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Opinión
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Tras bambalinas

Un héroe 
de película

POR Rogelio Segoviano Fecha: Hace 9 months
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A propósito de la visita del director Guillermo del Toro a Jalisco, su estado natal, para ofrecer una clase magistral –en realidad fueron tres clases magistrales, por la extraordinaria respuesta del público–, luego de su triunfo en la gala de los premios Oscar con su película La forma del agua, leo la reseña que hace en su sección cultural el influyente diario español El País:

“En Guadalajara, el ídolo de la ciudad no es futbolista, ni cantante. Se llama Guillermo del Toro, hace cine y se enorgullece al decir que es un inmigrante en tiempos de Trump. Todos gritan cuando llega, todos enloquecen cuando se levanta, todos le aplauden y agasajan cuando se va. Es su héroe y también fue su vecino. Aquel joven de clase media que estudiaba en el Instituto de Ciencias de los jesuitas ha acabado triunfando en Hollywood y en Europa”.

La revista estadounidense Variety, la más respetada en la industria de cine de Hollywood, también se sorprende y se vuelca en elogios hacia el cineasta tapatío al presenciar el espectacular e imponente regreso del hijo pródigo a la tierra que no sólo lo vio nacer, sino formarse como creador, en el marco del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, un encuentro que el mismo Guillermo ayudó a construir 33 años atrás. “Mientras subía al escenario, Del Toro era recibido con una ovación por un auditorio repleto, como si se tratase de un legendario héroe conquistador que regresa a casa después de alguna hazaña homérica”, escribía el enviado de Variety, Jamie Lang, quien no daba crédito de tan caluroso recibimiento.

Quienes no pudimos asistir a la clase magistral, pero la seguimos puntualmente por televisión abierta a través de Canal Once, nos dimos cuenta de esa “deltoromanía”, una fiebre que sólo se había visto en figuras como Hugo Sánchez, Julio César Chávez o Fernando Valenzuela. “Gracias, porque nos has hecho sentir bien orgullosos y bien dignos en momentos muy antimexicanos”, le gritaba al cineasta desde su butaca alguno de los asistentes.

Con gran sentido del humor y una buena dosis de picardía, Guillermo del Toro respondió, en sus tres clases magistrales, a cada cuestionamiento, duda o inquietud que los jóvenes le plantearon, como cuando alguien le preguntó: “¿Después de haber visto Blade, Hellboy, El laberinto del fauno, La cumbre escarlata y La forma del agua, quisiera que me dijeras sinceramente qué tienen de mexicano esas películas?”. A lo que el director respondió casi a botepronto: “¿Qué tienen de mexicano esas películas? Pues a mí, cabrón. Porque supongo que sólo a un mexicano se nos ocurriría contar una historia donde una muda se parcha a una criatura anfibia y al otro día se sientan juntos a la mesa a desayunar”.

Por cierto, el cineasta se terminó de ganar el cariño y respeto de todos los que acudieron al Festival de Cine de Guadalajara al anunciar la beca de estudios que lleva su nombre, y que estará dotada de 60 000 dólares anuales, para que algún soñador igual que él pueda realizar sus estudios de cine en alguna de las mejores escuelas del mundo.

Así, por mucho que otro gran cineasta mexicano como Alejandro G. Iñárritu también haya ganado ya cinco premios Oscar –entre ellos a Mejor Película, Director, Guion Original y por las aportaciones técnicas y artísticas a la Realidad Virtual, por las cintas Birdman (3 Oscares), El renacido (1) y Carne y arena (1)–, es difícil imaginar un recibimiento de la gente cercano al que tuvo Del Toro, pues aunque le reconocen sus méritos artísticos, lo perciben como una persona arrogante y un tanto chocosa que no lograría hacer buena química con muchas personas. Pero bueno, es sólo una percepción.

*Periodista especializado en cultura.

@rogersegoviano

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