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Opinión
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Rogelio Segoviano

El futuro
 nos dejó atrás

POR Revista Cambio Fecha: Hace 9 meses
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Por Rogelio Segoviano

He de contarles a mis amigos millennials, muchos de ellos ya no tan jóvenes como les gusta aparentar, que hubo una generación anterior que también se maravilló con los avances de la tecnología en muchos de sus campos. Recuerdo que mientras era todavía preadolescente, cuando aún no existía el furor por los videojuegos, mis padres me regalaron un “Fabuloso Fred”, un aparato digno de cualquier película de ciencia ficción el cual, además de entretenerme, decían que me ayudaría a fortalecer las neuronas para hacerme una persona más inteligente. Bueno, cuando menos eso es lo que pensaban mis padres, quienes influenciados seguramente por Chabelo (en cuyo programa dominical de televisión anunciaban el dichoso producto de la compañía Ensueño), hicieron hasta lo imposible por juntar el dinero para llevar al tal “Fred” a la casa.
Así, mientras los demás niños jugaban Memoria con sus “prehistóricas” y desgastadas tarjetas de cartoncillo, el futuro estaba a mi alcance y yo lo tomaba siguiendo las desafiantes secuencias de sonidos y colores que “Fred” me exigía, al tiempo que ejercitaba los “músculos de la cabeza”. Imagino que en esa época llegué a ser el chamaco con las neuronas más fuertes de toda la colonia.

Visto a la distancia, esa primera generación del robot “Fred” no solo resulta ahora una tecnología muy básica, sino hasta un ingenuo e inocente juego de niños, sobre todo si lo comparamos con los juegos de video, drones, simuladores, lentes de realidad virtual y vehículos a control remoto que actualmente están al alcance de cualquier persona, por pequeña o brillante que sea. Además, los adelantos en el campo de la robótica no dejan de sorprendernos día con día, al grado de que el desarrollo tecnológico parece que alcanza niveles artísticos.

Si no lo creen, los invito a que vayan con su familia al Museo Tecnológico de la CFE (Mutec) del Bosque de Chapultepec, en la Ciudad de México, en donde podrán conocer a RoboThespian, el humanoide de tamaño natural considerado como uno de los más avanzados de su tipo y que mejor interacciona con las personas. De hecho, es conocido como “el robot actor”, porque no solo realiza con precisión acciones programadas, sino que tiene una interactiva personalidad que lo hace cantar, sostener una charla, entrevistar y hasta contar chistes en 30 diferentes idiomas, retroalimentándose con cada persona que conoce para mejorar sus circuitos.

En América Latina solamente hay un RoboThespian (son cuatro en todo el continente), pero si alguien dispone de unas 60 mil libras esterlinas extras, la compañía británica Engineered Arts se lo puede enviar a casa para entretener y ayudar a fortalecer las neuronas de cada integrante de la familia, siempre y cuando el comprador se comprometa por escrito a no darle un uso militar o antiético al humanoide, cuyos ojos están elaborados con base en dos pantallas de video que le permiten reflejar sorpresa, alegría, temor, curiosidad, tristeza y molestia. Por cierto, Engineerd Arts ya ha anunciado el lanzamiento de Byron, un humanoide más avanzado que Thespian en agilidad y movimientos que le permitirán correr, saltar y subir escaleras con gran naturalidad, aunque ese modelo costará casi medio millón de libras esterlinas.

Desde hace un par de años RoboThespian se encarga de recibir a los visitantes en la sala de proyecciones del Mutec, en donde se presentan videos y películas en torno a la historia de la robótica en el mundo. Al convivir con Thespian los rostros de los niños seguramente son similares a los de los chamaquitos que hace varias décadas conocimos a “Fred”. Caray, el futuro nos dejó atrás.

*Periodista especializado en cultura.
@rogersegoviano

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