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Editorial: ¿hasta cuándo pensamos que podemos seguir pasivos?

POR Elizabeth Palacios Fecha: Hace 4 months
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Nadie puede vivir sin agua. Es una realidad que no está puesta a discusión. Es un hecho y punto. Y hablamos de nadie ni nada. En este planeta, al menos hasta ahora, el agua es el recurso natural más importante y lo que garantiza la vida entera.

No se puede siquiera pensar en un desarrollo sostenible sin agua. Sería absurdo y por eso, en aras de enfatizar que los ecosistemas en el planeta están entrelazados y que se deben diseñar soluciones holísticas y políticas públicas integrales para diseñar ciudades resilientes, la Organización de las Naciones Unidas decidió enfocar este 22 de marzo, Día Mundial del Agua, al vínculo entre este líquido vital y el medio ambiente.

Lo cierto es que todo está conectado, tanto los elementos de la naturaleza como el desarrollo humano y económico de los países y las personas. Los recursos hídricos, y la gama de servicios que prestan, juegan un papel clave en la reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la sostenibilidad ambiental. El agua propicia el bienestar de la población y el crecimiento inclusivo, y tiene un impacto positivo en la vida de miles de millones de personas, al incidir en cuestiones que afectan la seguridad alimentaria y energética, la salud humana y el medio ambiente.

Si esto es tan evidente y suena hoy tan lógico, ¿de qué manera llegamos a tener una crisis como la de hoy, en la que más de 663 millones de personas viven sin suministro de agua potable cerca de su hogar? Y no les hablo de que para ver esto tengamos que ir a África. Basta con acercarnos a Iztapalapa, donde la gente pasa horas haciendo fila con la finalidad de acarrear agua o esperando pipas que, muchas veces, son utilizadas como botín político por personajes y mafias sin escrúpulos. Y por si fuera poco, nadie se ha ocupado de garantizar que esa agua esté limpia.

Este año, la ONU invita a los Estados parte a promover entre sus ciudadanos una verdad que ha sido olvidada: es la misma naturaleza la que puede ayudarnos a superar los desafíos que plantea el agua en el siglo XXI.

Los problemas medioambientales, junto con el cambio climático, provocan las crisis asociadas a los recursos hídricos que ocurren en todo el mundo. Las inundaciones, sequías y la contaminación del agua se agravan con la degradación de la cubierta vegetal, los suelos, los ríos y los lagos.

Cuando descuidamos los ecosistemas, dificultamos el acceso a los recursos hídricos, imprescindibles para sobrevivir y prosperar. Las soluciones naturales pueden responder  los desafíos relacionados con el agua. Queda mucho por hacer a fin de implantar las infraestructuras ecológicas y armonizarlas con las tradicionales allí donde sea posible. Plantar bosques, reconectar los ríos con las llanuras aluviales y restaurar los humedales devolverá el equilibrio al ciclo del agua, además de mejorar la salud pública y los medios de vida.

El Objetivo de Desarrollo número 6, Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos, incluye una meta: reducir a la mitad la proporción de agua dilapidada y aumentar su reciclaje.

¿Qué necesitamos para ello? Dejar de desperdiciar, apostar por la recolección de aguas pluviales, exigir que los recursos públicos se inviertan en tratar las aguas para cambiar de una explotación lineal a un uso circular. Lamentablemente, hemos estado muy ciegos, y no sólo en México, sino en todo el mundo, ya que 80% de las aguas residuales que generamos en todo el planeta vuelve a los ecosistemas sin ser tratada ni reciclada.

Esto hace que 1 800 millones de personas usen una fuente de agua contaminada con material fecal, lo que las pone en riesgo de contraer el cólera, la disentería, el tifus o la polio. El agua no potable y unas pobres infraestructuras sanitarias, así como la falta de higiene, causan alrededor de 842 000 muertes al año.

Las oportunidades de explotar las aguas residuales como un recurso son enormes. El agua tratada de una forma segura es una fuente sostenible y asequible de agua y energía, así como para obtener nutrientes y otros materiales recuperables. La pregunta entonces todavía es: ¿hasta cuándo pensamos que podemos seguir pasivos? ¡Es momento de actuar!

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