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Opinión
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Foto: Especial

Juegos de azar

POR Rogelio Segoviano Fecha: Hace 3 months
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El escritor estadounidense Paul Auster, cuando era niño, fue con sus amigos a acampar a un bosque más o menos cercano a su casa. Llevaban mochilas, tiendas de campaña, bolsas de dormir, linternas y todos los aditamentos que se requieren para un viaje iniciativo adolescente. Seguramente por la noche encenderían una fogata, conseguirían ramas a las que ensartarían bombones y los pondrían en las brasas mientras presumían entre ellos sus experiencias con las chicas de la escuela.

Sin embargo, nada de eso pasó así, pues apenas llegaron Paul y sus amigos al bosque, una lluvia torrencial los hizo cambiar de planes y huir del lugar en busca de algún refugio que los cubriera temporalmente. Alguien propuso ir al norte, a los pies de una montaña, pues tal vez vez ahí, con un poco de suerte, encontrarían una cueva donde guarecerse. Todos salieron corriendo en busca de esa cueva salvadora.

La lluvia no cesaba. Al contrario, se manifestaba con más fuerza. Durante su trayecto, los chicos más hábiles y con mejor condición física se pusieron a la cabeza del grupo. Paul Auster era de los últimos en esa suerte de fila india que se había formado. No quería permanecer hasta atrás, pero tuvo que detenerse para amarrarse las agujetas, momento en que fue rebasado por uno de sus amigos. Y cuando se volvió a poner de pie a fin de darle alcance, vio como este era alcanzado por un rayo, que lo mató al instante.

Ese episodio lo marcó de por vida. Y tal vez por eso Paul Auster es considerado el escritor del azar y de la contingencia por excelencia. En más de una ocasión ha dicho que él no cree en la causalidad y que a través de sus obras persigue en lo cotidiano las bifurcaciones surgidas de errores o acontecimientos aparentemente anodinos. De no haberse detenido a amarrarse las agujetas aquel día, seguramente el rayo le habría caído a él.

Y esto lo vemos en La trilogía de Nueva York, en La música del azar, Jugada de presión, El palacio de la Luna, La noche del oráculo y, sobre todo, en Leviatán, en su excepcional escena central. Su estilo es aparentemente sencillo, gracias a su trabajo y conocimiento de la poesía, pero esconde una compleja arquitectura narrativa, compuesta de digresiones, metaficción, sentimiento de pérdida, historias dentro de la historia y de espejismos en donde nada es lo que creemos que es.

Paul Auster es uno de los autores más respetados en su país, en donde forma parte de la Academia Americana de las Artes y la Lengua. Incluso, los británicos lo consideran el más europeo de los escritores estadounidenses. Aunque en el cine y en el teatro su labor también ha sido prolífica como guionista y dramaturgo, hace más de siete años que guarda silencio en las letras. Bueno, hasta esta semana en que saldrá a la venta en América Latina 4 3 2 1, su más reciente novela, la cual está dirigida hacia un público millennial que parte de la premisa “y que tal si…”.

Como fan de Paul Auster, me muero de ganas por correr a la librería para conseguir su nueva novela.

Y cuando creo que no podría haber una mejor noticia esta semana, me entero de que Paul Auster vendrá a México en noviembre próximo con el propósito de presentar 4 3 2 1 y recibir la medalla Carlos Fuentes en la Feria del Libro de Guadalajara. Sólo espero que el azar me permita estar ese día ahí para saludarlo.

*Periodista especializado en cultura.

@rogersegoviano.

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