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Opinión
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Rocío Sánchez
Leyendas Sexuales

Manosear al robot

El tacto es una forma de relacionarnos con el mundo, con las personas y, por supuesto, con el sexo. Nos permite recabar información, pero también emitirla

POR Rocío Sánchez Fecha: Hace 3 meses
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Una de las más eficientes formas de comunicarnos es el tacto. Alguien puede decirte las cosas más dulces al oído, pero tomarte el brazo de forma brusca y provocarte miedo. Alguien más podría hablarte distraídamente sobre algo banal como el clima, y al poner su mano en tu hombro generaría la repulsión de una propuesta indecorosa que te llega de alguien que no conoces.

El tacto es una forma de relacionarnos con el mundo, con las personas y, por supuesto, con el sexo. Nos permite recabar información, pero también emitirla. Tanto es así que al medir la conductividad de la piel, es decir, su capacidad para conducir mejor la electricidad, se puede determinar el grado de excitación psicológica (no necesariamente sexual) que experimenta una persona.

Este tipo de medición, que se ha utilizado muchas veces para diversos estudios relacionados con la psicología, fue una de las herramientas usadas en un experimento muy peculiar sobre la interacción no entre humanos, sino entre un humano y un robot. Alguna vez escuché hablar de un fetiche sexual donde a las personas les gusta “sobar” los pechos de los maniquíes. Me pareció de lo más extraño y me preguntaba cómo es que alguien podía excitarse al frotar un montículo de fibra de vidrio recubierto con pintura color carne. Pero ahora lo entiendo todo.

Investigadores del Departamento de Comunicación de la Universidad de Stanford, liderados por el doctor Jamy Li, pusieron a un grupo de personas a tocar las partes “privadas” de un robot, para ver qué reacciones se gestaban (por lo pronto, en el ser humano). El resultado: manosear las partes “íntimas” de un robot tiene las mismas implicaciones que tocar esas partes en otra persona; al menos, al nivel de las reacciones cerebrales.

Para el experimento se utilizó a NAO (de la empresa Aldebaran Robotics), un robot de forma humanoide y con movimientos muy parecidos a los de nuestra especie, y que también puede hablar. El robot estaba programado para dar órdenes a los participantes a fin de que tocaran 13 partes de su cuerpo. Los participantes tenían puesto un dispositivo que medía la conductividad de la piel de su mano no dominante (la que no iban a utilizar durante el experimento) y que además registraba su tiempo de reacción para cumplir la orden.

Sucedió que cuando a las personas se les ordenaba que tocaran al robot en áreas donde usualmente no se tocaría a alguien, como los ojos o las nalgas, surgía una mayor excitación emocional que cuando se les instruía para tocar otras partes más convencionales, como las manos o el cuello. Además, hubo mayor resistencia a tocar las partes íntimas, lo cual se expresó con un tiempo de respuesta más lento para acatar la orden.

Lo que me parece interesante de este estudio es que, aun al saber racionalmente que se trataba de una máquina, el cerebro privilegiaba la forma humana del robot, lo cual hacía que los participantes aplicaran la misma escala de valor que usarían con uno de sus congéneres. Esto, claro, es mi sesuda lectura del experimento, aunque lamentablemente no me avala ningún título científico.

Puede parecer anecdótico, pero es interesante que lo simbólico tenga tanto peso en nuestra interacción, tanto humana como sexual. Es decir, en una situación como esa nadie iba a tocar ninguna entrepierna ni ningunas nalgas, mas el solo hecho de interpretarlo así produjo reacciones que al parecer están mucho más cerca del reflejo condicionado que de un análisis consciente de la situación. Habrá que pensar más a fondo qué nos dice este resultado acerca de nuestro ser sexual irracional.

 

* Periodista especializada en salud sexual.

@RocioSanchez

#NAO#robot#sensaciones#tacto#tocar
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