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Opinión
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Vanesa Rodríguez

Buen viaje

POR Revista Cambio Fecha: Hace 1 week
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POR VANESA RODRÍGUEZ*

Él se sintió mareado y sediento, vino un hormigueo en la cabeza, perdió la noción de tiempo y la distancia y se sintió en otro mundo al mismo tiempo que sus ideas fueron más claras. Pasado el efecto se preguntó, “¿eso fue todo? No me noqueó y no me produjo ansiedad”. Sí, él fumó cannabis. Podía seguir fumando porque realmente se sintió relajado.

Esto le paso a… una persona que vino a mi consulta terapéutica, después de fumarla invitado por un amigo que lo había visto algo estresado, aunque pudo haberle pasado a cualquiera.

Después de esa experiencia, asistió a consultarme porque se sentía mal ya que su novia lo había “cachado” y además él mismo tenía la preocupación de que se volviera una adicción.

Como terapeuta, lo que tengo que analizar es qué lo motiva; si este es el único recurso para lograr el efecto deseado, ¿por qué se siente apenado?, y si decidirá continuar con el uso de esta sustancia, así como cuándo, dónde y con quién.

Estás preguntas, entre otras, surgieron en la consulta, a la que llegó por complacer a su novia. Sin embargo, lo que hay que considerar es ¿dónde había dejado este paciente su individualidad, intimidad y privacidad, y sobre todo su capacidad de decidir para fumarla sin ser cuestionado?

Cuántas veces pensamos o actuamos por complacer a los demás y no lo hacemos conforme a lo que nosotros deseamos. Todos los días nos encontramos con la leyenda “Sé tú”, pero si la cumples y sales de lo que dicta la sociedad eres tachado de inadaptado. Esto se deriva del contexto social que vivimos donde nos han programado mentalmente con el propósito de respetar las reglas de la mayoría. Este es el fenómeno que sucede con el cannabis, una sustancia que  no es utilizada por la mayoría y, por tanto, el grueso de la población lo considera un hábito “malo”. Dato estadístico: en México, aunque todavía es ilegal para uso recreativo, tres de cada cuatro fumadores de mariguana aceptan consumir la hierba dos horas antes de dormir a fin de relajarse

¿Se acuerdan del programa That ’70s show? Allí los muchachos se juntaban en el sótano a fumar, y ello provocaba que se desinhibieran. Esto lo planteaban como una forma de terapia o incluso de ritual para manifestar el grado de confianza y amistad. Asimismo, en los 60 el sociólogo Howard Becker refiere que el consumo de mariguana no debía quedar en un contexto individual, sino en un contexto de aprendizaje social, porque se requiere que alguien te guíe con la finalidad de atender las sensaciones que surjan.

Estamos en el siglo XXI, un momento en el que hablamos de decidir sobre nuestro cuerpo y aún tenemos un pendiente en el tintero legal mexicano: que se apruebe para uso recreativo. No debemos caer en el juego que sí se aprueba todos inmediatamente vamos a acudir a la tienda más cercana a comprar, porque entonces, nuevamente, ¿dónde queda nuestro derecho decidir?

La sociedad no deja que decidamos por nosotros mismos; consumir no implica la adicción, de lo contrario también tendríamos que erradicar otros tipos de enajenantes, como el alcohol y los cigarros. Por cierto, respecto a estos último sólo ha bastado con poner en las cajetillas los daños que te causan a largo plazo. ¿Por qué no hacer lo mismo con la mariguana?

Hay que manejar de forma responsable su consumo porque a final de cuentas uno decide  hasta dónde quiere llegar en ese viaje, sin embargo, por encima de todo, siempre hay que defender la libertad de elegir.

*Maestra en resolución de conflictos

@e_bei

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