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Opinión
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VALERIA GALVÁN

Dieta de novia

POR Revista Cambio Fecha: Hace 3 semanas
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POR VALERIA GALVÁN

He sido testigo de uno de los fenómenos más frecuentes en el sexo femenino. La mutación de una “bridezilla”. Una criatura de aspecto normal que en cuanto su pareja le pone un anillo en el dedo esta comienza una extraña transformación que la lleva a perder la noción de la economía, el tiempo y los límites de la tolerancia.

Las mujeres que están próximas a casarse lo primero que piensan es “¿Cómo me voy a ver?”. Y cómo no, si se trata del evento en el que una mujer que no es una celebridad tendrá el mayor número de miradas encima de ella. Nunca más en su vida tendrá tanta atención al mismo tiempo.

¿Qué pasa entonces? ¡Quieren verse como nunca! O sea, más delgadas que nunca. Esto seguramente hará que te preguntes: ¿sigue siendo el peso una cuestión de imagen? La respuesta es: para una novia, sí.

A fin de explicártelo mejor, voy a contarte sobre mi amiga Mar. No es una historia excepcional, tampoco una rareza, es sólo un ejemplo como muchos que podría darte.

Mar es guapa, ¡bastante!, diría yo, pero tiende a bajar y subir de peso de manera brusca según la alimentación que lleve.

Cuando le propusieron matrimonio, hace algunos años, lo primero que hizo fue ponerse a dieta rigurosa libre de carbohidratos, proteínas, grasas, azúcar, pan, tortilla y todo lo que ella pensara que arriesgaba la esbelta figura que tenia programada para el gran día.

Definitivamente lo logró, se mató de hambre; perdió peso, tallas, energía, color en sus mejillas y muchos años después también al esposo, pero esa es otra historia.

En fin, Mar logró tener en menos de una año un hermoso cuerpo curvilíneo y sin un gramo de grasa. ¡Parecía una princesa! La boda fue hermosa, eso me contaron porque en aquel tiempo yo no era santo de su devoción. Después nos hicimos amigas, esa es otra historia también.

Lo decepcionante llegó con los años y la gran depresión (hablo de ánimo, no de economía). Sus bajas emocionales dentro de un matrimonio no tan feliz hicieron que desbordara sus penas con una dieta rica en carbohidratos, proteínas, azúcar, alcohol y una que otra “fritanga”

Los años pasaron y muchas cosas habían cambiado. Mar y yo nos convertimos en buenas amigas, y las tallas de más hicieron acto de presencia en su figura. La bella silueta que presumió el día de su boda, se había quedado atrapada en el hermoso vestido de novia que no pudimos cerrar cuando le pedí que se lo pusiera de nuevo para una sesión temática de fotos.

Por supuesto, ella estaba aferrada y negada a aceptar que se había comido sus emociones en forma de golosinas y fritangas.

Preocupada no sólo por su evidente pérdida de conciencia en cuanto a sus excesos con la comida y también por la sesión de fotos, pensé: “¿Dónde voy a encontrar un vestido de novia de la talla que ahora tiene?”. Afortunadamente, otra buena amiga calmó mis nervios prestándome un lindo vestido blanco que uso en su gran día. Esa amiga era de talla grande y no le importaba, tampoco a su esposo, por lo que amablemente nos sacó del problema y además me hizo reír tras demostrar que ella sí es definitivamente una excepción en la regla de la mutación “bridezilla”, pues su boda fue el inicio de una etapa feliz, aunque su vestido fuera justo para una figura de talla grande.

*Buscadora de historias urbanas de sus contemporáneos millennials. Ponte atento, tu historia puede ser la próxima.

@valeria_galvanl 

#opinión#Revista Cambio
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