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Opinión
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Deportes acuáticos

POR Revista Cambio Fecha: Hace 7 months
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Ya empezaron los días calurosos en esta ciudad, así que cualquier oportunidad es buena para refrescarse. Sin embargo, hay algunas personas que buscan templarse de maneras muy poco ortodoxas.

De hecho, no, el fetiche del que vamos a hablar no tiene nada que ver con refrescarse ni con el calor. No está muy claro de dónde se deriva el gusto por sentir la orina (propia o de otro), una práctica que eufemísticamente se ha denominado “deportes acuáticos”. Se le considera fetiche puesto que consiste en encontrar excitación sexual en algo que no está estrictamente relacionado con lo erótico. Así, es probable que este interés, científicamente llamado urofilia, provenga de la necesidad de ir más allá en eso de probar sustancias que emanen de los genitales.

No es la práctica sexual más ortodoxa que existe, pues no involucra, por ejemplo, un orgasmo, aunque, evidentemente, este puede surgir según lo que se haga con la orina. El caso es que, en definitiva, tiene sus adeptos y puede expresarse en diferentes niveles.

La curiosidad puede empezar por querer mirar a otra persona mientras orina. Estar presente (o expuesto, según el caso) en ese momento que se supone debería ser de intimidad detona excitación sexual en algunas personas.

Lo que podríamos llamar el siguiente paso en este fetiche es entrar en contacto con el líquido en cuestión. Un primer acercamiento es intentar lo que tantas frustraciones nos costó evitar: hacerse encima. Así es, orinar con la ropa puesta, sentir el calor, la humedad y observar cómo se agranda la mancha en las faldas, pantalones o ropa interior es una de las preferencias de los urófilos. Puede sonar extraño, pero tal vez es eso –lo inconcebible que para la mayoría de la gente resulta esta idea– lo que atrae a sus adeptos.

Como en tantas cosas en la vida, la logística es importante. Se sabe que, en promedio, una persona expulsa entre 350 y 500 ml de orina cada vez. Si se deja caer esta cantidad de líquido en la alfombra, aquello en vez de un juego se volverá una pesadilla de limpieza. Por eso, algunos interesados optan por juguetear con esto en el baño o colocan un plástico de gran tamaño (tipo tienda de campaña) a fin de proteger el piso o la cama de una salpicadura que con el tiempo será muy olorosa. Ahora que si hay un piso que no se dañe con la humedad, lavarlo es lo de menos.

Un segundo nivel de contacto implica orinar sobre el cuerpo de la pareja, o recibir la orina del otro. Las partes del cuerpo que se involucren y las posiciones en las que esto se haga dependerán de los amantes. Existen fantasías de todos tipos, desde simplemente jugar con algo que se concibe como sucio, hasta escenas de franca humillación, donde esa misma categoría negativa alimenta el gusto por la sumisión que también tiene sus seguidores.

El nivel master en urofilia es recibir la orina en la boca. Si lo pensamos bien, hay personas que beben su propio desecho con la idea de combatir enfermedades, o bien, de mantener una buena salud, así que tampoco es tan descabellado que a otras les atraiga la idea de probar algo producido por el cuerpo que es objeto de su deseo. Un baño completo que comienza por la cara es algo tan intenso que demuestra cuán comprometido puede estar alguien con su fetiche.

Como en cualquier experiencia sexual que involucre a más de una persona, siempre es necesario consultar al otro antes de proceder. La urofilia puede ser un tema difícil de tratar, pero siempre hay maneras de insinuarlo, por ejemplo, comentando que leíste este artículo y esperas ver qué responde el de enfrente.

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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