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Opinión
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Rocío Sánchez

Leyendas sexuales

Un mes 
sin sexo

POR Revista Cambio Fecha: Hace 1 mes
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¿Cuál es el mayor lapso que has pasado sin sexo? Mientras que a algunas personas ni siquiera se les ocurre contar los días en que no tuvieron actividad, otras sufren y se desesperan, y cuentan los días con rayitas marcadas en la pared, como si estuvieran en la cárcel.

¿Un mes suena a mucho tiempo? Depende. Con el propósito de no dejar fuera ninguna de las dos opciones, diré que “sólo un mes” o “todo un mes” (tú eliges) de abstinencia fue lo que propusieron dos científicos para frenar la epidemia del VIH/sida.

Desde su aparición oficial en 1981, este virus ha afectado a más de 76 millones de personas en el mundo y ha cobrado la vida de más de 35 millones. Incontables recursos monetarios y humanos se han invertido a fin de encontrar una cura o una vacuna que haga frente a este microorganismo. Como las soluciones médicas no han conseguido acabar con el virus, los esfuerzos siguen enfocados en conseguir cambios de comportamiento, es decir, procurar que la gente no se ponga en contacto con el virus.

Esto, el cambio de comportamiento, parece todavía más difícil que hallar la cura del VIH. Aunque la gente sabe bien cómo puede infectarse, todavía asume comportamientos que la ponen en riesgo. Sin embargo, los estudiosos del virus no se dan por vencidos. Fue así que llegó el día en que los investigadores Alan Whiteside y Justin Parkhurst propusieron la hipótesis de que un mes sin que nadie tuviera sexo sería capaz de detener el avance de la epidemia.

Estos especialistas observaron que la etapa en la que el virus es más contagioso es durante el mes posterior al que ha ingresado a un nuevo cuerpo humano, por lo que hasta 45 por ciento de las infecciones se da durante este periodo. Hasta hace poco, las pruebas más comunes de detección eran confiables si te las hacías después de tres meses de la posible transmisión, por lo que en el periodo más infeccioso, la persona no sabía que estaba infectada.

A causa de lo anterior, los doctores pensaron que si el periodo crítico es de un mes, al evitar el contacto sexual durante ese tiempo, la tasa de transmisión bajaría considerablemente. Y la verdad es que tampoco fueron tan drásticos, pues brindaron dos alternativas: la abstinencia o el sexo con condón en todas y cada una de las ocasiones. Sólo durante un mes, pero llevado a cabo por todas las personas.

En algunos países africanos, dicha idea fue bien recibida y esto se explica por dos factores: uno, las altísimas tasas de la enfermedad (en Mozambique, la nación más afectada, más de 25 % de la población tiene VIH o sida), y dos, la religiosidad de muchos de sus pobladores. Por ejemplo, los musulmanes se abstienen de las relaciones sexuales durante el mes del Ramadán y los cristianos lo hacen durante la Cuaresma, por lo que el experimento no sonaba tan descabellado.

Lamentablemente, algo fallaba en el planteamiento. No eran las matemáticas, sino, otra vez, la dificultad para cambiar los actos de las personas. Aun con los cálculos y las probabilidades, en la realidad era imposible que todas las personas de un país hagan, sin excepción, algo que se les indique. El experimento topaba con pared, una pared forjada con los mismos pretextos que han permitido el avance del sida: no se siente igual, no necesito cuidarme porque tengo una sola pareja, mi pareja se ve sana, con una vez no pasa nada, etcétera.

Sólo dimos una vuelta en círculo. Volvimos al punto en el que nos encontramos: en el que hay que trabajar en las soluciones médicas porque aquellas que nos dicen qué hacer y cómo hacerlo parecen condenadas al fracaso.   

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

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