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Opinión
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Editorial

POR Elizabeth Palacios Fecha: Hace 3 months
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Hace unos días lanzamos una breve encuesta en las redes sociales donde le preguntamos a las personas cómo juegan en el día a día. Presurosos, algunos nos contaron a qué juegan con sus hijos e hijas, sin embargo, cuando insistíamos para que nos dijeran a qué juegan como adultos… venía un silencio revelador.

Algunos reconocieron que la pregunta los llevaba a la incómoda reflexión de que hace años que no se daban el permiso de jugar.
Particularmente las mujeres de más de 45 años, comentaron que no tenían tiempo o que temían a las críticas incluso de sus hijos que, al crecer, ya no les toleran esa libertad lúdica.

Y sí, tal parece que al menos para la cultura mexicana el juego se considera una actividad infantil, inmadura e irrelevante. No obstante, castigar nuestro espíritu lúdico y mandarlo al cajón de los recuerdos puede realmente tener consecuencias serias en nuestra salud física y mental.

Pero el juego no sólo tiene su lado positivo, pues cuando en él se esconden construcciones sociales negativas, como el racismo, el clasismo o la desigualdad de género, entonces se torna serio.

Que los adultos seamos quienes imponemos a los niños y niñas a qué deben jugar basados en nuestros propios prejuicios, puede llegar a impactar en su capacidad de construir modelos mucho más equitativos en sus relaciones humanas. Por ejemplo, que a los niños no se les permita jugar con bebés o a la comidita, puede generar que aprendan que no les corresponde demostrar emociones positivas, como la protección, el cuidado y el amor, o que tampoco “les toca” trabajar en la limpieza del lugar en el que viven o preparar los alimentos para su familia. Esos hábitos se quedan como un aprendizaje cultural y social que más adelante será reforzado una y otra vez.

Así, el juego es un asunto más serio de lo que queremos admitir, y por ello esta edición está dedicada a reflexionar sobre por qué las personas debemos seguir jugando siempre, como parte de una rutina de salud mental que trasciende a lo social.

Y no sólo se trata de jugar, sino de cómo lo hacemos. Si nos empeñamos en que los niños y niñas jueguen a ser grandes, ¿qué pasaría si los juguetes reflejaran una sociedad mucho más real y no una estereotipada? Por ello, invitamos al artista digital Juan de Dios León a fin de que nos permitiera publicar por vez primera algunas de las piezas que integran Persona, un proyecto artístico creado en torno a cómo serían los juguetes si reflejaran una sociedad más incluyente.

Por otro lado, para quienes ya crecimos y a veces olvidamos que jugar es importante, aquí hay algunos artículos en torno a la nostalgia de esos juegos de antaño, o sugerencias con la finalidad de que hoy mismo retomemos nuestros hábitos lúdicos con más frecuencia y hasta las claves para integrarlos al lado “serio” de nuestra vida, como las finanzas o las estrategias de negocio.

Esperamos que disfrutes la edición que tienes en tus manos, pero sobre todo, que después de reflexionar con nosotros, dejes de castigarte por haber crecido y salgas a la calle convencido de que jugar es tan importante como tomar agua, vital desde el día uno, y hay que hacerlo sin parar, hasta el último aliento.

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