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Opinión
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Leyendas Sexuales

Familias multicolores

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 2 weeks
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Las personas somos la mezcla que resulta de muchas cosas. Nuestro padre, nuestra madre, el resto de la familia, el contexto en el que nacimos y donde crecimos, nuestro carácter y la capacidad de aprender de nuestros errores son todos rasgos individuales. Esto explica, por ejemplo, por qué un hermano puede ser tan diferente de otro. Entonces, decir que cada persona es única no es simplemente un lugar común.

En el siguiente nivel social, todo eso que nos moldeó y que se amalgamó de forma específica en cada quien debe comenzar a convivir con el manojo de factores que son las demás personas. En consecuencia, las interacciones sociales tienen miles de resultados distintos. Es por esto que suena tan maniqueo afirmar que los hijos de parejas del mismo sexo tendrán severos problemas por el solo hecho de que su familia de origen esté conformada de cierta manera.

Que no sabrán la diferencia entre los roles de género, que necesitan una figura materna y una paterna, de lo contrario les llegará un corto circuito y crecerán locos o tontos o yo qué sé qué otros (des)calificativos les han achacado a los pobres pequeños. Como si las niñas y niños estuvieran aislados en sus hogares, como si no convivieran en su entorno cercano con personas de sexo diferente al de sus papás o mamás; como si no tuvieran tíos, tías o abuelitos. Como si fuera algo malo cuestionar los roles de género sexistas para los que las mujeres deben estar al cuidado de su casa y de los hijos, mientras que los hombres han de hacer un trabajo en el espacio público.

Que la sociedad no está lista para estos niños y sus familias, dicen. Pero da la casualidad de que las sociedades nunca han estado preparadas para ningún cambio significativo en cuanto a lo social. Por eso tantos momentos se han convertido en revoluciones cuando se llega a cuestionar lo establecido.

Lo mismo se dijo de los hijos de padres divorciados, de las hijas de madres solteras y de quienes provenían de familias donde dos razas (hasta suena anticuada la palabra) se habían mezclado. ¿Qué dirían los otros niños y sus profesores? ¿Cómo le explicarían al pequeño Juanito, cuando llegara el Día del Padre, que su portarretratos hecho de sopa de pasta no iba a tener ningún destino? Son escenas a las que mucha gente les tuvo temor, pero que han ocurrido miles de veces en este país y no ha significado el fin del mundo.

Y es que desde antes de que el matrimonio fuera un derecho legal para todo tipo de parejas, ya había niños y niñas que crecían en familias con dos padres. Ya había mujeres transexuales cuidando bebés que alguna vecina les había regalado (historia verídica) y ya se inscribía a menores en las escuelas con los apellidos de su madre biológica, aunque siempre eran cuidados por la “amiga” de esta, que vivía bajo el mismo techo.

No digo que sea fácil aceptar que las cosas se modifican –yo soy la primera a la que no le gustan los cambios–, pero sucede, y hay que ver qué hacemos con eso. Las familias diversas han estado en nuestra sociedad desde hace mucho tiempo, sólo que ahora son más visibles; sin embargo, tienen los mismos problemas que otras que se jactan de pertenecer a la “normalidad”. Eso sí, las familias diversas tienen un obstáculo que las otras no: se ven orilladas a tratar de explicar, una y otra vez, por qué tienen derechos, por qué esos derechos deben ser respetados y cómo es que su sola existencia no representa ningún final de los tiempos, sino simplemente una expresión más de un grupo social que, por lo general, debería estar basado en el amor y la solidaridad.

*Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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