amenaza que no llega.

Si no fuera por el incesante ruido de los automóviles que circulan sobre la avenida 608, el paisaje de un lago rodeado de árboles nos haría pensar en un lugar alejado de la ciudad cuando paramos a contemplarlo, pero estamos en el nororiente de la Ciudad de México, muy cerca de donde corre la Línea B del metro que conecta el centro de la ciudad con los municipios mexiquenses de Nezahualcóyotl y Ecatepec.

El Bosque de San Juan de Aragón, reacondicionado a partir de 2014 en diferentes etapas, mantiene la mala fama de ser un lugar peligroso para los visitantes. Sin embargo, estas tardes todo se ve y se percibe diferente. Las familias pasean tranquilas, las parejas se besuquean parsimoniosamente tendidas en el pasto, un grupo de amigos hace una competencia de destreza y resistencia física en la zona de hamacas; hay niños probando su habilidad en las áreas infantiles reactivadas hace no mucho, algunas de ellas cercadas.

Se puede caminar sin riesgo aparente por las 160 hectáreas de este bosque urbano, considerado la segunda área verde más grande de la ciudad solamente después del Bosque de Chapultepec. Como lo hace la familia de Fernando, un niño que estudia en una primaria cercana y que cada tarde que no llueve atraviesa el bosque desde la puerta de acceso de la avenida José Loreto Fabela hasta la 608 con el fin de seguir hasta su casa.

Recién estrenado

Una de las grandes novedades en el Bosque de San Juan de Aragón es el balneario, abierto el 9 de abril de 2017. Destinado al público en general, es un espacio confinado con una extensión de 5.2 hectáreas al que cada lunes le dan mantenimiento a conciencia. La construcción, que tiene zona de hamacas, canchas, cafetería, vestidores para mujeres y hombres, camastros y hasta zona de campamento, destaca en uno de los extremos del bosque.

El acceso no es gratuito, pero casi. Entre semana –excepto los lunes– se imparten clases de natación para niños a partir de tres años (de 14 a 18 h); también hay para adultos (de 6 a 13 h) y hasta de water polo. Y durante casi todo el día, entre las 6 de la mañana y las 6 de la tarde (salvo de 7 a 10 h), se puede rentar un carril para nado libre, siempre y cuando el solicitante garantice que sabe nadar, pues los instructores se encuentran ocupados.

El festín es los fines de semana. Sábados y domingos, las albercas están disponibles para quien las solicite. Por 61 pesos por persona (contra los 23 por clase u hora de nado libre el resto de la semana) se tiene acceso sin límite de tiempo a cualquiera de las dos albercas a cielo abierto que hay en este balneario. Una que va de 1.40 metros a 1.75 de profundidad, que es semiolímpica, y otra que va de 1 a 1.30 metros –también hay chapoteadero–. Para ingresar, eso sí, se debe llegar con el equipo adecuado, es decir, traje de baño, gorra y gogles. Aunque suele haber días muy concurridos, hasta el momento el lugar no se ha llenado a tope, me cuentan unos trabajadores. De hecho, es posible atender a 3 000 personas de forma simultánea –en su fin de semana de apertura recibió a 26 000 visitantes.

Este mismo espacio es como una especie de minideportivo que, además de las albercas, tiene a disposición de los usuarios canchas de frontón (para un máximo de 8 personas) y futbol (hasta para 20 o 25 personas). De martes a domingo, estas se rentan por hora. A 88 pesos y 126, respectivamente. También hay canchas de usos múltiples (para máximo 15 personas) que pueden rentarse, a 63 pesos la hora, con el propósito de jugar basquetbol, voleibol o futbol. Se puede reservar el espacio cualquier día de la semana.

Un lugar de contrastes

El Bosque de San Juan de Aragón tiene un aire decadente que no se puede sacudir del todo, a pesar de que desde 2014, por primera vez en su más de medio siglo de existencia, se hizo mantenimiento y rescate integral del arbolado: se sustituyeron 5 517 árboles que ya representaban un riesgo por una cantidad igual, de los cuales 570 son frutales. También se instalaron 182 bancas que ahora sí ya invitan a sentarse. La señora Martha aprovecha para descansar de la rutina. Si el clima lo permite, se sienta aquí por lo menos treinta minutos antes de ir a recoger a su hijo a la escuela. Le da tranquilidad, dice.

Sin embargo, las zonas de pasto alto se acumulan a pesar de los visibles esfuerzos por mantenerlas podadas. Algunas parecen sostener las bancas, como si la yerba las amarrara. Y si bien las zonas de tránsito peatonal ya están prácticamente libres de basura, los botes rebosan de residuos dentro y fuera de ellos.

El polvo parece una capa adherida a la esencia de este bosque urbano, por lo menos en los accesos y sus largos pasillos, o en esa rampa que llega desde la estación Bosque de Aragón del Metro, o en los puentes para cruzar el lago de casi 12 hectáreas, o en la desvencijada terminal del trenecito. Y los vehículos en renta para pedalear en grupo por el bosque, aunque bien pintados, siguen siendo los mismos de hace años.

Cerca del humedal artificial, único en su tipo en México y uno de los más grandes de América Latina, pues produce diariamente más de 2 500 metros cúbicos de agua de alta calidad con una superficie de 8 130 metros cuadrados, el bosque parecería en abandono, en especial en un recodo de aspecto tétrico.

Sin embargo, este espacio cercado y abierto al público apenas unas cuantas horas bajo estricta vigilancia, es lo que ha devuelto la sanidad al bosque, pues su finalidad, desde que en 2008 empezó los trabajos un equipo de la Facultad de Química de la UNAM, es mejorar la calidad del agua del lago de manera natural, mediante el filtrado y tratamiento biológico a través de vegetación acuática, superficial y sumergida, del agua que llega de la planta de Tlacos, del Sistema de Aguas de la Ciudad de México.

El proyecto, según sus desarrolladores, ya ha permitido el retorno de unas 16 especies de aves migratorias al lago del Bosque de San Juan de Aragón. Diseñado como una estructura semicircular de aproximadamente una hectárea, a su alrededor pastan los caballos que durante el día pasean a los visitantes que así lo quieren, previo pago por el servicio.

En el bosque, las áreas de juegos infantiles y los gimnasios al aire libre se mantienen en perfectas condiciones, al igual que la rehabilitada trotapista de 5 kilómetros con sus 20 bahías de descanso y sus indicadores de kilometraje. Josué es un usuario habitual de estas instalaciones. Después de correr durante media hora, ocupa los aparatos. Hoy hace estiramientos de pierna y seguirá con la plancha para abdominales. Lleva a cabo su rutina de lunes a sábado todas las mañanas.

La zona más concurrida, no obstante, es la del Skatepark, espacio abierto en marzo de 2016 y que se mantiene bien cuidado. No hay hora ni día de la semana en que en el horario habilitado para su uso, de 9 a 18 h, esté libre. La mayoría de sus usuarios son adolescentes que aprovechan las rampas con el fin de practicar trucos en patineta o bicicleta. Mientras unos entrenan, otros descansan sentados en las partes más altas.

Parece que las épocas en que los porros de las vocacionales 1 y 10 pasaban a “recaudar fondos” o que los asaltantes hacían de las suyas han quedado atrás, aunque la mala fama se mantiene.

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