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Nación

¿Y si el bosque contara tu historia?

Además de Chapultepec, en la ciudad hay otras áreas verdes donde se han tejido historias entrañables. Aquí te compartimos algunas

POR Revista Cambio Fecha: Hace 4 weeks
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POR ROGER VELA

Cuando piensas en la Ciudad de México, tu cerebro reproduce imágenes de vehículos atorados en el tráfico, gente empujándose en el Metro, smog y quizá calles intransitables por el número de vendedores ambulantes que las ocupan. Es imposible no hacerlo, aunque si alguien de otro país o estado te pregunta si existe algún lugar lindo en la CDMX, casi de inmediato piensas en las áreas verdes que se encuentran en la capital.

Sin duda, la más famosa es el Bosque de Chapultepec, pero hay más. En esta ocasión fuimos al Cerro de la Estrella, un lugar prehispánico enclavo en el centro de la delegación Iztapalapa, y a Cuemanco, una área boscosa, localizada al norte de la delegación Xochimilco, con el fin de platicar con sus visitantes y saber por qué les gusta visitarlos y qué proponen para conservarlos.

Julio Escobar, 44 años

Cuando Julio tenía 17 años, se metió en una zona prohibida: la famosa Cueva del Diablo del Cerro de la Estrella. “Mis amigos y yo caminamos unos 200 metros adentro, con una antorcha en la mano para iluminarlos, cuando de repente escuchamos que adelante se prendió una radio. Era imposible que alguien estuviera en ese lugar, así que salíamos corriendo despavoridos”. Hoy la cueva, localizada en la punta del cerro, se encuentra enrejada, sin embargo, la gente sigue ingresando de manera temeraria pese a que está prohibido.

Con el propósito de conservar estos sitios, asegura, debemos respetarlos y no contaminarlos. “Creo que vamos bien. Antes este sitio estaba más descuidado, ahora se ve limpio; hay lugares adaptados para hacer ejercicio, un museo y los caminos son más seguros para los visitantes”.

Isaac Núñez, 19 años

“Mi mejor anécdota del bosque es de hace unos días. Vine de noche al Cerro de la Estrella con mi novia, y nos sentamos durante horas a ver las luces que iluminan la Ciudad de México. Fue algo mágico”.

Isaac comenta que lo mejor que podemos hacer con el objetivo de conservar este lugar es, además de no tirar basura, organizarnos para recoger la que esté tirada; quizá formar brigadas o realizar una jornada de limpieza en el cerro.

Ingrid Castillo, 24 años

Ella recuerda con añoranza la primera vez que acudió a Cuemanco con sus amigos de la secundaria. “Me sorprendió bastante la belleza del lago y las decenas de patos nadando ahí. Estuvimos desde temprano hasta la tarde jugando futbol y voleibol, correteándonos, jugando atrapadas y esas cosas, y ya sabes, caminado de la mano con el chico que me gustaba. Tenía como 14 años. Mis papás se enteraron de que me fui de pinta y me regañaron bastante, pero ese día fue muy bonito”.

Para cuidar este lugar, propone que se fomente una cultura ambiental en la ciudadanía con el fin de cuidar los espacios verdes que aún nos quedan, y destinar más recursos al buen manejo de estos sitios con el objetivo de realizar programas que ayuden a preservarlos y mejorarlos.

 María de la Luz R., 60 años

Hace unos diez años, María acudía al Cerro de la Estrella unas tres veces por semana para correr y ejercitarse. Temprano, se preparaba y subía caminando desde su casa que se encuentra a las faldas del lugar. La recompensa por el esfuerzo físico era la majestuosa vista de 360 grados que tenía de la Ciudad de México. Añora esos días. Luego fue operada de la rodilla y ahora, aunque aún puede subir, lo hace con menos frecuencia.

“Debemos cuidar estos sitos que la naturaleza nos dio, respetarlos, no tirar basura, no maltratarlos; son lugares que tienen cientos de años y nos toca a nosotros conservarlos para que las nuevas generaciones los puedan disfrutar”.

