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El switch del deseo

Lo que hoy nos excita quizás mañana no, o aquello que habíamos tildado de apasionante en la juventud hoy nos parece aburrido.

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 10 meses
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El deseo es algo subjetivo, dicen. Algo que es seguro es que el deseo es como el embarazo: o está o no está, aunque los factores que lo detonen sean tremendamente variables no solo de una persona a otra, sino en una misma persona. Lo que hoy nos excita quizás mañana no, o aquello que habíamos tildado de apasionante en la juventud hoy nos parece aburrido.

También es cierto que muy poco se ha estudiado sobre este asunto (como muchos que tienen que ver con la sexualidad), y cuando se ha abordado, se hace básicamente desde la opinión del sujeto de estudio. Por eso es tan relevante el experimento que recientemente realizó un grupo de investigadores liderados por la neuróloga Nicole Prause, de la Universidad de California en Los Ángeles.

A grandes rasgos, estos científicos consiguieron modificar el deseo sexual a partir de la estimulación magnética transcraneal (EMT), una técnica que altera las ondas alfa del cerebro (cuya relación con el deseo sexual ya había sido mostrada antes). Este tipo de estimulación se usa en investigaciones que buscan tratar la depresión, las migrañas y hasta la enuresis (orinar durante el sueño).

De acuerdo con el portal NewScientist.com, la parte del cerebro que se estudió en esta ocasión fue el llamado córtex dorsolateral prefrontal izquierdo, que forma parte del sistema de recompensa del cerebro. Para este fin se colocaron electrodos que enviaban ondas magnéticas a través del cráneo.

Como punto de partida del experimento, se dio EMT a cada persona por dos minutos, enfocando la terapia en uno de dos sentidos. Otros estudios habían observado una relación inversamente proporcional entre deseo y ondas alfa, es decir, mientras más deseo sexual había, más débiles eran las ondas alfa y viceversa. La hipótesis de Prause y sus colegas era que si debilitaban intencionalmente las ondas alfa, aumentaría el deseo de la persona, y si fortalecían las ondas, el deseo debía irse.

En la segunda parte del examen (después de los dos minutos de EMT), cada persona entró a un cuarto donde tuvo que colocarse un dispositivo vibrador en los genitales (pene, si era hombre; clítoris, si era mujer). Luego, sentada frente a un monitor, debía presionar un botón cuando ciertas figuras aparecieran en la pantalla. Después de apretar el botón, había una pequeña pausa y luego la persona recibía como “premio” una vibración genital de entre medio y cinco segundos (mientras más rápido presionara el botón, más tiempo de vibración recibía). Los científicos midieron la expectación de la persona justo en la pausa entre su acierto y su recompensa.

La teoría se comprobó: en quienes tenían ondas cerebrales incrementadas por la EMT, su cerebro no mostraba expectación (aunque supieran que estaban por recibir más vibración), y quienes tenían ondas debilitadas, claramente querían recibir más (o eso indicaba su cerebro).

Algunos científicos celebran el hallazgo, mientras que especialistas de la sexología lo ponen en perspectiva y recuerdan que el erotismo humano es algo más complejo. O sea, esto no quiere decir que dentro de poco habrá un aparato con electrodos que generará deseo en el usuario con solo ponerle baterías y encender un switch.

Por lo pronto, me parece apasionante conocer esos detalles sobre fisiología, conexiones neuronales y electricidad. Y más fascinante aún es que poco a poco comiencen a derrumbarse las barreras que históricamente han considerado “incorrecto” el estudio de la sexualidad de nuestra especie.

.

*Periodista especializada en salud sexual @RocioSanchez

#Universidad de California en Los Ángeles
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