Luis Romero, 42 años

El recuerdo que más atesora es cuando sus padres lo llevaban de pequeño a lugares como el Lago de Chapultepec, el Parque Cuitláhuac y el Bosque de Tlalpan. Lo que más le gustaba durante esos recorridos familiares era jugar futbol con sus padres, correr y hacer maromas en el pasto.

Para conservar estos lugares, dice, lo principal es fomentar que los niños pasen un rato agradable en las áreas verdes, con el propósito de que ellos mismos le tomen cariño y las sepan cuidar. Eso ayudará a preservar no sólo el medio ambiente, también a los animales que viven en el entorno boscoso.

Ángel Bárcenas, 18 años

Este chico, originario de Guerrero, ama el color verde del bosque. Es la primera vez que vista el Cerro de la Estrella con Cuma, su perro, y está fascinado. La autenticidad de las áreas verdes lo es todo para él, por ello quiere estudiar Agronomía. Su objetivo es que lo natural de las zonas no pierda terreno frente a los sintético y que se pueda seguir aprovechando lo que la naturaleza nos da.

Su propuesta para cuidar estas zonas es visitarlas con el fin de que no queden en el abandono, pero visitarlas de manera responsable; mantenerlas limpias, no tirar basura, no maltratar los árboles o las plantas y cuidar al campo.

Dulce Bautista, 24 años

Unos de los mayores recuerdos que tiene de un bosque chilango se grabó durante su infancia, cuando sus padres la llevaban los domingos a Chapultepec o a la zona boscosa de Xochimilco. Eran finales de los años 90, y asegura que se divertía mucho en esos lugares porque a pesar de no estar remodelados, las áreas verdes eran más extensas.

Afirma que para cuidar ese tipo de zonas, es necesario crear conciencia en los niños respecto a los daños irreversibles que sufre la naturaleza si no la cuidamos: si tiramos basura, contaminamos o desperdiciamos sus recursos. “Si les fomentamos el cuidado del medio ambiente desde pequeños, serán adultos más responsables con su entorno”.

Maribel González, 39 años

A esta madre de familia le encanta Cuemanco porque ahí sus hijos pueden jugar futbol cada ocho días. Entre semana disfruta llevarlos a los entrenamientos; además de fomentar el ejercicio en sus niños, ella también realiza actividades físicas mientras ellos juegan. Lo que más le gusta del lugar es que funciona como un oasis entre tantos vehículos y contaminación auditiva.

Para seguir conservando este sitio, propone un mayor cuidado entre la gente que pasea a sus mascotas cerca del lago donde nadan los patos. “Muchas veces las personas no recogen las heces de sus perros, y eso nos afecta bastante. Sobre todo a los animales que viven aquí”. Otra de sus propuestas es aumentar la vigilancia en la zona para evitar asaltos.

Alejandra Peralta, 18 años

El mejor recuerdo que tiene esta estudiante capitalina del bosque es la primera vez que subió al Cerro de la Estrella. “La vista es hermosa. Este lugar me pone muy bien, me siento feliz, me siento estable conmigo misma. Es como si todo fuera perfecto en este sitio tan tranquilo. Es uno de mis favoritos en la CDMX y lo supe desde que lo conocí”.

Considera que, pese a que es un lugar limpio, hay mucha gente que tira basura sin tomar en cuenta el daño que le ocasiona a la flora y fauna del lugar. Propone que se pongan más botes en el cerro para que la gente no la tire en cualquier lado y así se tenga un sitio más protegido.

Mario Marroquín, 40 años

Desde hace décadas visita los lugares verdes de la capital, y lo que más disfruta de las áreas boscosas de la ciudad es pasear a caballo en lugares como Cuemanco, o subirse a las lanchas en Chapultepec.

Considera que si deseamos cuidar dichas zonas es necesario reemplazar los árboles que se talen, reciclar el PET y el cartón, separar la basura orgánica e inorgánica, ser más cuidadosos con el aprovechamiento del agua y no construir viviendas en lugares protegidos.

 

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